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		<title><![CDATA[Foros Digisoul - Fanfiction]]></title>
		<link>https://digisoul.net/foro/</link>
		<description><![CDATA[Foros Digisoul - https://digisoul.net/foro]]></description>
		<pubDate>Mon, 06 Apr 2026 20:25:38 +0000</pubDate>
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		<item>
			<title><![CDATA[Micro relatos de monstruos digitales]]></title>
			<link>https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=190</link>
			<pubDate>Mon, 08 Nov 2021 15:18:34 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://digisoul.net/foro/member.php?action=profile&uid=525">nikomon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=190</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El gloton Dracomon.</span></span></div>
Un día, como cualquier otro Dracomon fue a trabajar a la granja de carne de Tanemon. Y como todos los días, el pobre dragón se llevaba unas bofetadas por comerse lo que se producía. – ¡Esto es para vender, no para comer! – Palabras que exclama Tanemon seguidamente, pues el goloso de Dracomon no podía aguantar esa apetitosa carne.<br />
Todo cambió, cuando Dracomon atendió un día a Examon de los caballeros reales, tan fuerte, heroico y noble. El solo ver esas características, cambió la vida de Dracomon, quién decidió comer aún más, pues conocer a Examon le hizo valorar más su amor por la comida y la vida tranquila. – Primero está salvar mi estómago. – Dijo el pequeño Dracomon a sí mismo.<br />
Colorín, colorado, aquí nada ha cambiado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="font-family: Arial;" class="mycode_font"><span style="font-size: medium;" class="mycode_size">El gloton Dracomon.</span></span></div>
Un día, como cualquier otro Dracomon fue a trabajar a la granja de carne de Tanemon. Y como todos los días, el pobre dragón se llevaba unas bofetadas por comerse lo que se producía. – ¡Esto es para vender, no para comer! – Palabras que exclama Tanemon seguidamente, pues el goloso de Dracomon no podía aguantar esa apetitosa carne.<br />
Todo cambió, cuando Dracomon atendió un día a Examon de los caballeros reales, tan fuerte, heroico y noble. El solo ver esas características, cambió la vida de Dracomon, quién decidió comer aún más, pues conocer a Examon le hizo valorar más su amor por la comida y la vida tranquila. – Primero está salvar mi estómago. – Dijo el pequeño Dracomon a sí mismo.<br />
Colorín, colorado, aquí nada ha cambiado.]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Digimon Super One Shots]]></title>
			<link>https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=166</link>
			<pubDate>Wed, 12 May 2021 13:59:21 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://digisoul.net/foro/member.php?action=profile&uid=525">nikomon</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=166</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center"><img src="https://i.imgur.com/Ovr70mo.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Ovr70mo.jpg]" class="mycode_img" onload="NcodeImageResizer.createOn(this);" /></div>
con un nombre sacado a la rápida, voy a empezar a publicar una serie de fanfics one shots de digimon al estilo de los reportes del digimon pendulum Z en el que en cada capitulo se mostrarán las aventuras y descubrimientos de un investigador del mundo digital, que aclaro, es un humano.<br />
Espero les guste mi propuesta.<br />
Capitulo 1: El rey del metal empire<br />
todo parece ir calmado en el metal empire, varios digimon están descansando luego de lo que pareció ser una jornada laboral ardua. Trato de ser cuidadoso y no molestar para no perder ningún tipo de detalle, parece todo tranquilo, la mecánica de trabajo parece ser de a turnos en grupo y el compañerismo se puede sentir en estos digimon, pero algo haría cambiar mi percepción.<br />
No sé como, pero el ambiente con la sola presencia de este individuo pasó a tener un aire tenso, se trataba nada más ni menos que de Metalgreymon, quién al parecer venía para coronarse rey del metal empire, a lo que Rapidmon, un digimon conocido por su lealtad al rey y a sus compañeros, intervino en los planes del dragón mecanizado.<br />
- Rapidmon: No dejaré que le faltes el respeto a mi señor, no sé quién te has creído.<br />
- Metalgreymon: No me hagas reír enano, da pena como eres tan devoto a alguien tan repugnante, si te hace sentir bien, es lo único en lo que te pareces a tu jefecito, por que fuera de eso eres una basura.<br />
- Rapidmon: prepárate para tragar tus palabras, maldito.<br />
A lo que Rapidmon expresó esas palabras, un enfrentamiento se llevó a cabo, algunos digimon como Junkmon o Jazamon escaparon, mientras otros como Metalmamemon y Megadramon ayudaban con el escape.<br />
La situación no daba para bien, el impacto de los golpes de ambos causaban temblores y destrozos en las instalaciones, el ruido era insoportable para cualquiera, motivo por el que el rey apareció.<br />
Todos los digimon al presenciarlo, corrieron como si sus vidas dependieran de ello y Rapidmon junto a Metalgreymon siguieron con su pelea mientras el rey se acercaba, no era nada más ni menos que Mugendramon.<br />
- Mugendramon: Insolentes, interrumpen mi descanso.<br />
- Rapidmon: perdóneme señor, si no fuese por este rebelde de Metalgreymon, nada de esto estaría pasando.<br />
- Metalgreymon: Tú lárgate, Mugendramon, ni siquiera eres el rey, esclavo impostor.<br />
- Mugendramon: (risas) con que te gusta hablar de más, está bien, por mi no hay problema, no hay nadie, pero eso si ¡Rapidmon tú también morirás!<br />
<br />
- Rapidmon: ¡pero señor! ¡yo he sido leal a usted!<br />
Al terminar de pronunciar esas palabras, los dos digimon que alteraron la paz de Mugendramon pasaron a ser unos huevos, los cuales el digimon quimera llevó consigo.<br />
Al volver a su posada, una especie de alarma empezó a sonar y todos los digimon volvieron a sus puestos de trabajo como si nada.<br />
Al parecer, hay algo extraño en la jerarquía del metal empire, habrá que investigar más al respecto.<br />
Debo confesar que tuve suerte que Mugendramon no se percatara de mi presencia, yo no soy un digimon, así que yo no habría corrido con la suerte de convertirme en huevo<br />
<img src="https://i.imgur.com/vfY94WZ.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: vfY94WZ.png]" class="mycode_img" onload="NcodeImageResizer.createOn(this);" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><img src="https://i.imgur.com/Ovr70mo.jpg" loading="lazy"  alt="[Imagen: Ovr70mo.jpg]" class="mycode_img" onload="NcodeImageResizer.createOn(this);" /></div>
con un nombre sacado a la rápida, voy a empezar a publicar una serie de fanfics one shots de digimon al estilo de los reportes del digimon pendulum Z en el que en cada capitulo se mostrarán las aventuras y descubrimientos de un investigador del mundo digital, que aclaro, es un humano.<br />
Espero les guste mi propuesta.<br />
Capitulo 1: El rey del metal empire<br />
todo parece ir calmado en el metal empire, varios digimon están descansando luego de lo que pareció ser una jornada laboral ardua. Trato de ser cuidadoso y no molestar para no perder ningún tipo de detalle, parece todo tranquilo, la mecánica de trabajo parece ser de a turnos en grupo y el compañerismo se puede sentir en estos digimon, pero algo haría cambiar mi percepción.<br />
No sé como, pero el ambiente con la sola presencia de este individuo pasó a tener un aire tenso, se trataba nada más ni menos que de Metalgreymon, quién al parecer venía para coronarse rey del metal empire, a lo que Rapidmon, un digimon conocido por su lealtad al rey y a sus compañeros, intervino en los planes del dragón mecanizado.<br />
- Rapidmon: No dejaré que le faltes el respeto a mi señor, no sé quién te has creído.<br />
- Metalgreymon: No me hagas reír enano, da pena como eres tan devoto a alguien tan repugnante, si te hace sentir bien, es lo único en lo que te pareces a tu jefecito, por que fuera de eso eres una basura.<br />
- Rapidmon: prepárate para tragar tus palabras, maldito.<br />
A lo que Rapidmon expresó esas palabras, un enfrentamiento se llevó a cabo, algunos digimon como Junkmon o Jazamon escaparon, mientras otros como Metalmamemon y Megadramon ayudaban con el escape.<br />
La situación no daba para bien, el impacto de los golpes de ambos causaban temblores y destrozos en las instalaciones, el ruido era insoportable para cualquiera, motivo por el que el rey apareció.<br />
Todos los digimon al presenciarlo, corrieron como si sus vidas dependieran de ello y Rapidmon junto a Metalgreymon siguieron con su pelea mientras el rey se acercaba, no era nada más ni menos que Mugendramon.<br />
- Mugendramon: Insolentes, interrumpen mi descanso.<br />
- Rapidmon: perdóneme señor, si no fuese por este rebelde de Metalgreymon, nada de esto estaría pasando.<br />
- Metalgreymon: Tú lárgate, Mugendramon, ni siquiera eres el rey, esclavo impostor.<br />
- Mugendramon: (risas) con que te gusta hablar de más, está bien, por mi no hay problema, no hay nadie, pero eso si ¡Rapidmon tú también morirás!<br />
<br />
- Rapidmon: ¡pero señor! ¡yo he sido leal a usted!<br />
Al terminar de pronunciar esas palabras, los dos digimon que alteraron la paz de Mugendramon pasaron a ser unos huevos, los cuales el digimon quimera llevó consigo.<br />
Al volver a su posada, una especie de alarma empezó a sonar y todos los digimon volvieron a sus puestos de trabajo como si nada.<br />
Al parecer, hay algo extraño en la jerarquía del metal empire, habrá que investigar más al respecto.<br />
Debo confesar que tuve suerte que Mugendramon no se percatara de mi presencia, yo no soy un digimon, así que yo no habría corrido con la suerte de convertirme en huevo<br />
<img src="https://i.imgur.com/vfY94WZ.png" loading="lazy"  alt="[Imagen: vfY94WZ.png]" class="mycode_img" onload="NcodeImageResizer.createOn(this);" />]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[30 Dias de terror con Roth]]></title>
			<link>https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=113</link>
			<pubDate>Fri, 02 Oct 2020 05:29:46 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://digisoul.net/foro/member.php?action=profile&uid=144">Rothbart</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=113</guid>
			<description><![CDATA[Abro este tema para poder publicar aqui un pequeño proyecto por Octubre, Es un pequeño proyecto en el que contare pequeñas historais de terror basadas en Digimon y en el Digimundo, todos los dias hasta Halloween publicare diario una historia<br />
<br />
01 De Octubre:<br />
Mi vida con Patamon<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span class="spoiler_content_title"> <img src="https://digisoul.net/foro/images/smilies/patamon1.gif" alt="Patamon1" title="Patamon1" class="smilie smilie_180" /> </span><br />
5 de agosto de 1999<br />
<br />
Mi nombre es Takeru Takaishi tengo 8 años y voy en segundo grado, en mi vida tengo todo lo que quiero, y gracias a Patamon<br />
Patamon es un ser que llego a mi vida de la manera mas curiosa, lo conoci en el digimundo en donde vivi grandes aventuras con el, pero tristemente tuve que separarme de el, pero mi reencuentro con el no tardo mucho en ocurrir<br />
Lo vi caminando por la calle, estaba cubierto de gelatina roja , dijo mi nombre y  que estaba muy emocionado por haberla comprado en el supermercado pero mientras se la comia, un humano vino se tropezo con el y por accidente patamon se mancho de gelatina roja, como se veia muy sucio y triste lo invite a mi casa para intentar quitarle las manchas  de gelatina roja en el pelo, <br />
por alguna extraña razon mientras mas frotaba menos se le quitaba las manchas de  gelatina, especialmente las que traia en la boca y en las patitas.<br />
Mama en cuanto vio lo que estaba haciendo con patamon, grito escandalizada, <br />
Mientras mama gritaba Patamon le sonreia raro a mi mama.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6 de Agosto de 1999</span><br />
Estoy llorando, Mama no me deja llevar al cine a Patamon,  Mama insiste en pasar un tiempo nosotros dos nada mas,  le rogue porque trajeramos a Patamon, Patamon le sonrio a mi mama, por alguna razon ella accedio a llevarlo conmigo en cuanto lo hizo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">7  de Agosto de 1999</span><br />
Mama y Yo estamos corriendo de nuestro departamento, no se porque pero dice que ya no le gusta vivir en nuestra casa ,  le ruego que llevemos a patamon, ella dice que lo mejor es que lo dejemos descansar.  <br />
Estaremos unos dias en casa de mi papa y Yamato<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">8 de agosto de 1999</span><br />
Patamon no vino, estoy llorando<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">9 de agosto de 1999</span> <br />
Sigue sin venir patamon....<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">10 de Agosto de 1999</span><br />
Sigue sin venir patamon<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16 de agosto de 1999</span><br />
Finalmente Patamon aparecio en mi ventana esta noche, por alguna razon otra vez estaba manchado de gelatina roja, pero en cuanto lo abraze Patamon se enojo y dijo que estaba cansado, que solo queria dormir y que mañana jugaria conmigo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">17 de agosto de 1999</span><br />
Hoy mientras me bañaba para ir a la escuela, comenze a notar que mis manos estaban manchadas de color naranja, como si hubiera comido papas fritas anoche<br />
¡Que malvado es patamon! de seguro se limpio con mis manos jajajaja<br />
Ese dia Mama estuvo encerrada todo el dia y toda la noche en el cuarto en el que dormimos ella y Yo.  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">18 de Agosto de 1999</span><br />
Yamato me dijo que Patamon intento hacerle daño<br />
Defendi a patamon por supuesto, como puede mentir de esa manera..<br />
Lo dice porque soy el unico que tiene a Patamon consigo mismo<br />
Yamato me grito y dijo que hablaria con Koushiro..<br />
Sigo llorando, Yamato esta celoso y quiere separarme de patamon.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">21 de Agosto </span><br />
Estoy cansado y no puedo dejar de sudar,  llevamos horas buscando a los alrededores a mi hermano Yamato,  Mama no ha salido de nuestro cuarto, hable con papa y me dijo que mejor durmiera en el cuarto de Yamato.<br />
Tengo tres dias que no veo a Yamato<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">28 de Agosto</span><br />
La casa comienza a oler muy extraño y mama sigue sin salir de su cuarto.. Ultimamente he notado a Patamon muy contento, aunque este muy triste porque mama no sale de su cuarto y no se mueva, no este mi hermano y mi papa trabaje todo el tiempo, nunca estare solo pues estoy con patamon<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">30 de Agosto</span><br />
Policias entraron a la casa diciendo que habia un olor muy raro en el apartamento, No alcanze a escuchar muy bien, pero dijeron chico de 11 años y mujer de 32    <br />
Me llevaorn a la estacion de policia y si me dejaron traerme a Patamon<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">15 de Septiembre</span><br />
Patamon me dijo que como mi familia no venia por mi, me ofrecio ir al Digimundo con Agumon y los demas. Acepte, pero en el momento en el que lo hice senti que todo se oscurecia..... y patamon cambiaba de un color naranja  a uno azul.......  Se que Patamon y Yo seremos muy felices en el Digimundo<br />
</div>
		</div>
<br />
02 De Octubre:<br />
Guilmon perdoname<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span class="spoiler_content_title"> <img src="https://digisoul.net/foro/images/smilies/guilmon.gif" alt="Guilmon" title="Guilmon" class="smilie smilie_169" /> </span><br />
Perdoname Guilmon.....perdoname de verdad<br />
Por la vez en la que Kenta y Hirokazu me estaban golpeando e implore tu nombre para que me vinieras a salvar.<br />
Perdoname Guilmon <br />
Por la vez en la que  queria gritar que no queria ser panadero y queria ser un Tamer<br />
Perdoname Guilmon<br />
Por la vez en la que le pedi a esa voz misteriosa hacerte real....<br />
ahora ensangrentado con la sangre de mis amigos y mi familia, me preguntas porque te hice hacer todo eso...<br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[Abro este tema para poder publicar aqui un pequeño proyecto por Octubre, Es un pequeño proyecto en el que contare pequeñas historais de terror basadas en Digimon y en el Digimundo, todos los dias hasta Halloween publicare diario una historia<br />
<br />
01 De Octubre:<br />
Mi vida con Patamon<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span class="spoiler_content_title"> <img src="https://digisoul.net/foro/images/smilies/patamon1.gif" alt="Patamon1" title="Patamon1" class="smilie smilie_180" /> </span><br />
5 de agosto de 1999<br />
<br />
Mi nombre es Takeru Takaishi tengo 8 años y voy en segundo grado, en mi vida tengo todo lo que quiero, y gracias a Patamon<br />
Patamon es un ser que llego a mi vida de la manera mas curiosa, lo conoci en el digimundo en donde vivi grandes aventuras con el, pero tristemente tuve que separarme de el, pero mi reencuentro con el no tardo mucho en ocurrir<br />
Lo vi caminando por la calle, estaba cubierto de gelatina roja , dijo mi nombre y  que estaba muy emocionado por haberla comprado en el supermercado pero mientras se la comia, un humano vino se tropezo con el y por accidente patamon se mancho de gelatina roja, como se veia muy sucio y triste lo invite a mi casa para intentar quitarle las manchas  de gelatina roja en el pelo, <br />
por alguna extraña razon mientras mas frotaba menos se le quitaba las manchas de  gelatina, especialmente las que traia en la boca y en las patitas.<br />
Mama en cuanto vio lo que estaba haciendo con patamon, grito escandalizada, <br />
Mientras mama gritaba Patamon le sonreia raro a mi mama.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">6 de Agosto de 1999</span><br />
Estoy llorando, Mama no me deja llevar al cine a Patamon,  Mama insiste en pasar un tiempo nosotros dos nada mas,  le rogue porque trajeramos a Patamon, Patamon le sonrio a mi mama, por alguna razon ella accedio a llevarlo conmigo en cuanto lo hizo.<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">7  de Agosto de 1999</span><br />
Mama y Yo estamos corriendo de nuestro departamento, no se porque pero dice que ya no le gusta vivir en nuestra casa ,  le ruego que llevemos a patamon, ella dice que lo mejor es que lo dejemos descansar.  <br />
Estaremos unos dias en casa de mi papa y Yamato<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">8 de agosto de 1999</span><br />
Patamon no vino, estoy llorando<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">9 de agosto de 1999</span> <br />
Sigue sin venir patamon....<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">10 de Agosto de 1999</span><br />
Sigue sin venir patamon<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">16 de agosto de 1999</span><br />
Finalmente Patamon aparecio en mi ventana esta noche, por alguna razon otra vez estaba manchado de gelatina roja, pero en cuanto lo abraze Patamon se enojo y dijo que estaba cansado, que solo queria dormir y que mañana jugaria conmigo.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">17 de agosto de 1999</span><br />
Hoy mientras me bañaba para ir a la escuela, comenze a notar que mis manos estaban manchadas de color naranja, como si hubiera comido papas fritas anoche<br />
¡Que malvado es patamon! de seguro se limpio con mis manos jajajaja<br />
Ese dia Mama estuvo encerrada todo el dia y toda la noche en el cuarto en el que dormimos ella y Yo.  <br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">18 de Agosto de 1999</span><br />
Yamato me dijo que Patamon intento hacerle daño<br />
Defendi a patamon por supuesto, como puede mentir de esa manera..<br />
Lo dice porque soy el unico que tiene a Patamon consigo mismo<br />
Yamato me grito y dijo que hablaria con Koushiro..<br />
Sigo llorando, Yamato esta celoso y quiere separarme de patamon.<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">21 de Agosto </span><br />
Estoy cansado y no puedo dejar de sudar,  llevamos horas buscando a los alrededores a mi hermano Yamato,  Mama no ha salido de nuestro cuarto, hable con papa y me dijo que mejor durmiera en el cuarto de Yamato.<br />
Tengo tres dias que no veo a Yamato<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">28 de Agosto</span><br />
La casa comienza a oler muy extraño y mama sigue sin salir de su cuarto.. Ultimamente he notado a Patamon muy contento, aunque este muy triste porque mama no sale de su cuarto y no se mueva, no este mi hermano y mi papa trabaje todo el tiempo, nunca estare solo pues estoy con patamon<br />
<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">30 de Agosto</span><br />
Policias entraron a la casa diciendo que habia un olor muy raro en el apartamento, No alcanze a escuchar muy bien, pero dijeron chico de 11 años y mujer de 32    <br />
Me llevaorn a la estacion de policia y si me dejaron traerme a Patamon<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">15 de Septiembre</span><br />
Patamon me dijo que como mi familia no venia por mi, me ofrecio ir al Digimundo con Agumon y los demas. Acepte, pero en el momento en el que lo hice senti que todo se oscurecia..... y patamon cambiaba de un color naranja  a uno azul.......  Se que Patamon y Yo seremos muy felices en el Digimundo<br />
</div>
		</div>
<br />
02 De Octubre:<br />
Guilmon perdoname<br />
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span class="spoiler_content_title"> <img src="https://digisoul.net/foro/images/smilies/guilmon.gif" alt="Guilmon" title="Guilmon" class="smilie smilie_169" /> </span><br />
Perdoname Guilmon.....perdoname de verdad<br />
Por la vez en la que Kenta y Hirokazu me estaban golpeando e implore tu nombre para que me vinieras a salvar.<br />
Perdoname Guilmon <br />
Por la vez en la que  queria gritar que no queria ser panadero y queria ser un Tamer<br />
Perdoname Guilmon<br />
Por la vez en la que le pedi a esa voz misteriosa hacerte real....<br />
ahora ensangrentado con la sangre de mis amigos y mi familia, me preguntas porque te hice hacer todo eso...<br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[(Prologo) Digimon Adventure Keizoku]]></title>
			<link>https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=101</link>
			<pubDate>Wed, 12 Aug 2020 04:36:16 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://digisoul.net/foro/member.php?action=profile&uid=144">Rothbart</a>]]></dc:creator>
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			<description><![CDATA[<div align="center"><span style="color: #e74c3c;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Digimon Adventure Keizoku</span></span></div>
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span class="spoiler_content_title">Prologo</span>[font]Nunca olvidare la primera vez que fui a ese campamento de verano, ese campamento me marco la vida de muchas maneras, pero la principal de todas, fue conocer a ese compañero que me ha [/font][font]estado conmigo[/font][font] toda la vida, ese compañero llamado Agumon , un digimon con el que he peleado muchas batallas, [/font][font]me ha acompañado[/font][font] en la[/font][font]s[/font][font] buenas y en la malas, me ha ayudado a ser mejor persona y forjar mi camino hasta llegar a donde estoy parado hoy.[/font]<br />
 <br />
[font]N[/font][font]o fue facil para nada, ya que el unir a los humanos y a los Digimon implica mucho esfuerzo y trabajo, ahora la mayoria de los humanos y los Digimon, trabajan juntos por el bien de los dos mundos sin embargo, todavia hay Digimon que se rehusan a cooperar con los humanos y humanos que nunca aceptaran a los Digimon. Si tan solo supieran lo especial que es esa relacion entre ambas especies [/font]<br />
 <br />
[font]Ciertamente ya no soy un joven, pero aun despues de veintiocho años, todavia siento que [/font][font]llegara el dia en el que la paz reinara por siempre en ambos mundos, y ademas todavia siento que puedo dar mucho mas por los dos mundos,[/font]<br />
 <br />
[font]porque para mi ese [/font][font]campamento del año 1999 [/font][font]no ha acabado, y aunque ya no me puedo considerar joven, ahora estoy en el mismo lugar al que llegue veintiocho años, listo para que mi unico comienze su propia aventura[/font]<br />
<br />
[font]-Papa, ya es hora<br />
<br />
El ver a mi hijo frente a mi, hizo que [/font][font]reviviera muchas cosas, todavia cierro los ojos y me imagino con mis amigos, en el mundo digital.[/font]<br />
<br />
[font]-El mundo digital es un lugar hermoso y tranquilo, pero nunca debes olvidar que tambien puedes ser peligroso si no sabes a donde vas<br />
<br />
- Taichi tiene razon, ¿O-oye entonces no me puedes traer algo de fruta?<br />
<br />
-No creo que regresemos pronto…<br />
<br />
-Ni modo, pero aun asi ir al mundo digital para ti debe ser bien divertido, ¿verdad?<br />
<br />
-S-si, d-debe ser bien divertido.<br />
<br />
Se que no le gustaba ir a un lugar en donde no conocia, pero se que mientras este con su Koromon estara bien.<br />
<br />
De pronto vi como los demas se despedian de sus hijos<br />
<br />
Uno de ellos, el mas pequeño de todos, era el hijo de Yamato y Sora, lagrimas salian de el, pues no queria separarse de sus papas, su hermana mayor lo consolaba un poco<br />
<br />
-Ya no llores, todo estara bien -dijo Yamato<br />
<br />
-Ustedes no se preocupen, Yo lo protegere sin importar que pase<br />
<br />
-Hehe, que hermana mayor tan responsable – comento Biyomon<br />
<br />
De pronto un niño comenzo a hacerle muchas preguntas a su papa, por la forma de comportarse no era dificil saber quien era<br />
<br />
-Y-y si contraigo una enfermedad incurable? Q-que pasara si tengo alguna enfermedad que haga que no pueda regresar?<br />
<br />
-Vas a estar bien, tranquilo -dijo Gomamon<br />
<br />
-Cuidate mucho- dijo Jou con una sonrisa<br />
<br />
Inmediatamente alcance a escuchar como Mimi se despedia tambien de su hijo<br />
<br />
-Y recuerda que en el mundo digital hay muchas cosas que puedes hacer, no te acerques mucho a los Numemon y no hagas nada para lastimarte, de cualquier manera, espero que te diviertes<br />
<br />
-No te preocupes mama, lo hare<br />
<br />
El hijo a pesar de que veia a su mama con una sonrisa, se que estaba fastidiado por la cara que puso en cuanto se volteo.<br />
<br />
Momentos despues, escuche como la larga lista de cosas que ocupaba Koushiro llegaba a su fin y entonces El le dijo a su hija:<br />
<br />
-Recuerda, aprender y explorar, y no se te olviden las muestras<br />
<br />
-Claro que no papa, no te preocupes<br />
<br />
Al estar alado de Koushiro, fue inevitable prestar atencion ahora a mi hermana Hikari<br />
<br />
- El mundo digital es un lugar maravillos, se que lo disfrutaras, de cualquier manera, asi que mucha suerte<br />
<br />
-Gracias mama.<br />
<br />
Miyako y Ken tambien como los demas estaban despidiendose de sus hijos<br />
<br />
-De cualquier manera, lo importante es no entrar en panico y mantener la calma siempre, no se preocupen<br />
<br />
-Pero mama, tu siempre eres la que entra en panico<br />
Todos incluyendo Ken rieron, una prueba de que eran una familia unida<br />
<br />
De pronto, un hombre alto aparecio junto a su hijo, el era Daisuke<br />
<br />
-Perdon por llegar tarde -dijo Daisuke<br />
<br />
-Daisuke, que bueno que llegas - dijo Sora al ver a Daisuke<br />
<br />
-Ya esta bien grande tu hijo -comento Iori<br />
<br />
-Si, asi es crecera igual de fuerte y grande como su padre<br />
<br />
-Me preocupa que crezca igual que Daisuke<br />
<br />
-¡¿Q-que quieres decir con eso?!<br />
<br />
Todos nos reimos ante la broma entre Iori y Daisuke, ahora que estabamos todos juntos, solo nos quedaba una cosa, despedirnos y esperar a que los niños continuen su propio camino.<br />
<br />
-Ya solo falta 1 minuto – comento Koushiro. Quien veia su reloj.<br />
<br />
-Entonces ya es hora comento Takeru.<br />
<br />
-No lo olvides hijo, los Digimon pueden ser tus amigos si los tratas con respeto – dijo Takeru con ternura<br />
<br />
De pronto Daisuke por ultimo le dio este mensaje a su hijo:<br />
<br />
-Sin importar lo que pase en el mundo digital nunca te rindas, eso es tener agallas, eso es ser un hombre de verdad<br />
<br />
-Si asi es, de eso se trata de tener un espiritu fuerte -dijo Vmon<br />
<br />
-No te preocupes papa, lo entiendo<br />
<br />
-Ya es hora, -dijo Koushiro<br />
<br />
-Estan listos chicos?-dijo el hijo de Daisuke<br />
<br />
-SII -gritaron los demas niños<br />
<br />
Los niños y sus Digimon entonces comenzaron a correr hacia El mundo digital, la verdad queria llorar al ver ese momento maravilloso<br />
<br />
Se que ellos haran que un nuevo capitulo del mundo digital se abra….<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
……………………………………………………………………..<br />
………………………………………………………………………<br />
……………………………………………………………………..[/font]<br />
<br />
[font]N[/font][font]o te asustes [/font][font]todo esta bien[/font][font],[/font][font] no soy alguien malo[/font] [font]m[/font][font]i nombre es Clockmon, Yo soy el Digimon que se asegura que el tiempo fluya adecuadamente, [/font][font]ademas soy [/font][font] un ser neutral [/font][font]con un poder muy especial, tan [/font] [font]especial, que estoy obligado a mantener una posicion neutra ante los Digimon, ya que si por un momento me alio con alguien, o por lo menos comienzo a estar de acuerdo con algunas ideas que tienen, corro el riesgo de que el balance del mundo digital se vaya por lo suelos[/font]<br />
 <br />
[font]Por lo tanto, mi unico papel, es observar el Digimundo y nada mas[/font]<br />
<br />
[font]Asi que como puedes ver, [/font][font]he estado demasiado[/font][font] tiempo [/font][font]aqui[/font][font] y me aburro mucho, de hecho he estado esperando 100 años para ver si algo o alguien aparece<br />
<br />
Asi que como tu has llegado hasta aquí, quiero que continues leeyendo la historia que has estado leeyendo [/font][font]y que puedes ver en este escritorio [/font][font] y que me narres todos los eventos [/font][font]tal cual aparecen[/font]<br />
 <br />
[font]En este mundo hay muchas posibilidades, mundos en los que eventos ocurrieron y mundos en los que no paso nada[/font]<br />
 <br />
[font]E[/font][font]stos libros, que puedes ver a tus alrededores detallan los mundos, sin embargo no son los mundos en si, sino sus historias [/font]<br />
 <br />
[font]Pero ahorita no vamos a hablar de eso, Yo lo que quiero que veas, es la historia que esta en el escritorio que esta aqui[/font]<br />
 <br />
[font]E[/font][font]sta historia tiene la peculiaridad, que no tiene un final definido, tu mismo, el lector, me contaras cual es ese final sin importar su calidad ya que la historia se va a ir formando de acuerdo a la forma como tomes decisiones, porque durante la historia habra situaciones en las que a ti te tocara ser el destino, tu sera[/font][font]s[/font][font] quien decida el azar, tu [/font][font]seras quien decida si ganara el bien o el mal hasta podras decidir los sentimientos de los que protagonizan esta historia[/font]<br />
<br />
[font]Espero que con esto entiendas el papel que vas a tener dentro de la historia, pero tranquilo, aunque no puedo ayudarte, puedo darte esto, es un pequeño reloj, que te permitira regresar al principio de la historia si algo sale mal, asi que recuerda, con trabajo duro, llegaras a ese final feliz que espero que me cuentes<br />
<br />
No tengo mas que decir, ahora, toma [/font][font]el libro que esta en el escritorio y con el que me seguiras narrando la historia[/font][font], asi que adelante, soy todo [/font][font]oídos[/font][font], y no lo olvides….cada decision tiene un impacto sobre la historia.<br />
<br />
¿Dices que apenas puedes verme? [/font][font]¿[/font][font]Sientes que tus ojos se [/font][font]están[/font][font] encandilando poco a poco?<br />
<br />
Es normal que sientas que la [/font][font]habitación[/font][font] se este iluminando pues la historia esta apunto de comenzar<br />
<br />
Mucha suerte…[/font]<br />
<br />
<br />
[font]Después[/font][font] de que nuestros padres nos dejaran libre para ir al mundo digital todos nosotros sentimos mucha emocion, pues era la primera vez que iriamos al lugar de donde salieron los Digimon.<br />
<br />
S[/font][font]i tuviera que describir el mundo digital, seria como un hermoso campo lleno de pastos verdes y cielos azules, ciertamente el aire se siente mas limpio que la ciudad en donde yo vivo, El estar en el mismo lugar en el que mi papa estuvo, hacia que me emocionara, pues en sus historias, el siempre me conto de lo maravilloso que es el mundo digital[/font]<br />
 <br />
 <br />
<br />
[font]<span style="color: #ff6600;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me llamo Tatsuya Yagami, tengo 8 años y voy a la primaria de Odaiba, Me gusta mucho los deportes, pero lo que mas me gusta es crear mapas, asi que este lugar sera excelente para hacer el mapa del mundo digital , estoy seguro que podre explorar todo el mundo digital</span></span><br />
<br />
-Tatsuyaaaaa, ven, que te puedes perder<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff6600;" class="mycode_color">-esa debio ser la voz de Koromon</span></span><br />
<br />
-Perdon, es que estaba viendo lo bonito del Digimundo<br />
<br />
-Es bonito pero no debes perderte, ven vamos, que si te pierdes y te pasa algo, Agumon no me hablara y no jugara conmigo…<br />
<br />
-y Aun asi juega contigo, no me perdere, tranquilo hehe<br />
<br />
Cuando conoci a Koromon, fue el momento mas magico de mi existencia, pues tengo a un compañero de aventuras con el que comparto todo, dormimos en la misma cama, comemos lo mismo y hasta nos reimos de lo mismo, se puede decir que es como el hermano menor que no tengo, pues soy hijo unico,[/font]<br />
 <br />
[font]K[/font][font]oromon es muy diferente a Agumon, ademas de las cosas obvias como la forma que tienen y el nombre, Mi Koromon es muy gloton, ademas es a veces un poco torpe y mentiroso, y muchas veces me toca arreglar lo que el destroza pero nadie es perfecto, y aun asi poco a poco se ha convertido en mi mejor amigo[/font]<br />
 <br />
[font]-[/font][font]Tatsuya, apurate, que ya los demas deben estarse preguntando porque tardamos tanto[/font]<br />
 <br />
<br />
[font]Koromon y Yo c[/font][font]omenzamos a correr [/font][font]hasta encontrarnos con los demas, inmediatamente estos me preguntaron en donde me habia metido Les dije que el mundo digital era bonito y que me detuve para contemplarlo<br />
<br />
Una niña de cabello rubio y ojos azules, se dirigio a mi y me dijo:<br />
<br />
-Tatsuya, eres muy distraido, no te separes de nosotros, apenas puedo cuidar a Yasu<br />
<br />
-Onee-chan, quiero irme a casa -decia el pequeño niño que estaba pegado a la chica<br />
<br />
<br />
Ellos son Yasu Ishida y Kohane Ishida, ambos hermanos, Kohane va en el mismo año que<br />
<br />
yo y tambien vamos en el mismo salon, ademas, como nuestros papas son amigos, jugamos mucho en algunas reuniones, asi que se puede decir que nosotros 2 somos amigos muy cercanos.<br />
<br />
Kohane es una chica es la representante de nuestra clase, ya que como decirlo, es como si fuera una mama, pero de las mandonas<br />
<br />
-No se porque, pero siento que debo golpearte<br />
<br />
-¿Porque?<br />
<br />
-Acabas de pensar mal de mi, lo se<br />
<br />
-Claro que no, yo jamas lo haria<br />
<br />
-Lo se porque sonries como idiota cada vez que piensas algo malo<br />
<br />
Un escalofrio recorrio mi espalda, Papa dice que las mujeres que pueden interpretar lo que piensas son mujeres de las que hay que cuidarse<br />
<br />
-Onee-chan, n-no te enojes, te ves mas bonita sonriendo<br />
<br />
-Dile al idiota, que no me haga enojar…<br />
<br />
-Como era de esperarse del dulce Yasu, no es como su hermana mandona<br />
<br />
Kohane me miro con cara de odio y comenzo a caminar con Yasu en la mano<br />
<br />
Yasuhiro es un niño muy timido, pocas veces quiere jugar, supongo que solo se abre con su hermana, asi que trato de no hacerlo sentir incomodo, se que sera mucho trabajo, pero se que seremos buenos amigos.<br />
<br />
-Vamos Kohane, no seas asi con Tatsuya, el solo esta jugando contigo, porque son muy buenos amigos<br />
<br />
-Lo se Pyocomon, pero a veces pierdo la paciencia<br />
<br />
De pronto una bola peluda cayo en la cabeza del pequeño Yasu y de pronto se puso en ambas manos de Yasu<br />
<br />
-Yasuuuuuu, vamos animate, El digimundo es muy bonito<br />
<br />
-P-pero extraño a mi Otou-san y a mi Okaa-san<br />
<br />
-Pero vas a estar bien, despues de todo estoy aquí, y cuando Tsu te dice que todo va a estar bien, todo va a estar bien, ahora sonriamos que el mundo digital nos espera<br />
<br />
El pequeño yasu con una lagrima que apenas salia en el ojo y con una sonrisa asintio a lo que dijo su Tsunomon<br />
<br />
Kohane sonrio aliviada al ver que por fin Yasu habia dejado de llorar y siguio caminando con Yasu<br />
<br />
De pronto Yasu pidio que Kohane se detuviera<br />
<br />
-Onee-chan espera, no le hemos dado esto a Tatsuya<br />
<br />
Entonces Yasu sonriendo volteo a verme<br />
<br />
<br />
<br />
Yasu se desprendio de su hermana y me dio un pequeño frasco<br />
<br />
-Chika dijo que todos la ayudarian a traer las muestras<br />
<br />
-y no solo eso, que tambien me hagan un reporte de lo que encontraron -grito Chika quien alcanzo a escuchar a Yasuhiro<br />
<br />
Chika Izumi, hija del mas prestigiado investigador del Digimundo, y la verdadera razon por la que estamos aquí, nuestro padres no querian dejarnos ir al Digimundo, pero gracias a Chika y a las palabras de nosotros, logramos que nos mandaran a esta investigacion.<br />
<br />
Chika es una niña que le gusta mucho investigar, de hecho es como si fuera una enciclopedia con pies, entre nosotros bromeamos con que el analizador de Digimon de su papa es su verdadera madre.<br />
<br />
-Asi es sensei documentaremos todo el Digimundo y aprenderemos cosas nuevas, ¿No es genial profesora?<br />
-Y no solo eso Motimon, podremos hacer muchos muchos experimentos, no puedo esperar para meter la primera muestra en el tubo de ensayo.<br />
<br />
Supongo que todos tienen diferentes pasatiempos, el de Chika es investigar y experimentar...solo espero que nadie de aquí terminemos con sus experimentos<br />
<br />
De pronto senti que algo me obstruyo la vista, era el Motimon de Chika quien me sonrio y dijo- Si no traemos las muestras a tiempo, ustedes seran el experimento<br />
<br />
Un escalofrio recorrio mi espalda y solo pude asentir<br />
<br />
-Motimon, no asustes a Tatsuya, menos querra ayudarnos<br />
<br />
-Lo siento Sensei, solo estaba jugando<br />
<br />
-De cualquier manera, tenemos solo 8 horas para recolectar todas las muestras, asi que es importante que nos demos prisa<br />
<br />
- Ni que estuvieramos en la escuela, como para hacer tarea. -grito un niño que no parecia tampoco estar tan contento de estar aquí<br />
<br />
Su nombre es Riki Tachikawa, hijo de la famosisima chef Mimi Tachikawa, toda su vida ha estado lleno de lujos y comodidades, asi que cuando le dijeron que tenia que cambiar los videojuegos por el mundo digital pego el grito en el cielo. Quisiera decir mas de el, pero no convivo mucho con el.<br />
<br />
-Rikiii, vamos alegrate un poco, ¿No decias que querias conocer el Digimundo?<br />
<br />
Tanemon era el compañero Digimon de Riki, Una de las cosas que me agrada de Tanemon es que logra sacar el lado mas dulce de Riki, como si fuera algo que lo suaviza<br />
<br />
<br />
-Si, pero no queria que fuera hoy<br />
<br />
-Ah, hoy es la final del torneo ¿verdad?<br />
-Quiero ir casa..<br />
<br />
-Entonces hay que apurarnos con las muestras, para llegar temprano, dijo con emocion<br />
Riki solo asintio<br />
<br />
<br />
De pronto senti algo asi como una aleta agarrandome la mano, rapidamente voltee, y entonces me di cuenta que era Pukamon, el compañero de Enkai<br />
<br />
-Que sucede Pukamon, ¿no me digas que…...?<br />
<br />
<br />
-Si, Koromon esta con el<br />
<br />
<br />
-Ahora entiendo porque no estaba conmigo hace poco<br />
<br />
Fui corriendo rapidamente y la situacion que vi, era de esperarse,<br />
<br />
Enkai estaba tirado en el suelo, y Koromon le estaba chupando la cara<br />
<br />
-Koromon ¿que crees que haces?<br />
<br />
-De acuerdo a Chika, la saliva de los Digimon tiene propiedades para quitar el dolor y Enkai dijo que le dolia mucho la cabeza y quize ayudarlo<br />
<br />
-Koromon, disculpate con Enkai<br />
<br />
-Pero si yo solo lo ayude<br />
<br />
-Chuparle la cara no es ayudarlo, y con eso de que le tiene miedo a cualquier microbio, solo empeoras las cosas<br />
<br />
-P-pues el Doctor Koromon no tiene nada que arrepentirse<br />
<br />
-Hacer un quiz en internet no te da el titulo de doctor<br />
<br />
-P-pero si tenia hasta gatitos y perritos<br />
<br />
Ignore a Koromon y me fui con Enkai que parecia que le acababa de golpear algo muy fuerte<br />
<br />
-Tatsuya, eres tu?<br />
<br />
-Te encuentras bien?<br />
<br />
-N-no algo muy fuerte me cayo en la cabeza y ya no supe que paso<br />
<br />
Entonces entendi la situacion<br />
<br />
y en cuanto voltee, Koromon estaba intentando huir<br />
<br />
-¡Disculpate con Enkai y Pukamon!<br />
<br />
-N-no fue mi culpaaaaaa estaba intentando agarrar una manzana en el arbol, me cai y por accidente lo knockee!<br />
<br />
-Ven aca! Disculpate!<br />
<br />
-No me atraparas con vi…..<br />
<br />
De pronto Koromon sintio que algo con fuerza lo levanto, Koromon molesto iba a morder a quien lo estaba levantando, pero en cuanto vio quien lo levantaba, se puso nervioso y dijo<br />
<br />
-H-hola c-como estas<br />
<br />
-Koromon, ¿No escuchaste a Tatsuya? Disculpate con Enkai<br />
<br />
-Ten a este malcriado,<br />
<br />
A continuacion, me dio a Koromon quien parecia muy asustado entonces este inmediatamente se puso frente a Enkai y se disculpo<br />
<br />
-Perdon por caerte encima de la cabeza y tratar de curarte con mi saliva<br />
<br />
-Koromon- grite<br />
<br />
-Perdon por todos los problemas que te cause….<br />
<br />
-No hay problema -dijo Enkai quien parecia haberse recuperado<br />
<br />
-Ya ves que no era tan dificil -dijo Pukamon<br />
<br />
-V-vi mi vida pasar rapidamente -dijo Koromon<br />
<br />
-Gracias Daichi-oniichan -dije con alegria<br />
<br />
El es Daichi, desde que recuerdo, el siempre ha jugado conmigo, hasta cuando esta muy apurado, Si Koromon seria mi hermano mas pequeño, Daichi seria como mi hermano mas grande<br />
<br />
Daichi cuando esta a cargo de cuidarnos, se porta muy serio y muy responsable, de hecho a muchos les sorprende que sea hijo de su papa, pues muchos dicen que no es completamente responsable<br />
<br />
Supongo que alguien de los dos, tenia que ser responsable<br />
<br />
-Y los demas? -pregunte a Daichi<br />
<br />
-Estan adelante, Akio comenzo a sentirse un poco malcriad<br />
<br />
-Akio… ¿Donde esta?<br />
<br />
-Señalo al arbol que estaba a unos metros y camine hacia donde estaba<br />
<br />
-Akio, Akio te encuentras bien?<br />
<br />
-Si, e-es solo que tenia tiempo de no salir afuera, pero no te preocupes Tatsuya, voy a estar bien, solo necesito estar sentado un momentos<br />
<br />
Akio es mi primo, el hijo de Hikari-obasan, Desde que recuerdo, siempre ha sido muy enfermizo, asi que pocas veces sale a la calle o afuera,<br />
<br />
Akio, el es tambien como mi hermano mayor, aunque no juegue conmigo, me lee muchas veces historias y cuentos…...y siempre me regala cosas a escondidas.<br />
<br />
-Deja de poner esa cara Tatsuya-dijo con una voz suave Akio<br />
<br />
-Pero Akio..<br />
<br />
-Recuerda que venimos a conocer el Digimundo, y nuestros padres lo que quieren es que tengamos momentos de diversion<br />
<br />
Akio siempre es asi, odio que trate de ocultar como se siente, a pesar de que se que lo hace porque me quiere, odio que se guarde siempre todo lo que sufre, supongo que solo se abre con Takumi y Nyaromon…<br />
<br />
-De pronto senti algo que parecia restregarse con la palma de mi mano, en cuanto lo que era, supe que era Plotmon<br />
<br />
-Akio, va a estar bien, Takumi, Mikan y Saori fueron a buscar algo de agua<br />
<br />
-Pero…<br />
<br />
-No te preocupes, te prometo que todo saldra bien-dijo Plotmon<br />
<br />
De pronto, vi a alguien detras de Akio, parecia muy entretenido con Minomon<br />
<br />
Este se acerco a el y dijo<br />
<br />
-Que emocion, has encontrado el extracto de esta planta<br />
<br />
-Crece cerca de lugares humedos, asi que por eso al verla supe que habia agua<br />
<br />
Por lo que veo, fue Osamu quien mando a su hermana y a los demas por agua<br />
<br />
El es Osamu Ichijouji, asi como Chika es muy inteligente, es serio cuando se trata de hacer cosas responsables, pero cuando juega con nosotros, es como un niño mas<br />
¿Mencione que a pesar de que tiene solo 8 años, va en 4to de primaria?<br />
<br />
-Felicidades Osamu, estoy seguro que Chika estara muy feliz<br />
<br />
-Lo se, que bueno que encontramos la primera muestra llegando aquí<br />
<br />
De pronto Chika vio a lo lejos y sacudio su mano saludando a los que venian con algunas botellas de agua<br />
<br />
-Mikan, Takumi, Saori, por aquiiiii,<br />
<br />
Los 3 inmediatamente se acercaron y fueron con Akio para darle el agua<br />
<br />
-Muchas gracias Mikan, de verdad me da mucha vergüenza el pedirles esto<br />
<br />
-No te preocupes Akio, somos amigos, ¿Para eso estamos no?<br />
<br />
Ella es Mikan Ichijouji, tiene la misma edad que Daichi y van en diferentes escuelas,<br />
<br />
Tengo entendido que Mikan y Osamu empezando la secundaria iran a una escuela prestigiosa<br />
<br />
Supongo que deben de tener buenas calificaciones.<br />
<br />
-hehehehehehhehehehehehehe muy buenos amigos<br />
<br />
-CALLATE Poromon.<br />
<br />
-Yo no dije nada~<br />
<br />
Este Digimon que parece que disfruta el sufrimiento de su compañera es Poromon, a pesar de lo que acaban de ver, en realidad son muy cercanos<br />
<br />
-C-creo que tenemos que seguir recolectando las muestras, el papa de Chika l-las necesita<br />
<br />
-Akio, deja de hacerte el fuerte, o me enojare contigo<br />
<br />
-Takumi, de verdad estoy bien, no me desmayare como la otra vez<br />
<br />
-…… si insistes, tendre que hacerte caso<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
El es Takumi, primo de Kohane y es el mejor amigo de Akio, asi como Yo y Kohane, tambien crecieron juntos<br />
<br />
<br />
-A-ademas todavia hay tiempo suficiente para explorar todo, no tenemos prisa<br />
<br />
-Es verdad lo que dice Tokomon, tomate esto con calma Akio<br />
<br />
-Pero estas muestras son muy importantes-dijo Akio<br />
<br />
-Las muestras no son tan urgentes ademas, todos sabemos que fue la excusa para traernos aqui -dijo Daichi sinceramente<br />
<br />
A Chika no le parecio para nada bien el comentario, pero suspiro, porque ella sabia todo el tiempo que la mayoria principalemente venian a conocer el digimundo<br />
<br />
<br />
-De cualquier manera es hora de almorzar -de pronto una chica se acerco a Akio ofreciendole un onigiri<br />
<br />
Chika al ver esto dijo<br />
<br />
-pero el almuerzo no esta programado hasta…..<br />
<br />
-Vamos a comer un poco antes, Chika-chan, despues de todo necesitamos que Akio se recupere<br />
<br />
-pero es importante que….<br />
<br />
-Es importante que todos estemos en las mas optimas condiciones para hacer lo que nos encargo tu papa no lo crees? -dijo Aya calmadamente<br />
<br />
-Aparte tu tampoco has comido, ya que escuche que tu papa dijo, que te levantaste a las 3 de la mañana para preparar todo-dijo Aya<br />
<br />
-Es verdad sensei, no ha comido nada en todo el dia, ademas a su padre le preocupa que usted haga eso por sus maravillosas investigaciones -dijo Motimon<br />
<br />
<br />
Takumi al ver el Onigiri vi como cambio su expresion de preocupacion a enojo<br />
<br />
-No desayunaste nada verdad Akio?<br />
<br />
-N-no dijo timidamente Akio<br />
<br />
-Entonces creo que es hora de almorzar -dijo con dulzura Aya<br />
<br />
Ella es Aya Hida, amiga cercana de Mikan y es muy buena manejando a las personas, especialmente a aquellos que son muy especiales con sus cosas como Chika<br />
<br />
La verdad es un talento que yo quisiera tener, se ve que es alguien a quien se le puede encargar una gran responsabilidad<br />
<br />
De pronto, un grito se escucho diciendo -Mi almuerzo!-era Riki quien parecia indignado con lo que estaba pasano<br />
<br />
-Q-quien de ustedes se comio mi almuerzo?!-grito Riki<br />
-Tanemon, fuiste tu?!<br />
<br />
-¿Q-que? Sabes que siempre respeto sus cosas Riki, seria incapaz de agarrar algo tuyo sin pedirtelo<br />
<br />
-Nadie se comio tu almuerzo, no tiene logica porq. - Chika entonces reviso y noto su recipiente vacio<br />
<br />
En cuanto vieron el recipiente vacio de Chika, todos revisaron sus almuerzos, y para desgracia de todos, todos estaban vacios…<br />
<br />
Durante un tiempo, comenzo la discusion acerca de quien se habia comido todos los almuerzos<br />
<br />
-Akio no ha comido nada, asi que el no fue -dijo Takumi con resolucion<br />
<br />
-Y-yo estoy a dieta, asi que no pude haber sido Yo- dijo Mikan<br />
<br />
Y-yo estuve knockeado -dijo Enkai<br />
<br />
Todos me vieron y nadie me vio comer -dije defendiendome<br />
<br />
-Onee-chan y Yo no tenemos estomago para tanto almuerzo -dijo el pequeño Yasu<br />
<br />
-Yo ni siquiera probe el mio asi que a mi no me miren-dijo molesto Riki<br />
<br />
-Ni siquiera sabia que todos habian traido almuerzo-dijo Daichi a quien le gruño el estomago<br />
<br />
Osamu entonces dijo – SI no fue ninguno de nosotros 12, entonces solo puede se alguien de los Digimon…..<br />
<br />
-Ninguno de nosotros fue -dijo Tanemon<br />
<br />
-Es verdad todo el tiempo estuvieron cerca de nosotros -dijo Kohane<br />
<br />
-Ademas, nosotros podemos conseguir nuestro propio alimento en el Digimundo, asi que no tenemos necesidad de robar almuerzos -dijo en defensa Motimon<br />
<br />
-Que horror, como se atreven a meterse con el almuerzo de los demas! Es imperdonable, estoy seguro que cuando encuentre al bribon que hizo eso, se las vera conmigo -dijo Koromon<br />
<br />
De pronto, todos vieron un pequeño pedazo de arroz que estaba en la cara de Koromon<br />
<br />
-YO NO FUI se los juro, yo solo he comido los onigiris que Aya me dio..<br />
<br />
Aya entonces vio a Koromon de manera sombria, pero despues rio un poco y dijo- Yo no te he dado ningun onigiri, papa me advirtio sobre Akio, asi que prepare un poquito mas para el, en caso de que se sintiera mal<br />
<br />
En ese momento senti que el color se me habia ido, una vez mas Koromon cometio una de las suyas<br />
<br />
No habia como defenderlo, el mismo habia cavado su propia tumba<br />
<br />
Por lo tanto, todos decidieron castigar a Koromon atando sus orejas a una rama de arbol, Koromon al recibir ese castigo juro nunca meterse con el almuerzo de los demas.<br />
<br />
-Entonces…...ya no tenemos comida ¿que es lo que haremos?-dijo Riki decepcionado<br />
<br />
-No se preocupen-upa, Aya y Yo, contemplamos esta emergencia-dijo el Upamon de Aya<br />
<br />
-Q-que poca fe me tienen -grito Koromon indignado<br />
<br />
Molesto con el comentario y la vergüenza que me hizo pasar Koromon entonces dije enojado<br />
<br />
-No tienes derecho a decir nada Koromon, tu te ganaste esto<br />
<br />
-No se preocupen, sabiamos tambien que a lo mejor nos tomaba mas tiempo recolectar las muestras, asi que Yo y Upamon preparamos un poco mas de comida para todos<br />
<br />
-pero Aya, la mochila que tienes es muy pequeña ¿a poco cupieron todos los almuerzos en esa bolsa?-pregunto inocentemente Enkai<br />
<br />
-Claro que no, jamas cabrian aquí -dijo con una sonrisa Aya<br />
<br />
Aya entonces saco de su bolsillo un aparato muy importante para todos nosotros, un aparato que todos nosotros teniamos El Digivice, Entonces levanto el Digivice con una mano y al apuntarlo hacia una piedra, una luz emergio de el, en el salio una mesa, en esa mesa habia almuerzos para todos<br />
<br />
-A veces se me olvida como amo este dispositivo -dijo Daichi<br />
Este Digivice, el papa de Chika lo llamo D-AM Es un Digivice que ademas de las funciones que ya todos conocen de los Digivice, tiene la funcion de analizar objetos, los guarda en su memoria y los materializa su nombre significa &lt;Digital Analyzer and Materializer&gt; Analizador y Materializador Digital.<br />
Nadie tiene idea quien los diseña, lo unico que sabemos es que son muy utiles para nosotros<br />
<br />
El almuerzo era delicioso, eran rollos de huevo, con salchichas en forma de pulpo, ademas venua acompañado de vegetales y una buena dosis de arroz, se notaba que Saya pensaba en todo<br />
<br />
Despues de almorzar, hice que Koromon se disculpara con todos, pues no esta bien agarrar cosas que no son tuyas<br />
<br />
El Almuerzo le sirvio a Akio que parecia haberse recuperado, y con esto comenzamos ahora si a ir a lo que venimos al mundo digital, a ayudarle a Chika a recolectar muestras<br />
<br />
Despues de ser perdonado, Koromon actuo como si nada hubiera pasado, asi que yo tambien deje eso atrás y comenzamos a ver el mapa que habia trazado<br />
-Parece que tendremos que dar varios recorridos, especialmente por el lago de plata, y recolectar unas cuantas cosas en el pueblo del inicio-les mencione<br />
<br />
¿Tendremos tiempo para recolectar todo?<br />
<br />
No lo se, pero si llegamos con prisa y seguimos esta ruta, podremos llegar mas cercanos<br />
<br />
y los Digimon, que pasa si nos atacan?<br />
<br />
-Muchos son conocidos de nuestros padre no creo que pase mucho<br />
<br />
Despues de comentar eso, nos aventuramos a seguir nuestro camino, pues nos esperaba un dia largo en el Digimundo, sin embargo desde que llegue la emocion de conocer por fin este mundo no se iba, por fin viviria lo mismo que vivio mi papa en este mundo, No creo que nunca me arrepienta de haber visitado este mundo. [/font]<br />
<br />
</div>
		</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center"><span style="color: #e74c3c;" class="mycode_color"><span style="font-size: large;" class="mycode_size">Digimon Adventure Keizoku</span></span></div>
<div class="spoiler">
			<div class="spoiler_title"><span class="spoiler_button" onclick="javascript: if(parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display == 'block'){ parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'none'; this.innerHTML='Mostrar Contenido'; } else { parentNode.parentNode.getElementsByTagName('div')[1].style.display = 'block'; this.innerHTML='Ocultar Contenido'; }">Mostrar Contenido</span></div>
			<div class="spoiler_content" style="display: none;"><span class="spoiler_content_title">Prologo</span>[font]Nunca olvidare la primera vez que fui a ese campamento de verano, ese campamento me marco la vida de muchas maneras, pero la principal de todas, fue conocer a ese compañero que me ha [/font][font]estado conmigo[/font][font] toda la vida, ese compañero llamado Agumon , un digimon con el que he peleado muchas batallas, [/font][font]me ha acompañado[/font][font] en la[/font][font]s[/font][font] buenas y en la malas, me ha ayudado a ser mejor persona y forjar mi camino hasta llegar a donde estoy parado hoy.[/font]<br />
 <br />
[font]N[/font][font]o fue facil para nada, ya que el unir a los humanos y a los Digimon implica mucho esfuerzo y trabajo, ahora la mayoria de los humanos y los Digimon, trabajan juntos por el bien de los dos mundos sin embargo, todavia hay Digimon que se rehusan a cooperar con los humanos y humanos que nunca aceptaran a los Digimon. Si tan solo supieran lo especial que es esa relacion entre ambas especies [/font]<br />
 <br />
[font]Ciertamente ya no soy un joven, pero aun despues de veintiocho años, todavia siento que [/font][font]llegara el dia en el que la paz reinara por siempre en ambos mundos, y ademas todavia siento que puedo dar mucho mas por los dos mundos,[/font]<br />
 <br />
[font]porque para mi ese [/font][font]campamento del año 1999 [/font][font]no ha acabado, y aunque ya no me puedo considerar joven, ahora estoy en el mismo lugar al que llegue veintiocho años, listo para que mi unico comienze su propia aventura[/font]<br />
<br />
[font]-Papa, ya es hora<br />
<br />
El ver a mi hijo frente a mi, hizo que [/font][font]reviviera muchas cosas, todavia cierro los ojos y me imagino con mis amigos, en el mundo digital.[/font]<br />
<br />
[font]-El mundo digital es un lugar hermoso y tranquilo, pero nunca debes olvidar que tambien puedes ser peligroso si no sabes a donde vas<br />
<br />
- Taichi tiene razon, ¿O-oye entonces no me puedes traer algo de fruta?<br />
<br />
-No creo que regresemos pronto…<br />
<br />
-Ni modo, pero aun asi ir al mundo digital para ti debe ser bien divertido, ¿verdad?<br />
<br />
-S-si, d-debe ser bien divertido.<br />
<br />
Se que no le gustaba ir a un lugar en donde no conocia, pero se que mientras este con su Koromon estara bien.<br />
<br />
De pronto vi como los demas se despedian de sus hijos<br />
<br />
Uno de ellos, el mas pequeño de todos, era el hijo de Yamato y Sora, lagrimas salian de el, pues no queria separarse de sus papas, su hermana mayor lo consolaba un poco<br />
<br />
-Ya no llores, todo estara bien -dijo Yamato<br />
<br />
-Ustedes no se preocupen, Yo lo protegere sin importar que pase<br />
<br />
-Hehe, que hermana mayor tan responsable – comento Biyomon<br />
<br />
De pronto un niño comenzo a hacerle muchas preguntas a su papa, por la forma de comportarse no era dificil saber quien era<br />
<br />
-Y-y si contraigo una enfermedad incurable? Q-que pasara si tengo alguna enfermedad que haga que no pueda regresar?<br />
<br />
-Vas a estar bien, tranquilo -dijo Gomamon<br />
<br />
-Cuidate mucho- dijo Jou con una sonrisa<br />
<br />
Inmediatamente alcance a escuchar como Mimi se despedia tambien de su hijo<br />
<br />
-Y recuerda que en el mundo digital hay muchas cosas que puedes hacer, no te acerques mucho a los Numemon y no hagas nada para lastimarte, de cualquier manera, espero que te diviertes<br />
<br />
-No te preocupes mama, lo hare<br />
<br />
El hijo a pesar de que veia a su mama con una sonrisa, se que estaba fastidiado por la cara que puso en cuanto se volteo.<br />
<br />
Momentos despues, escuche como la larga lista de cosas que ocupaba Koushiro llegaba a su fin y entonces El le dijo a su hija:<br />
<br />
-Recuerda, aprender y explorar, y no se te olviden las muestras<br />
<br />
-Claro que no papa, no te preocupes<br />
<br />
Al estar alado de Koushiro, fue inevitable prestar atencion ahora a mi hermana Hikari<br />
<br />
- El mundo digital es un lugar maravillos, se que lo disfrutaras, de cualquier manera, asi que mucha suerte<br />
<br />
-Gracias mama.<br />
<br />
Miyako y Ken tambien como los demas estaban despidiendose de sus hijos<br />
<br />
-De cualquier manera, lo importante es no entrar en panico y mantener la calma siempre, no se preocupen<br />
<br />
-Pero mama, tu siempre eres la que entra en panico<br />
Todos incluyendo Ken rieron, una prueba de que eran una familia unida<br />
<br />
De pronto, un hombre alto aparecio junto a su hijo, el era Daisuke<br />
<br />
-Perdon por llegar tarde -dijo Daisuke<br />
<br />
-Daisuke, que bueno que llegas - dijo Sora al ver a Daisuke<br />
<br />
-Ya esta bien grande tu hijo -comento Iori<br />
<br />
-Si, asi es crecera igual de fuerte y grande como su padre<br />
<br />
-Me preocupa que crezca igual que Daisuke<br />
<br />
-¡¿Q-que quieres decir con eso?!<br />
<br />
Todos nos reimos ante la broma entre Iori y Daisuke, ahora que estabamos todos juntos, solo nos quedaba una cosa, despedirnos y esperar a que los niños continuen su propio camino.<br />
<br />
-Ya solo falta 1 minuto – comento Koushiro. Quien veia su reloj.<br />
<br />
-Entonces ya es hora comento Takeru.<br />
<br />
-No lo olvides hijo, los Digimon pueden ser tus amigos si los tratas con respeto – dijo Takeru con ternura<br />
<br />
De pronto Daisuke por ultimo le dio este mensaje a su hijo:<br />
<br />
-Sin importar lo que pase en el mundo digital nunca te rindas, eso es tener agallas, eso es ser un hombre de verdad<br />
<br />
-Si asi es, de eso se trata de tener un espiritu fuerte -dijo Vmon<br />
<br />
-No te preocupes papa, lo entiendo<br />
<br />
-Ya es hora, -dijo Koushiro<br />
<br />
-Estan listos chicos?-dijo el hijo de Daisuke<br />
<br />
-SII -gritaron los demas niños<br />
<br />
Los niños y sus Digimon entonces comenzaron a correr hacia El mundo digital, la verdad queria llorar al ver ese momento maravilloso<br />
<br />
Se que ellos haran que un nuevo capitulo del mundo digital se abra….<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
……………………………………………………………………..<br />
………………………………………………………………………<br />
……………………………………………………………………..[/font]<br />
<br />
[font]N[/font][font]o te asustes [/font][font]todo esta bien[/font][font],[/font][font] no soy alguien malo[/font] [font]m[/font][font]i nombre es Clockmon, Yo soy el Digimon que se asegura que el tiempo fluya adecuadamente, [/font][font]ademas soy [/font][font] un ser neutral [/font][font]con un poder muy especial, tan [/font] [font]especial, que estoy obligado a mantener una posicion neutra ante los Digimon, ya que si por un momento me alio con alguien, o por lo menos comienzo a estar de acuerdo con algunas ideas que tienen, corro el riesgo de que el balance del mundo digital se vaya por lo suelos[/font]<br />
 <br />
[font]Por lo tanto, mi unico papel, es observar el Digimundo y nada mas[/font]<br />
<br />
[font]Asi que como puedes ver, [/font][font]he estado demasiado[/font][font] tiempo [/font][font]aqui[/font][font] y me aburro mucho, de hecho he estado esperando 100 años para ver si algo o alguien aparece<br />
<br />
Asi que como tu has llegado hasta aquí, quiero que continues leeyendo la historia que has estado leeyendo [/font][font]y que puedes ver en este escritorio [/font][font] y que me narres todos los eventos [/font][font]tal cual aparecen[/font]<br />
 <br />
[font]En este mundo hay muchas posibilidades, mundos en los que eventos ocurrieron y mundos en los que no paso nada[/font]<br />
 <br />
[font]E[/font][font]stos libros, que puedes ver a tus alrededores detallan los mundos, sin embargo no son los mundos en si, sino sus historias [/font]<br />
 <br />
[font]Pero ahorita no vamos a hablar de eso, Yo lo que quiero que veas, es la historia que esta en el escritorio que esta aqui[/font]<br />
 <br />
[font]E[/font][font]sta historia tiene la peculiaridad, que no tiene un final definido, tu mismo, el lector, me contaras cual es ese final sin importar su calidad ya que la historia se va a ir formando de acuerdo a la forma como tomes decisiones, porque durante la historia habra situaciones en las que a ti te tocara ser el destino, tu sera[/font][font]s[/font][font] quien decida el azar, tu [/font][font]seras quien decida si ganara el bien o el mal hasta podras decidir los sentimientos de los que protagonizan esta historia[/font]<br />
<br />
[font]Espero que con esto entiendas el papel que vas a tener dentro de la historia, pero tranquilo, aunque no puedo ayudarte, puedo darte esto, es un pequeño reloj, que te permitira regresar al principio de la historia si algo sale mal, asi que recuerda, con trabajo duro, llegaras a ese final feliz que espero que me cuentes<br />
<br />
No tengo mas que decir, ahora, toma [/font][font]el libro que esta en el escritorio y con el que me seguiras narrando la historia[/font][font], asi que adelante, soy todo [/font][font]oídos[/font][font], y no lo olvides….cada decision tiene un impacto sobre la historia.<br />
<br />
¿Dices que apenas puedes verme? [/font][font]¿[/font][font]Sientes que tus ojos se [/font][font]están[/font][font] encandilando poco a poco?<br />
<br />
Es normal que sientas que la [/font][font]habitación[/font][font] se este iluminando pues la historia esta apunto de comenzar<br />
<br />
Mucha suerte…[/font]<br />
<br />
<br />
[font]Después[/font][font] de que nuestros padres nos dejaran libre para ir al mundo digital todos nosotros sentimos mucha emocion, pues era la primera vez que iriamos al lugar de donde salieron los Digimon.<br />
<br />
S[/font][font]i tuviera que describir el mundo digital, seria como un hermoso campo lleno de pastos verdes y cielos azules, ciertamente el aire se siente mas limpio que la ciudad en donde yo vivo, El estar en el mismo lugar en el que mi papa estuvo, hacia que me emocionara, pues en sus historias, el siempre me conto de lo maravilloso que es el mundo digital[/font]<br />
 <br />
 <br />
<br />
[font]<span style="color: #ff6600;" class="mycode_color"><span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Me llamo Tatsuya Yagami, tengo 8 años y voy a la primaria de Odaiba, Me gusta mucho los deportes, pero lo que mas me gusta es crear mapas, asi que este lugar sera excelente para hacer el mapa del mundo digital , estoy seguro que podre explorar todo el mundo digital</span></span><br />
<br />
-Tatsuyaaaaa, ven, que te puedes perder<br />
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b"><span style="color: #ff6600;" class="mycode_color">-esa debio ser la voz de Koromon</span></span><br />
<br />
-Perdon, es que estaba viendo lo bonito del Digimundo<br />
<br />
-Es bonito pero no debes perderte, ven vamos, que si te pierdes y te pasa algo, Agumon no me hablara y no jugara conmigo…<br />
<br />
-y Aun asi juega contigo, no me perdere, tranquilo hehe<br />
<br />
Cuando conoci a Koromon, fue el momento mas magico de mi existencia, pues tengo a un compañero de aventuras con el que comparto todo, dormimos en la misma cama, comemos lo mismo y hasta nos reimos de lo mismo, se puede decir que es como el hermano menor que no tengo, pues soy hijo unico,[/font]<br />
 <br />
[font]K[/font][font]oromon es muy diferente a Agumon, ademas de las cosas obvias como la forma que tienen y el nombre, Mi Koromon es muy gloton, ademas es a veces un poco torpe y mentiroso, y muchas veces me toca arreglar lo que el destroza pero nadie es perfecto, y aun asi poco a poco se ha convertido en mi mejor amigo[/font]<br />
 <br />
[font]-[/font][font]Tatsuya, apurate, que ya los demas deben estarse preguntando porque tardamos tanto[/font]<br />
 <br />
<br />
[font]Koromon y Yo c[/font][font]omenzamos a correr [/font][font]hasta encontrarnos con los demas, inmediatamente estos me preguntaron en donde me habia metido Les dije que el mundo digital era bonito y que me detuve para contemplarlo<br />
<br />
Una niña de cabello rubio y ojos azules, se dirigio a mi y me dijo:<br />
<br />
-Tatsuya, eres muy distraido, no te separes de nosotros, apenas puedo cuidar a Yasu<br />
<br />
-Onee-chan, quiero irme a casa -decia el pequeño niño que estaba pegado a la chica<br />
<br />
<br />
Ellos son Yasu Ishida y Kohane Ishida, ambos hermanos, Kohane va en el mismo año que<br />
<br />
yo y tambien vamos en el mismo salon, ademas, como nuestros papas son amigos, jugamos mucho en algunas reuniones, asi que se puede decir que nosotros 2 somos amigos muy cercanos.<br />
<br />
Kohane es una chica es la representante de nuestra clase, ya que como decirlo, es como si fuera una mama, pero de las mandonas<br />
<br />
-No se porque, pero siento que debo golpearte<br />
<br />
-¿Porque?<br />
<br />
-Acabas de pensar mal de mi, lo se<br />
<br />
-Claro que no, yo jamas lo haria<br />
<br />
-Lo se porque sonries como idiota cada vez que piensas algo malo<br />
<br />
Un escalofrio recorrio mi espalda, Papa dice que las mujeres que pueden interpretar lo que piensas son mujeres de las que hay que cuidarse<br />
<br />
-Onee-chan, n-no te enojes, te ves mas bonita sonriendo<br />
<br />
-Dile al idiota, que no me haga enojar…<br />
<br />
-Como era de esperarse del dulce Yasu, no es como su hermana mandona<br />
<br />
Kohane me miro con cara de odio y comenzo a caminar con Yasu en la mano<br />
<br />
Yasuhiro es un niño muy timido, pocas veces quiere jugar, supongo que solo se abre con su hermana, asi que trato de no hacerlo sentir incomodo, se que sera mucho trabajo, pero se que seremos buenos amigos.<br />
<br />
-Vamos Kohane, no seas asi con Tatsuya, el solo esta jugando contigo, porque son muy buenos amigos<br />
<br />
-Lo se Pyocomon, pero a veces pierdo la paciencia<br />
<br />
De pronto una bola peluda cayo en la cabeza del pequeño Yasu y de pronto se puso en ambas manos de Yasu<br />
<br />
-Yasuuuuuu, vamos animate, El digimundo es muy bonito<br />
<br />
-P-pero extraño a mi Otou-san y a mi Okaa-san<br />
<br />
-Pero vas a estar bien, despues de todo estoy aquí, y cuando Tsu te dice que todo va a estar bien, todo va a estar bien, ahora sonriamos que el mundo digital nos espera<br />
<br />
El pequeño yasu con una lagrima que apenas salia en el ojo y con una sonrisa asintio a lo que dijo su Tsunomon<br />
<br />
Kohane sonrio aliviada al ver que por fin Yasu habia dejado de llorar y siguio caminando con Yasu<br />
<br />
De pronto Yasu pidio que Kohane se detuviera<br />
<br />
-Onee-chan espera, no le hemos dado esto a Tatsuya<br />
<br />
Entonces Yasu sonriendo volteo a verme<br />
<br />
<br />
<br />
Yasu se desprendio de su hermana y me dio un pequeño frasco<br />
<br />
-Chika dijo que todos la ayudarian a traer las muestras<br />
<br />
-y no solo eso, que tambien me hagan un reporte de lo que encontraron -grito Chika quien alcanzo a escuchar a Yasuhiro<br />
<br />
Chika Izumi, hija del mas prestigiado investigador del Digimundo, y la verdadera razon por la que estamos aquí, nuestro padres no querian dejarnos ir al Digimundo, pero gracias a Chika y a las palabras de nosotros, logramos que nos mandaran a esta investigacion.<br />
<br />
Chika es una niña que le gusta mucho investigar, de hecho es como si fuera una enciclopedia con pies, entre nosotros bromeamos con que el analizador de Digimon de su papa es su verdadera madre.<br />
<br />
-Asi es sensei documentaremos todo el Digimundo y aprenderemos cosas nuevas, ¿No es genial profesora?<br />
-Y no solo eso Motimon, podremos hacer muchos muchos experimentos, no puedo esperar para meter la primera muestra en el tubo de ensayo.<br />
<br />
Supongo que todos tienen diferentes pasatiempos, el de Chika es investigar y experimentar...solo espero que nadie de aquí terminemos con sus experimentos<br />
<br />
De pronto senti que algo me obstruyo la vista, era el Motimon de Chika quien me sonrio y dijo- Si no traemos las muestras a tiempo, ustedes seran el experimento<br />
<br />
Un escalofrio recorrio mi espalda y solo pude asentir<br />
<br />
-Motimon, no asustes a Tatsuya, menos querra ayudarnos<br />
<br />
-Lo siento Sensei, solo estaba jugando<br />
<br />
-De cualquier manera, tenemos solo 8 horas para recolectar todas las muestras, asi que es importante que nos demos prisa<br />
<br />
- Ni que estuvieramos en la escuela, como para hacer tarea. -grito un niño que no parecia tampoco estar tan contento de estar aquí<br />
<br />
Su nombre es Riki Tachikawa, hijo de la famosisima chef Mimi Tachikawa, toda su vida ha estado lleno de lujos y comodidades, asi que cuando le dijeron que tenia que cambiar los videojuegos por el mundo digital pego el grito en el cielo. Quisiera decir mas de el, pero no convivo mucho con el.<br />
<br />
-Rikiii, vamos alegrate un poco, ¿No decias que querias conocer el Digimundo?<br />
<br />
Tanemon era el compañero Digimon de Riki, Una de las cosas que me agrada de Tanemon es que logra sacar el lado mas dulce de Riki, como si fuera algo que lo suaviza<br />
<br />
<br />
-Si, pero no queria que fuera hoy<br />
<br />
-Ah, hoy es la final del torneo ¿verdad?<br />
-Quiero ir casa..<br />
<br />
-Entonces hay que apurarnos con las muestras, para llegar temprano, dijo con emocion<br />
Riki solo asintio<br />
<br />
<br />
De pronto senti algo asi como una aleta agarrandome la mano, rapidamente voltee, y entonces me di cuenta que era Pukamon, el compañero de Enkai<br />
<br />
-Que sucede Pukamon, ¿no me digas que…...?<br />
<br />
<br />
-Si, Koromon esta con el<br />
<br />
<br />
-Ahora entiendo porque no estaba conmigo hace poco<br />
<br />
Fui corriendo rapidamente y la situacion que vi, era de esperarse,<br />
<br />
Enkai estaba tirado en el suelo, y Koromon le estaba chupando la cara<br />
<br />
-Koromon ¿que crees que haces?<br />
<br />
-De acuerdo a Chika, la saliva de los Digimon tiene propiedades para quitar el dolor y Enkai dijo que le dolia mucho la cabeza y quize ayudarlo<br />
<br />
-Koromon, disculpate con Enkai<br />
<br />
-Pero si yo solo lo ayude<br />
<br />
-Chuparle la cara no es ayudarlo, y con eso de que le tiene miedo a cualquier microbio, solo empeoras las cosas<br />
<br />
-P-pues el Doctor Koromon no tiene nada que arrepentirse<br />
<br />
-Hacer un quiz en internet no te da el titulo de doctor<br />
<br />
-P-pero si tenia hasta gatitos y perritos<br />
<br />
Ignore a Koromon y me fui con Enkai que parecia que le acababa de golpear algo muy fuerte<br />
<br />
-Tatsuya, eres tu?<br />
<br />
-Te encuentras bien?<br />
<br />
-N-no algo muy fuerte me cayo en la cabeza y ya no supe que paso<br />
<br />
Entonces entendi la situacion<br />
<br />
y en cuanto voltee, Koromon estaba intentando huir<br />
<br />
-¡Disculpate con Enkai y Pukamon!<br />
<br />
-N-no fue mi culpaaaaaa estaba intentando agarrar una manzana en el arbol, me cai y por accidente lo knockee!<br />
<br />
-Ven aca! Disculpate!<br />
<br />
-No me atraparas con vi…..<br />
<br />
De pronto Koromon sintio que algo con fuerza lo levanto, Koromon molesto iba a morder a quien lo estaba levantando, pero en cuanto vio quien lo levantaba, se puso nervioso y dijo<br />
<br />
-H-hola c-como estas<br />
<br />
-Koromon, ¿No escuchaste a Tatsuya? Disculpate con Enkai<br />
<br />
-Ten a este malcriado,<br />
<br />
A continuacion, me dio a Koromon quien parecia muy asustado entonces este inmediatamente se puso frente a Enkai y se disculpo<br />
<br />
-Perdon por caerte encima de la cabeza y tratar de curarte con mi saliva<br />
<br />
-Koromon- grite<br />
<br />
-Perdon por todos los problemas que te cause….<br />
<br />
-No hay problema -dijo Enkai quien parecia haberse recuperado<br />
<br />
-Ya ves que no era tan dificil -dijo Pukamon<br />
<br />
-V-vi mi vida pasar rapidamente -dijo Koromon<br />
<br />
-Gracias Daichi-oniichan -dije con alegria<br />
<br />
El es Daichi, desde que recuerdo, el siempre ha jugado conmigo, hasta cuando esta muy apurado, Si Koromon seria mi hermano mas pequeño, Daichi seria como mi hermano mas grande<br />
<br />
Daichi cuando esta a cargo de cuidarnos, se porta muy serio y muy responsable, de hecho a muchos les sorprende que sea hijo de su papa, pues muchos dicen que no es completamente responsable<br />
<br />
Supongo que alguien de los dos, tenia que ser responsable<br />
<br />
-Y los demas? -pregunte a Daichi<br />
<br />
-Estan adelante, Akio comenzo a sentirse un poco malcriad<br />
<br />
-Akio… ¿Donde esta?<br />
<br />
-Señalo al arbol que estaba a unos metros y camine hacia donde estaba<br />
<br />
-Akio, Akio te encuentras bien?<br />
<br />
-Si, e-es solo que tenia tiempo de no salir afuera, pero no te preocupes Tatsuya, voy a estar bien, solo necesito estar sentado un momentos<br />
<br />
Akio es mi primo, el hijo de Hikari-obasan, Desde que recuerdo, siempre ha sido muy enfermizo, asi que pocas veces sale a la calle o afuera,<br />
<br />
Akio, el es tambien como mi hermano mayor, aunque no juegue conmigo, me lee muchas veces historias y cuentos…...y siempre me regala cosas a escondidas.<br />
<br />
-Deja de poner esa cara Tatsuya-dijo con una voz suave Akio<br />
<br />
-Pero Akio..<br />
<br />
-Recuerda que venimos a conocer el Digimundo, y nuestros padres lo que quieren es que tengamos momentos de diversion<br />
<br />
Akio siempre es asi, odio que trate de ocultar como se siente, a pesar de que se que lo hace porque me quiere, odio que se guarde siempre todo lo que sufre, supongo que solo se abre con Takumi y Nyaromon…<br />
<br />
-De pronto senti algo que parecia restregarse con la palma de mi mano, en cuanto lo que era, supe que era Plotmon<br />
<br />
-Akio, va a estar bien, Takumi, Mikan y Saori fueron a buscar algo de agua<br />
<br />
-Pero…<br />
<br />
-No te preocupes, te prometo que todo saldra bien-dijo Plotmon<br />
<br />
De pronto, vi a alguien detras de Akio, parecia muy entretenido con Minomon<br />
<br />
Este se acerco a el y dijo<br />
<br />
-Que emocion, has encontrado el extracto de esta planta<br />
<br />
-Crece cerca de lugares humedos, asi que por eso al verla supe que habia agua<br />
<br />
Por lo que veo, fue Osamu quien mando a su hermana y a los demas por agua<br />
<br />
El es Osamu Ichijouji, asi como Chika es muy inteligente, es serio cuando se trata de hacer cosas responsables, pero cuando juega con nosotros, es como un niño mas<br />
¿Mencione que a pesar de que tiene solo 8 años, va en 4to de primaria?<br />
<br />
-Felicidades Osamu, estoy seguro que Chika estara muy feliz<br />
<br />
-Lo se, que bueno que encontramos la primera muestra llegando aquí<br />
<br />
De pronto Chika vio a lo lejos y sacudio su mano saludando a los que venian con algunas botellas de agua<br />
<br />
-Mikan, Takumi, Saori, por aquiiiii,<br />
<br />
Los 3 inmediatamente se acercaron y fueron con Akio para darle el agua<br />
<br />
-Muchas gracias Mikan, de verdad me da mucha vergüenza el pedirles esto<br />
<br />
-No te preocupes Akio, somos amigos, ¿Para eso estamos no?<br />
<br />
Ella es Mikan Ichijouji, tiene la misma edad que Daichi y van en diferentes escuelas,<br />
<br />
Tengo entendido que Mikan y Osamu empezando la secundaria iran a una escuela prestigiosa<br />
<br />
Supongo que deben de tener buenas calificaciones.<br />
<br />
-hehehehehehhehehehehehehe muy buenos amigos<br />
<br />
-CALLATE Poromon.<br />
<br />
-Yo no dije nada~<br />
<br />
Este Digimon que parece que disfruta el sufrimiento de su compañera es Poromon, a pesar de lo que acaban de ver, en realidad son muy cercanos<br />
<br />
-C-creo que tenemos que seguir recolectando las muestras, el papa de Chika l-las necesita<br />
<br />
-Akio, deja de hacerte el fuerte, o me enojare contigo<br />
<br />
-Takumi, de verdad estoy bien, no me desmayare como la otra vez<br />
<br />
-…… si insistes, tendre que hacerte caso<br />
<br />
<br />
<br />
<br />
El es Takumi, primo de Kohane y es el mejor amigo de Akio, asi como Yo y Kohane, tambien crecieron juntos<br />
<br />
<br />
-A-ademas todavia hay tiempo suficiente para explorar todo, no tenemos prisa<br />
<br />
-Es verdad lo que dice Tokomon, tomate esto con calma Akio<br />
<br />
-Pero estas muestras son muy importantes-dijo Akio<br />
<br />
-Las muestras no son tan urgentes ademas, todos sabemos que fue la excusa para traernos aqui -dijo Daichi sinceramente<br />
<br />
A Chika no le parecio para nada bien el comentario, pero suspiro, porque ella sabia todo el tiempo que la mayoria principalemente venian a conocer el digimundo<br />
<br />
<br />
-De cualquier manera es hora de almorzar -de pronto una chica se acerco a Akio ofreciendole un onigiri<br />
<br />
Chika al ver esto dijo<br />
<br />
-pero el almuerzo no esta programado hasta…..<br />
<br />
-Vamos a comer un poco antes, Chika-chan, despues de todo necesitamos que Akio se recupere<br />
<br />
-pero es importante que….<br />
<br />
-Es importante que todos estemos en las mas optimas condiciones para hacer lo que nos encargo tu papa no lo crees? -dijo Aya calmadamente<br />
<br />
-Aparte tu tampoco has comido, ya que escuche que tu papa dijo, que te levantaste a las 3 de la mañana para preparar todo-dijo Aya<br />
<br />
-Es verdad sensei, no ha comido nada en todo el dia, ademas a su padre le preocupa que usted haga eso por sus maravillosas investigaciones -dijo Motimon<br />
<br />
<br />
Takumi al ver el Onigiri vi como cambio su expresion de preocupacion a enojo<br />
<br />
-No desayunaste nada verdad Akio?<br />
<br />
-N-no dijo timidamente Akio<br />
<br />
-Entonces creo que es hora de almorzar -dijo con dulzura Aya<br />
<br />
Ella es Aya Hida, amiga cercana de Mikan y es muy buena manejando a las personas, especialmente a aquellos que son muy especiales con sus cosas como Chika<br />
<br />
La verdad es un talento que yo quisiera tener, se ve que es alguien a quien se le puede encargar una gran responsabilidad<br />
<br />
De pronto, un grito se escucho diciendo -Mi almuerzo!-era Riki quien parecia indignado con lo que estaba pasano<br />
<br />
-Q-quien de ustedes se comio mi almuerzo?!-grito Riki<br />
-Tanemon, fuiste tu?!<br />
<br />
-¿Q-que? Sabes que siempre respeto sus cosas Riki, seria incapaz de agarrar algo tuyo sin pedirtelo<br />
<br />
-Nadie se comio tu almuerzo, no tiene logica porq. - Chika entonces reviso y noto su recipiente vacio<br />
<br />
En cuanto vieron el recipiente vacio de Chika, todos revisaron sus almuerzos, y para desgracia de todos, todos estaban vacios…<br />
<br />
Durante un tiempo, comenzo la discusion acerca de quien se habia comido todos los almuerzos<br />
<br />
-Akio no ha comido nada, asi que el no fue -dijo Takumi con resolucion<br />
<br />
-Y-yo estoy a dieta, asi que no pude haber sido Yo- dijo Mikan<br />
<br />
Y-yo estuve knockeado -dijo Enkai<br />
<br />
Todos me vieron y nadie me vio comer -dije defendiendome<br />
<br />
-Onee-chan y Yo no tenemos estomago para tanto almuerzo -dijo el pequeño Yasu<br />
<br />
-Yo ni siquiera probe el mio asi que a mi no me miren-dijo molesto Riki<br />
<br />
-Ni siquiera sabia que todos habian traido almuerzo-dijo Daichi a quien le gruño el estomago<br />
<br />
Osamu entonces dijo – SI no fue ninguno de nosotros 12, entonces solo puede se alguien de los Digimon…..<br />
<br />
-Ninguno de nosotros fue -dijo Tanemon<br />
<br />
-Es verdad todo el tiempo estuvieron cerca de nosotros -dijo Kohane<br />
<br />
-Ademas, nosotros podemos conseguir nuestro propio alimento en el Digimundo, asi que no tenemos necesidad de robar almuerzos -dijo en defensa Motimon<br />
<br />
-Que horror, como se atreven a meterse con el almuerzo de los demas! Es imperdonable, estoy seguro que cuando encuentre al bribon que hizo eso, se las vera conmigo -dijo Koromon<br />
<br />
De pronto, todos vieron un pequeño pedazo de arroz que estaba en la cara de Koromon<br />
<br />
-YO NO FUI se los juro, yo solo he comido los onigiris que Aya me dio..<br />
<br />
Aya entonces vio a Koromon de manera sombria, pero despues rio un poco y dijo- Yo no te he dado ningun onigiri, papa me advirtio sobre Akio, asi que prepare un poquito mas para el, en caso de que se sintiera mal<br />
<br />
En ese momento senti que el color se me habia ido, una vez mas Koromon cometio una de las suyas<br />
<br />
No habia como defenderlo, el mismo habia cavado su propia tumba<br />
<br />
Por lo tanto, todos decidieron castigar a Koromon atando sus orejas a una rama de arbol, Koromon al recibir ese castigo juro nunca meterse con el almuerzo de los demas.<br />
<br />
-Entonces…...ya no tenemos comida ¿que es lo que haremos?-dijo Riki decepcionado<br />
<br />
-No se preocupen-upa, Aya y Yo, contemplamos esta emergencia-dijo el Upamon de Aya<br />
<br />
-Q-que poca fe me tienen -grito Koromon indignado<br />
<br />
Molesto con el comentario y la vergüenza que me hizo pasar Koromon entonces dije enojado<br />
<br />
-No tienes derecho a decir nada Koromon, tu te ganaste esto<br />
<br />
-No se preocupen, sabiamos tambien que a lo mejor nos tomaba mas tiempo recolectar las muestras, asi que Yo y Upamon preparamos un poco mas de comida para todos<br />
<br />
-pero Aya, la mochila que tienes es muy pequeña ¿a poco cupieron todos los almuerzos en esa bolsa?-pregunto inocentemente Enkai<br />
<br />
-Claro que no, jamas cabrian aquí -dijo con una sonrisa Aya<br />
<br />
Aya entonces saco de su bolsillo un aparato muy importante para todos nosotros, un aparato que todos nosotros teniamos El Digivice, Entonces levanto el Digivice con una mano y al apuntarlo hacia una piedra, una luz emergio de el, en el salio una mesa, en esa mesa habia almuerzos para todos<br />
<br />
-A veces se me olvida como amo este dispositivo -dijo Daichi<br />
Este Digivice, el papa de Chika lo llamo D-AM Es un Digivice que ademas de las funciones que ya todos conocen de los Digivice, tiene la funcion de analizar objetos, los guarda en su memoria y los materializa su nombre significa &lt;Digital Analyzer and Materializer&gt; Analizador y Materializador Digital.<br />
Nadie tiene idea quien los diseña, lo unico que sabemos es que son muy utiles para nosotros<br />
<br />
El almuerzo era delicioso, eran rollos de huevo, con salchichas en forma de pulpo, ademas venua acompañado de vegetales y una buena dosis de arroz, se notaba que Saya pensaba en todo<br />
<br />
Despues de almorzar, hice que Koromon se disculpara con todos, pues no esta bien agarrar cosas que no son tuyas<br />
<br />
El Almuerzo le sirvio a Akio que parecia haberse recuperado, y con esto comenzamos ahora si a ir a lo que venimos al mundo digital, a ayudarle a Chika a recolectar muestras<br />
<br />
Despues de ser perdonado, Koromon actuo como si nada hubiera pasado, asi que yo tambien deje eso atrás y comenzamos a ver el mapa que habia trazado<br />
-Parece que tendremos que dar varios recorridos, especialmente por el lago de plata, y recolectar unas cuantas cosas en el pueblo del inicio-les mencione<br />
<br />
¿Tendremos tiempo para recolectar todo?<br />
<br />
No lo se, pero si llegamos con prisa y seguimos esta ruta, podremos llegar mas cercanos<br />
<br />
y los Digimon, que pasa si nos atacan?<br />
<br />
-Muchos son conocidos de nuestros padre no creo que pase mucho<br />
<br />
Despues de comentar eso, nos aventuramos a seguir nuestro camino, pues nos esperaba un dia largo en el Digimundo, sin embargo desde que llegue la emocion de conocer por fin este mundo no se iba, por fin viviria lo mismo que vivio mi papa en este mundo, No creo que nunca me arrepienta de haber visitado este mundo. [/font]<br />
<br />
</div>
		</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[[oneshot] Los sentimientos conectan los mundos]]></title>
			<link>https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=87</link>
			<pubDate>Tue, 21 Jul 2020 02:30:13 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://digisoul.net/foro/member.php?action=profile&uid=572">Mitsuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=87</guid>
			<description><![CDATA[<div align="center">想いが世界を繋ぐ<br />
Los sentimientos conectan los mundos.​</div>
<div align="right"> </div>
<div align="right"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquella melodía me hablaba de otro mundo, y lo que me atraía de aquel otro mundo era, quizá, que Shimamoto pertenecía a él.<br />
HARUKI MURAKAMI</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre:<br />
Él moverá mi boca por la última vez.<br />
JUAN GELMAN</span>​</div>
<div align="justify"> </div>
<div align="justify">La horda de murciélagos surcó el cielo encapotado de pardas nubes, y se acercó, como un enjambre de heraldos de la muerte, a las dos figuras cándidas, frágiles. Mi mente tardó la décima parte de la milmillonésima parte de un segundo en procesar la información, y antes de que pudiera darme cuenta, estaba corriendo como nunca, ignorados el cansancio, las heridas e incluso el atávico instinto de conservación, movido por algo que los ceros y unos de mi estructura eran incapaces de comprender. El ataque me golpeó con una potencia arrolladora: oleada tras oleada de agudos colmillos atravesaron frágiles ropas, rasgaron piel, penetraron músculos, destrozaron vísceras, absorbieron sangre y despedazaron el núcleo de mi data; entonces se nubló mi vista y comprendí que mi historia había llegado a su fin: moriría como un exiliado, traidor a mi patria, en un mundo que no acababa de conocer del todo, presa del apetito voraz de los desalmados siervos de un demonio. ¿Por qué yo? ¿Qué arcano motivo, qué intrincada conjunción de causas y efectos insondables, qué bizarra deidad incógnita me llevaba a morir aquella tarde en aquel mundo? ¿Qué hado inescrutable, qué laberinto múltiple de pasos me habían llevado a ser lo que era? ¿Qué cara tendría yo ante el dios sin rostro que me aguardaba al otro lado de la muerte? Y como si mi cerebro hiciera un esfuerzo descomunal para resolver ese último misterio antes de apagarse por completo, sentí que el tiempo se ralentizaba, y ante mis ojos desfilaron, sin superposición ni trasparencia, imágenes de toda mi vida, cual si esperaran que su simultaneidad me permitiera dotarlas de un postrero significado secreto.<br />
<br />
<br />
En mi primer recuerdo lúcido, el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre. En aquel entonces no era un exiliado, y vivía feliz, conociendo un universo que a cada instante me deslumbraba con sus maravillas: las lejanas estrellas silenciosas; la frágil luna, que emitía su frágil luz; el sol, que imperaba en el firmamento; el día y la noche, que se superponían sin mezclarse; la incesante sobreescritura de data, que hacía que los paisajes cambiaran de forma aleatoria; pero sobre todo el horizonte, que prometía aventuras y misterios inenarrables. “¿Qué hay del otro lado del horizonte?”, me preguntaba a mí mismo y a otros, pero nadie supo darme una respuesta satisfactoria, acaso porque no la tenían, acaso porque la oscuridad de la situación mundial les vedaba el escrutinio de tales insignificancias. Yo era muy joven, pero no tardé mucho en comprender la gravedad de la situación: incontables lustros atrás, mi especie había sido exiliada de su universo de origen por propiciar un evento que casi culminó con su colapso; desde entonces, vagaron por cantidades inconcebibles de cosmos estrambóticos hasta alcanzar el lugar apropiado para el próspero desarrollo de nuestra peculiar biología; y en aquel momento, alcanzado el cénit de nuestra civilización, ciertos rebeldes que recordaban las eras previas al destierro estaban exacerbando a las influenciables multitudes con altisonantes discursos que llamaban a la venganza. Movidas por sabiduría o locura, las máximas autoridades condenaron a muerte a los iniciadores del movimiento rebelde; antes de que la hoz cegara el alma del último cabecilla, éste auguró que ese mundo sería devorado por los seres que habitaban del otro lado del cielo, como se profetizaba en la gran biblioteca; su ulterior grito de agonía fue suficiente para ahogar la llama de la rebelión en los colectivos, pero sus postreras palabras exacerbaron mi curiosidad , y fueron tal vez el motivo de que me lanzase a descubrir el mentado recinto.<br />
Mi temeridad y mi orgullo me embarcaron en una expedición desesperada para encontrarlo; cuando los víveres escasearon, estuve a punto de sucumbir a la locura, dejar que la luna y el sol jugaran con mi aciago destino y resignarme a la muerte, pero el instinto de conservación me obligó a seguir adelante. Una noche vi la silueta de una edificación blanca en medio del desierto y me dirigí allí; llegué tras muchas jornadas de viaje, mis fuerzas casi consumidas; confundido por el tamaño de la estructura, la había imaginado cercana. El edificio tenía solo una entrada, de roble y oro. Toqué; la puerta se abrió hacia adentro, como movida por una mano invisible; un vistazo fugaz me bastó para darme cuenta de que había llegado a destino; una vez dentro, la puerta se cerró a mis espaldas, silenciosa, y luego desapareció, y supe que no había vuelta atrás.<br />
La biblioteca se componía de un número indefinido (acaso infinito) de galerías hexagonales de distribución invariable, con bastos pozos de ventilación en el centro, cercados por barandas bajísimas y escaleras espirales que se dilataban hasta lo recóndito; su luz (su insuficiente luz) tenía origen en las llamas violáceas de mortecinas velas de obsidiana; la frágil flama dañaba la vista, pero reemplazarla era imposible, merced a azarosas leyes físicas. Altos, umbríos, taciturnos, quizá díscolos, los bibliotecarios escrutaban los fortuitos signos, ignorada la fatiga, movidos por el afán de encontrar un significado trascendente. Nadie me vio entrar en el unánime recinto, nadie vio mi figura perderse entre los anaqueles sacros, pero al cabo de pocos segundos nadie ignoraba que me había unido al anónimo ejército de guardianes de la ubicua estancia. La temática de las obras era dispar: volúmenes que compilaban cosmogonías improbables se agostaban junto a otros que cobijaban grafemas aleatorios; yo consagré a todos igual atención, y una vez consumidos, los restituí a su lugar de origen, acaso temeroso de violentar cierto orden cósmico. Estérilmente fatigué cinco anaqueles enteros; nada satisfizo mi curiosidad. Entonces, decidí consultar a mis compañeros. Atrofiada por su falta de uso, mi lengua tardó en encontrar las palabras, y cuando lo hizo, estas se oyeron débiles y vacilantes, además de blasfemas, por perturbar el sempiterno silencio. Pregunté por las profecías que hablaban de que el mundo sería devorado por seres de más allá del cielo, y me respondieron que las desconocían; pregunté si había un catálogo de libros, y me respondieron que sí; pregunté dónde estaba, y me respondieron que en alguno de los anaqueles; pregunté en cuál, y guardaron silencio; pregunté quién era el director de la biblioteca, y me respondieron que era AncientWisemon; pregunté si podía verlo, y me respondieron que sí, si podía encontrarlo; pregunté dónde estaba y me dijeron que en el centro de la biblioteca; pregunté dónde estaba el centro, y me respondieron que en ninguna parte, porque era infinita; entonces ellos me preguntaron cuál era el centro de un círculo infinito, y no supe qué contestar.<br />
Esa noche, mis sueños concibieron una estancia blanca, vacía, que se dilataba indefinidamente; los puntos de referencia eran nulos; el miedo a extraviarme me mantuvo en mi sitio, pero imaginé que la necesidad de alimento me obligaría a desplazarme. Al poco tiempo sentí un apetito que poco después trasmutó en hambre voraz; a punto de sucumbir a la autofagia, una voz incógnita, acaso un postrero juego de mi mente, me interrogó sobre la forma de ese recinto blanco, y yo respondí que la desconocía; afirmó que era esférica, y sostuve que no podía ser, porque no se veía la circunferencia; preguntó dónde estaba la circunferencia de una esfera infinita, y le respondí que en ninguna parte.<br />
–¿Y su centro?<br />
–En todas partes –respondí.<br />
El ulterior silencio fue perturbado por el murmullo de la lluvia. Levanté la cabeza para mendigar las humildes gotas de agua, pero el traslúcido manjar adquirió en mi garganta la consistencia áspera de la arena. Tosí, tuve arcadas, me ahogué, mi pensamiento voló a lo lejos y mis ojos no vieron más. Desperté en uno de los hexágonos de la biblioteca; cierta anomalía en la luz decrépita de las velas y en el arbitrario orden de los volúmenes me indicaron que estaba en un sueño dentro del primero. Temeroso de las próximas triquiñuelas de mi mente, busqué sumergirme en la lectura. Había un libro cerrado sobre un atril, esperando a que lo abriera; quizás noté el peligro, pero decidí continuar con mi ilusión autoimpuesta.<br />
El volumen no difería en tamaño del resto, pero resaltaba la falta de ornamento en su cubierta: ni un solitario grafema que indicara el tema de la obra maculaba el negro cuero de la portada. Lo abrí con la intensión de olvidar el vacuo recinto blanco, pero su inconmensurable complejidad no solo consiguió eso, sino que casi me abstrae de mi propia existencia: las letras se superponían una con otra,, sin trasparencia, enhebrando fábulas heterogéneas, pero eso no impedía su clara decodificación; el orden y características de cada uno de los textos padecía permanentes permutaciones, como si se corrigiera a sí mismo, y el número de grafemas aparentaba crecer. Incluso las páginas se comportaban en modo anómalo: yo habría jurado que no había avanzado de la primera hoja, pero el libro estaba abierto por la mitad, y todos mis intentos por revertir esa situación fueron estériles. Con la vertiginosa certidumbre de que estaba desperdiciando una efímera oportunidad irrepetible, concentré mi vista en una línea aleatoria de tantas y la leí en voz alta: “Los señores de las tinieblas buscan por todos los medios sellar los cuatro pilares del mundo para ganar poder”. Dos veces se propagaron estas palabras por el exiguo recinto, pero la clara diferencia de tonalidades descartó la posibilidad de que alguna fuese eco. Levanté la cabeza: delante de mí se agazapaba una figura vestida de verde y plata, con sabiduría impresa en los claros ojos amarillos y majestuosa autoridad en la gallarda figura.<br />
–¿AncientWisemon? –pregunté.<br />
–¿AncientWisemon? –repitió él lentamente, como masticando la palabra, degustándola. Yo me estremecí; su voz era la misma que me había interrogado sobre el centro de una esfera infinita–. Sí. Ese era el nombre. Yo era AncientWisemon. Pero eso fue antes, mucho antes: antes de mi brutal fracaso como mago, antes de que mi raza fuera desterrada por mi culpa, antes de los lustros de peregrinaje entre universos, antes de encontrar la biblioteca, antes de convertirme en su guardián. Ahora no soy más que el custodio de un libro tautológico.<br />
–¿Qué es este libro?<br />
–Desde que llegué a este mundo me estoy haciendo la misma pregunta. El libro es; el resto del universo es una simple copia de él. Y es infinito, como infinita es la totalidad de la existencia. La lógica nos diría que el libro es intrascendente, porque su riguroso registro es vano, pero al mismo tiempo es fundamental, porque la experiencia ha demostrado que cualquier alteración en su materia provoca cambios en los universos, y tal vez destruirlo acarree un cataclismo desproporcionado. Tú, por ejemplo, al leer esa línea, produjiste una alteración en el espacio tiempo del universo que se mencionaba en ella, justamente de aquél que desterró a nuestra raza, y creaste una nueva versión alternativa del mismo, probablemente condenándolo a su desaparición.<br />
–¿Y por qué no lo impediste, como guardián que eres?<br />
–Quizá por pereza o negligencia, quizá porque el destino de los universos me es indiferente, quizá porque quería ver qué tan lejos llegabas, quizá porque estás soñando y nada de esto tiene sentido, o tal vez porque tengo oscuros motivos secretos. ¿Tú qué crees?<br />
No respondí.<br />
–Bueno, sinceramente no importa. El punto es que, como guardián, tengo el deber de castigarte. Ahora que HAS LEÍDO el libro, no puedo dejar que vuelvas aquí. Por eso tengo que desterrarte de la biblioteca, y de Witchelny.<br />
–¿Me concederías una última merced antes de que la sentencia sea cumplida? Quiero ir al mundo del que leí, aquel que dices que está en peligro por mi culpa.<br />
–No hay problema –dijo él, y me pareció vislumbrar una fugaz mueca de triunfo en sus facciones. A continuación, articuló unos sonidos extraordinariamente complejos, y todo a mi alrededor se difuminó, como si estuviera cayendo en un tercer sueño.<br />
Al desenredarme por fin de aquella pesadilla, me encontré tirado en medio de un desierto de limaduras metálicas, bajo la luz solitaria de una luna indiferente. Vanas fueron mis tentativas de reconstruir los sucesos de la víspera; reminiscencias de un libro prohibido, una sentencia desproporcionada, arena en mi garganta y laberintos mentales perturbaban mi pensamiento. Me puse de pie con lentitud; me sentía particularmente pesado. Extendí mi mano derecha, y el espectáculo que se manifestó ante mí me confundió, de ser posible, todavía más: mi cuerpo había cambiado; era más grande y mi piel más opaca; también vestía con una capa y un sombrero triangular que no había visto en mi vida; y cuando llevé la mano a mi pecho, noté que mi Digicore latía con mayor lentitud, como si mi sobreescritura se hubiera ralentizado. Barajé y descarté varias opciones; al final, decidí quedarme con dos: o bien esta era la continuación de un sueño bizarro, o bien había sido trasportado a otro universo. La primera opción me brindaba tranquilidad, pero la segunda parecía más probable.<br />
Caminé por la llanura hasta que el sol salió, ascendió hasta el cenit y comenzó a descender, ofrendando a mi vista un firmamento escarlata que jamás me había ofrecido ocaso alguno; solo entonces, rendido por el hambre y la fatiga, vislumbré en lontananza un pequeño conglomerado de rústicas tiendas de cuero. Llegué cuando los últimos vestigios del crepúsculo se deshilachaban en el horizonte, y comencé a mendigar comida y agua. Sea por cierto carácter inoportuno de mi súbito arribo, sea porque mi acento me delataba como forastero, o sea el arcano fruto de un ancestral mecanismo defensivo, no desperté piedad, ni siquiera indiferencia, sino repulsión, miedo y hasta odio.<br />
Arrojada por un diminuto ser de cuerpo mineral y ojos amarillos, una piedra me golpeó la cabeza; criaturas con forma de babosas me bañaron en excresencias; dos cucarachas me lanzaron basura, y una planta amarilla intentó darme latigazos; yo estaba aturdido, más por la actitud de mis atacantes que por el crudo impacto de los ataques. Entonces me levanté del suelo con las fuerzas que me quedaban, tomé mi cayado, lo apunté contra mis agresores y pronuncié arcanos vocablos de poder y terror, destinados a alterar la atmósfera; y he aquí que el nocturno cielo se pobló de nubes remotas, y cayó sobre la ciudad una lluvia de rayos y fuego, y muchos se replegaron, gritando que los desterrados del país de la magia habían regresado para vengarse; pero mi rabia se apagó como una leve llama en un vasto océano, porque mis fuerzas menguaban, y la consciencia de que pudiera cometer un asesinato amedrentó mi determinación; y la desoladora lluvia cesó, y las nubes se disiparon, y la luna brilló sobre un cielo apacible, ajeno a la violencia que antes había manifestado. En ese momento, la oscuridad vedó mis ojos, perdí noción del tiempo, y caí, como cuerpo muerto cae.<br />
Me despertó el calor del sol sobre la arena de hierro de aquella llanura salvaje; mis ropas me pesaban y me abrasaba la sed; intenté alzar la voz para clamar por agua, pero nadie la escuchó; entonces, por tercera vez en mi vida, me resigné a la muerte. Poco tiempo después, algo me golpeó la cabeza, y ante mis ojos apareció un cuenco de agua. Sin pensar en la posibilidad de haber sucumbido a un ardid de mi mente, bebí como se abrevan las bestias; el humilde elixir fue un manjar vigorizante para mi rendido cuerpo. Agradecido, levanté la cabeza, y llegué a vislumbrar una figura blanca, pequeña.<br />
–Gracias –dije, antes de que la noche cayera, una vez más, sobre mi consciencia.<br />
Cuando recuperé el conocimiento, resplandecían sobre mis ojos las estrellas inconcebibles, ya no estaba en el precario poblado, a mi espalda crepitaba una hoguera y sobre mi frente había un delicado paño frío. Me incorporé con esfuerzo y miré en torno: estaba en el linde de un bosque tropical; cerca de mí, avivando las llamas de una exigua fogata, había un felino bípedo, con una larga cola violácea ornamentada por un solitario anillo dorado, y dos guantes verdes terminados en garras, que supuse que era mi salvador; al escuchar mis movimientos, giró hacia mí y me ofreció una brocheta en cuya punta había unas cuantas setas asadas.<br />
–¿Qué quieres de mí? –pregunté.<br />
–Nada –respondió. Cierta delicadeza mal disimulada en su tono de voz me hizo pensar que el tiempo y el instinto de conservación le habían enseñado a ocultar sus sentimientos, pero que no lograba sobreponerse a su naturaleza gentil.<br />
–¿Entonces por qué me ayudaste?<br />
–Hice lo que cualquiera haría.<br />
No dije nada, y él (¿ella?) agregó:<br />
–Has pasado demasiado tiempo solo.<br />
No era una pregunta. Permanecí en silencio.<br />
–Lo sabía. Si pasas demasiado tiempo solo, tu corazón se volverá duro. A cualquiera le ocurriría. Inclusive a mí. Yo solo quiero ayudarte, asegurarme de que estés sano. Quédate aquí al menos esta noche. Cuando amanezca, podrás seguir tu camino. No te lo impediré. Te lo prometo.<br />
Entonces, al oír esas palabras, alcé mis ojos y me encontré con los celestes ojos de la felina, y me pareció que miraba de pronto en el corazón de un enemigo, y que allí encontraba amor y comprensión.<br />
–Está bien –dije–, Me quedaré. ¿Cuál es tu nombre?<br />
–Tailmon. ¿Y el tuyo?<br />
–Llámame Wizarmon –respondí, temeroso de que la críptica lengua de mi mundo avivara en ella miedos y susceptibilidades. Mi corazón me indicaba que confiara en ella, pero mi mente recomendaba la prudencia.<br />
–De acuerdo, Wizarmon. Descansa, por ahora. Mañana, si no quieres continuar viaje conmigo, no te lo impediré.<br />
Asentí, y dejé que la oscuridad velara mi mente. Me despertó la caricia del sol en mi costado. Abrí los ojos, entornándolos levemente a causa de la claridad, y me incorporé. Me encontraba en el mismo lugar; Tailmon había recolectado unas cuantas bayas y me ofreció un puñado; yo las acepté con gusto y me las llevé a la boca: eran dulces y jugosas. Las mastiqué con deleitante lentitud, degustando cada matiz posible; no había frutos así en el mundo del que procedía, pero no me atreví a hacer ese comentario. Comimos en silencio. Cuando terminamos, ella se puso de pie y anunció que tenía que proseguir con su misión; yo le dije que no tenía a dónde ir y me ofrecí a acompañarla, y mostró su conformidad, porque Vandemon-sama estaba recolectando colaboradores, y yo podría demostrar aptitudes.<br />
Anduvimos hasta un río de aguas tormentosas en cuya orilla había un pequeño bote a motor amarrado a un precario muelle de tablones. Durante el trayecto, estuve inquiriendo detalles de su vida: me comentó que era uno de los generales del ejército de Vandemon-sama, que desde que tenía memoria había estado a su servicio, y que él era un gran Digimon que velaba por el bien de la especie y del mundo en el que vivían. En ese momento, ella tenía la misión de encontrar siete artefactos que, según informes, estaban en una cueva al oeste de la isla, porque Vandemon-sama los necesitaba para algo.<br />
–¿Para qué?<br />
–No me lo dijo. Él sostiene que sus subordinados no deben conocer todos sus planes, solo limitarse a cumplir sus órdenes.<br />
–¿Y estás segura de que sus intenciones son buenas?<br />
–Sí –dijo ella con cierta vacilación–. Aunque a veces es un poco estricto –agregó, mientras inconscientemente frotaba su mano derecha.<br />
Entonces nos subimos en la embarcación, desatamos la cuerda, la guardamos en una mochila, encendimos el motor y dejamos que la nave se moviera, impulsada por la corriente. Al cabo de unos pocos minutos, llegamos a una pequeña caverna; a fin de acceder a ella, desenrollé la cuerda, la arrojé a las ramas de un árbol cercano, me fui volando hasta allí y amarré un nudo, para que sirviera de puente rudimentario. Tailmon intentó ingresar por ese frágil sendero, pero uno de sus pies zozobró, ella perdió el precario equilibrio y cayó a las turbulentas aguas. Yo estiré mi cayado para que lo usara de agarre, y ella consiguió hacerlo, y tras una prueba de fuerza muy dura para ambos, pudimos salvarnos de esa situación. Una vez a salvo dentro de la cueva, oímos un estruendo a nuestras espaldas y nos giramos: con incredulidad, con horror, con estupefacción, vimos que el río perdía su forma primigenia, y comenzaba a girar sobre sí mismo rápidamente, hasta desaparecer como absorbido por un vórtice que se había formado en el cielo.<br />
–¿Qué le está pasando a este mundo? –preguntó Tailmon. A mi mente acudieron imágenes de un libro infinitamente divisible, que contenía la historia de incontables universos, y supe que conocía la respuesta, pero decidí quedarme callado. En lugar de responder, encendí una fogata con mi magia y le pedí que se acercara al fuego y le ofrecí cubrirla con mi manto, pues ella aún estaba mojada. Accedió a todo, menos al manto, e inquirió:<br />
–¿Te has preguntado, alguna vez, qué hay más allá del horizonte? ¿Te has preguntado por qué la tarde brilla tanto y la noche es tan oscura? ¿Te has preguntado a dónde va el sol cuando desaparece en la noche?<br />
Por supuesto que me había hecho todas esas preguntas, en mi intimidad, cuando contemplaba otro cielo, en otro universo; había peregrinado por desiertos inconmensurables y me había sumergido en bibliotecas inconcebibles en busca de esas respuestas, pero no estaba de ánimo para hablar de esos viajes.<br />
–¿Por qué me preguntas eso de repente?<br />
–Por nada en particular. Es solo que me he sentido un poco desanimada hoy.<br />
–¿Es por mi causa?<br />
–¿Qué? ¡No! Es solo que esta no es la primera vez que veo que el mundo se deforma y desaparece. Eso me preocupa. Le he preguntado a Vandemon-sama y me respondió que eso no tendría que turbar mi determinación. Sin embargo, estoy intranquila. Desde que comenzaron las distorsiones, mis fuerzas han disminuido.<br />
–Eso no es bueno. Si tu salud está involucrada, debemos investigar.<br />
–No importa. Hay otras prioridades en este momento. He escuchado rumores del fin del mundo. ¿Los has oído?<br />
–No –mentí–. Pero he escuchado otras cosas. Puede parecer un cuento estúpido, y tal vez lo sea, pero he oído sobre la existencia de otros mundos como este, pero que se conforman de equilibrio entre energía positiva y negativa.<br />
–Eso es una tontería. Sin embargo, entiendo por qué alguien querría creer algo así. Es una especie de refugio para gente débil de mente, de corazón, de voluntad. Quieren consolarse pensando que, aunque este mundo es horrible, habrá otros que no lo sean tanto.<br />
No dije nada más. Nos sumergimos en la oscuridad de la cueva, buscando las siete etiquetas que Vandemon necesitaba. Cuando las encontramos, hubo otra distorsión en el mundo, y la cueva, junto con las etiquetas, fue a parar al fondo del mar. La fuerza del vórtice que apareció en aquella ocasión fue tan desproporcionada que arrastró a un Leomon y a un Ogremon que pasaban por esa zona a un área incógnita, e incluso Tailmon, consumidas gran parte de sus energías, estuvo a punto de sucumbir ante tan abrumadora potencia. Pero entonces, en alguna región remota del firmamento, sonó un silbato: un sonido diáfano, claro, dulce, ajeno al turbulento fragor del resto del universo, y como en respuesta, se alzó otra nota en otro rincón del cielo, una cándida voz infantil, distorsionada por la lejanía: “Ten necesito. Te estoy esperando. Siempre te estaré esperando”. Y como en virtud de una magia que trascendía todo mi conocimiento, esas simples y débiles palabras fueron suficientes para dotar a Tailmon de un brío descomunal, que le permitió escapar de la zona de influencia del vórtice.<br />
Estériles fueron todas mis inquisiciones sobre la voz; ella solo dijo que la misión había fracasado, dio la orden de regresar al castillo de Vandemon-sama y no articuló una palabra más en las quince jornadas de viaje; yo respeté su silencio, pero me asaltó la certeza de que sabía mucho más de lo que quería admitir sobre esa voz misteriosa. A medida que nos acercábamos a destino, las herramientas evolutivas de mi especie se percataron de ciertas vibraciones en el aire, que delataban el uso de hechicería imperceptible para los organismos de ese mundo; este nuevo género de magia ponía en alerta mi instinto de conservación, por motivos inescrutables a mi raciocinio. “El desconocimiento engendra pavor”, me dije, para no amilanarme. Llegamos a un castillo rodeado por una perenne capa de sombras; las leyes de la física que regían ese lugar asemejaban más a las que gobernaban mi patria que las del resto de este mundo al que aún no conseguía habituarme. Luego de un tiempo de errático caminar, llegamos a un amplio recinto cuadrado, iluminado por la escasa luz de una solitaria antorcha, y un ser esférico, de ojos amarillos y una calavera tatuada en medio de la frente salió a recibirnos, nos examinó con detenimiento y esbozo una sonrisa burlona.<br />
–Llegas tarde, sin los emblemas y acompañada por un pordiosero de aspecto horroroso; realmente no sé por qué Vandemon-sama sigue confiando en ti. ¿Qué tienes que decir?<br />
–¿A ti? Nada. Si tengo que comunicar algo, lo haré directamente ante Vandemon-sama.<br />
–Adelante, entonces –dijo una voz grave, vacía de piedad. Tailmon y la bola alada se pusieron de rodillas, con la frente en tierra, y mi compañera me indicó que hiciera lo mismo. En ese momento, una horda de murciélagos surcó la estancia y se arremolinó frente a nosotros, dando origen a un pequeño agujero negro del que surgió una figura bípeda, vestida con una mortaja, una capa y una visera que terminaba en dos cuernos rojos. –¿Tienes las etiquetas?<br />
–No, señor. Lo siento, pero…<br />
–No quiero escuchar tus excusas. Esto amerita vente latigazos. –Tailmon se estremeció, y Vandemon paseó su vista por el recinto y fijo sus fríos ojos azules en mí–. ¿Quién es él?<br />
–Es un Digimon que he reclutado para nuestras filas. Su nombre es Wizarmon. Es fiel y leal, y tiene conocimientos de magia.<br />
–Excelente. Sus conocimientos de magia me serán muy útiles. Pero por ahora, es bueno que aprenda algo de disciplina. Nos acompañará a la sala de torturas, para ver qué les sucede a los ineficientes.<br />
Descendimos a una mazmorra cuyo interior estaba poblado de herramientas de tortura de lo más variopintas y cuyas paredes estaban manchadas de sangre; una vez allí, Tailmon se colocó en un cepo que inmovilizó su cabeza y sus brazos, y dejó su espalda en una posición expuesta; entonces, Vandemon hizo aparecer de la nada un látigo de plasma rojo que dirigió con suma violencia contra la frágil columna vertebral. Al chasquido del látigo contra la carne siguió un grito de desgarradora agonía, y Tailmon tensó todo su cuerpo; Yo di un paso para intervenir, pero un gesto de Vandemon bastó para amedrentarme. Con impotente silencio contemplé como la tortura se repetía otras diecinueve veces; al final, el cepo fue abierto, mi compañera cayó al suelo de piedra, inerte, y su torturador se fue sin articular una palabra; solo entonces pude acercarme a ella para cerciorarme de su estado: el pulso latía rápido, peligrosamente rápido; los músculos estaban tensos, una cantidad considerable de sanguinolentas heridas le surcaban la espalda, y parecía desorientada y presa de los delirios, pues de su boca manaba, leve pero audible, una sola pregunta:<br />
–¿Dónde estás, Hikari?<br />
Me pregunté quién sería Hikari, pero luego me concentré en las heridas de mi frágil compañera. Utilicé magia para cicatrizar las laceraciones de su carne, y masajeé ciertos puntos para aliviar su tensión muscular; luego, la hice dormir por encantamiento y me quedé velando su sueño. A pesar de la potente brujería que había empleado, ella parecía estar bajo los efectos de una pesadilla; su cuerpo giraba y no cesaba de llamar a Hikari. Movido por irrespetuosa curiosidad, decidí usar mi telepatía. Harto vasta, intrincada y compleja es la mente: en un primer momento, me asaltaron imágenes sensoriales de todo tipo, que se combinaban en esperpénticas sinestesias; luego, cuando el manantial de información fue más leve, pude percibir ciertos recuerdos y pensamientos, pero todos se regían por un orden inasequible a mi comprensión: nevadas copas de árboles se mezclaban con el áspero tacto del látigo y el diáfano sabor del agua. A medida que me adentraba en las experiencias más remotas de Tailmon, su nitidez comenzaba a menguar: primero perdí las sensaciones gustativas; luego, las olfativas; más tarde, las táctiles; y al final, me encontré en una oscuridad insondable en la que una voz apacible me hablaba de una tal Hikari Yagami, de que ella vivía en otro mundo, de que yo había sido creada para protegerla…<br />
Una vez interrumpido el lazo telepático, experimenté un largo instante de zozobra en el que no supe si era un mago desterrado que había creído ser una gata nacida para defender a Hikari Yagami, o si era la gata y ahora creía ser el mago; consumida esa vacilación, me centré en mi compañera. Ella sostenía mi mano; su tacto difería de todo cuanto había experimentado hasta entonces: era simplemente pequeña y cálida; pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que quería saber, todas las cosas que debía saber; y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó: me enseñó que en el mundo real había un lugar como aquel que habían conformado mis sueños, y supe que lo que más me atraía de ese sitio era que ella formaba parte de él. Su despertar cortó aquella súbita y fugaz magia: sacudió la cabeza, se maldijo por dormirse y preguntó cuánto tiempo había pasado; yo le respondí que no lo sabía y cambié de tema rápidamente:<br />
–Oye, Tailmon.<br />
Ella me miró.<br />
–Creo que obedecer las órdenes de Vandemon-sama te está alejando de la luz.<br />
Pronuncié las tres sílabas de la palabra “Hikari” (luz) con cuidado, como esperando algún tipo de reacción. Ella las repitió varias veces, como pensando en algo, pero luego negó fuertemente con la cabeza y dijo, sin determinación, como quien recita una orden aprendida:<br />
–¡Wizarmon! Las órdenes de Vandemon-sama son incuestionables. Nuestro deber es hacer todo lo que dice, para garantizar que el mundo sea un lugar mejor.<br />
–Esa es una buena reflexión –dijo Vandemon al entrar nuevamente en la cámara. –Te sugiero tenerla en cuenta. Ahora, hay trabajo para ustedes.<br />
Luego de eso nos dividieron: Tailmon marchó por paraderos hostiles en busca de reclutas para engrosar las huestes de Vandemon; yo consumí mis tardes en la biblioteca, con la misión de averiguar el secreto del viaje entre universos. Dos lunas pasaron hasta que lo conseguí y se lo comuniqué a nuestro líder, que quería atacar el mundo de los humanos; en el momento en el que atravesé la puerta que me llevaría a aquel lugar, me sacudió la certidumbre de que allí encontraría mi destino.<br />
<br />
“¿He encontrado mi destino?”, me pregunté, cuando mi espalda golpeó el suelo de concreto. Unas voces llamaron mi nombre y alguien me sujeto la cabeza. Abrí con lentitud los ojos fatigados: blanca, frágil, hermosa, flexible pero fuerte, allí estaba ella, inundados los ojos por opacas lágrimas, y me pedía disculpas por algo que no llegaba a comprender.<br />
–¿De qué hablas? –pregunté.<br />
–Yo fui quien te involucró en esto –dijo ella.<br />
Entonces, se hizo clara ante mi mente la obvia verdad última, la respuesta del enigma, la salida del turbulento laberinto que mis pasos habían construido desde aquellos remotos días de mi infancia: mi destino era Tailmon. Y con un postrero esfuerzo de mi Digicore quise decírselo antes del fin, de mi fin:<br />
–No. Si no te hubiera conocido, seguiría viviendo sin sentido. Me siento muy feliz por haberte conocido.<br />
No pude decir más. Sus ojos fueron lo último que vi antes de que cayera la noche.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="center">想いが世界を繋ぐ<br />
Los sentimientos conectan los mundos.​</div>
<div align="right"> </div>
<div align="right"><span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Aquella melodía me hablaba de otro mundo, y lo que me atraía de aquel otro mundo era, quizá, que Shimamoto pertenecía a él.<br />
HARUKI MURAKAMI</span><br />
<br />
<br />
<span style="font-style: italic;" class="mycode_i">Voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre:<br />
Él moverá mi boca por la última vez.<br />
JUAN GELMAN</span>​</div>
<div align="justify"> </div>
<div align="justify">La horda de murciélagos surcó el cielo encapotado de pardas nubes, y se acercó, como un enjambre de heraldos de la muerte, a las dos figuras cándidas, frágiles. Mi mente tardó la décima parte de la milmillonésima parte de un segundo en procesar la información, y antes de que pudiera darme cuenta, estaba corriendo como nunca, ignorados el cansancio, las heridas e incluso el atávico instinto de conservación, movido por algo que los ceros y unos de mi estructura eran incapaces de comprender. El ataque me golpeó con una potencia arrolladora: oleada tras oleada de agudos colmillos atravesaron frágiles ropas, rasgaron piel, penetraron músculos, destrozaron vísceras, absorbieron sangre y despedazaron el núcleo de mi data; entonces se nubló mi vista y comprendí que mi historia había llegado a su fin: moriría como un exiliado, traidor a mi patria, en un mundo que no acababa de conocer del todo, presa del apetito voraz de los desalmados siervos de un demonio. ¿Por qué yo? ¿Qué arcano motivo, qué intrincada conjunción de causas y efectos insondables, qué bizarra deidad incógnita me llevaba a morir aquella tarde en aquel mundo? ¿Qué hado inescrutable, qué laberinto múltiple de pasos me habían llevado a ser lo que era? ¿Qué cara tendría yo ante el dios sin rostro que me aguardaba al otro lado de la muerte? Y como si mi cerebro hiciera un esfuerzo descomunal para resolver ese último misterio antes de apagarse por completo, sentí que el tiempo se ralentizaba, y ante mis ojos desfilaron, sin superposición ni trasparencia, imágenes de toda mi vida, cual si esperaran que su simultaneidad me permitiera dotarlas de un postrero significado secreto.<br />
<br />
<br />
En mi primer recuerdo lúcido, el mundo era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre. En aquel entonces no era un exiliado, y vivía feliz, conociendo un universo que a cada instante me deslumbraba con sus maravillas: las lejanas estrellas silenciosas; la frágil luna, que emitía su frágil luz; el sol, que imperaba en el firmamento; el día y la noche, que se superponían sin mezclarse; la incesante sobreescritura de data, que hacía que los paisajes cambiaran de forma aleatoria; pero sobre todo el horizonte, que prometía aventuras y misterios inenarrables. “¿Qué hay del otro lado del horizonte?”, me preguntaba a mí mismo y a otros, pero nadie supo darme una respuesta satisfactoria, acaso porque no la tenían, acaso porque la oscuridad de la situación mundial les vedaba el escrutinio de tales insignificancias. Yo era muy joven, pero no tardé mucho en comprender la gravedad de la situación: incontables lustros atrás, mi especie había sido exiliada de su universo de origen por propiciar un evento que casi culminó con su colapso; desde entonces, vagaron por cantidades inconcebibles de cosmos estrambóticos hasta alcanzar el lugar apropiado para el próspero desarrollo de nuestra peculiar biología; y en aquel momento, alcanzado el cénit de nuestra civilización, ciertos rebeldes que recordaban las eras previas al destierro estaban exacerbando a las influenciables multitudes con altisonantes discursos que llamaban a la venganza. Movidas por sabiduría o locura, las máximas autoridades condenaron a muerte a los iniciadores del movimiento rebelde; antes de que la hoz cegara el alma del último cabecilla, éste auguró que ese mundo sería devorado por los seres que habitaban del otro lado del cielo, como se profetizaba en la gran biblioteca; su ulterior grito de agonía fue suficiente para ahogar la llama de la rebelión en los colectivos, pero sus postreras palabras exacerbaron mi curiosidad , y fueron tal vez el motivo de que me lanzase a descubrir el mentado recinto.<br />
Mi temeridad y mi orgullo me embarcaron en una expedición desesperada para encontrarlo; cuando los víveres escasearon, estuve a punto de sucumbir a la locura, dejar que la luna y el sol jugaran con mi aciago destino y resignarme a la muerte, pero el instinto de conservación me obligó a seguir adelante. Una noche vi la silueta de una edificación blanca en medio del desierto y me dirigí allí; llegué tras muchas jornadas de viaje, mis fuerzas casi consumidas; confundido por el tamaño de la estructura, la había imaginado cercana. El edificio tenía solo una entrada, de roble y oro. Toqué; la puerta se abrió hacia adentro, como movida por una mano invisible; un vistazo fugaz me bastó para darme cuenta de que había llegado a destino; una vez dentro, la puerta se cerró a mis espaldas, silenciosa, y luego desapareció, y supe que no había vuelta atrás.<br />
La biblioteca se componía de un número indefinido (acaso infinito) de galerías hexagonales de distribución invariable, con bastos pozos de ventilación en el centro, cercados por barandas bajísimas y escaleras espirales que se dilataban hasta lo recóndito; su luz (su insuficiente luz) tenía origen en las llamas violáceas de mortecinas velas de obsidiana; la frágil flama dañaba la vista, pero reemplazarla era imposible, merced a azarosas leyes físicas. Altos, umbríos, taciturnos, quizá díscolos, los bibliotecarios escrutaban los fortuitos signos, ignorada la fatiga, movidos por el afán de encontrar un significado trascendente. Nadie me vio entrar en el unánime recinto, nadie vio mi figura perderse entre los anaqueles sacros, pero al cabo de pocos segundos nadie ignoraba que me había unido al anónimo ejército de guardianes de la ubicua estancia. La temática de las obras era dispar: volúmenes que compilaban cosmogonías improbables se agostaban junto a otros que cobijaban grafemas aleatorios; yo consagré a todos igual atención, y una vez consumidos, los restituí a su lugar de origen, acaso temeroso de violentar cierto orden cósmico. Estérilmente fatigué cinco anaqueles enteros; nada satisfizo mi curiosidad. Entonces, decidí consultar a mis compañeros. Atrofiada por su falta de uso, mi lengua tardó en encontrar las palabras, y cuando lo hizo, estas se oyeron débiles y vacilantes, además de blasfemas, por perturbar el sempiterno silencio. Pregunté por las profecías que hablaban de que el mundo sería devorado por seres de más allá del cielo, y me respondieron que las desconocían; pregunté si había un catálogo de libros, y me respondieron que sí; pregunté dónde estaba, y me respondieron que en alguno de los anaqueles; pregunté en cuál, y guardaron silencio; pregunté quién era el director de la biblioteca, y me respondieron que era AncientWisemon; pregunté si podía verlo, y me respondieron que sí, si podía encontrarlo; pregunté dónde estaba y me dijeron que en el centro de la biblioteca; pregunté dónde estaba el centro, y me respondieron que en ninguna parte, porque era infinita; entonces ellos me preguntaron cuál era el centro de un círculo infinito, y no supe qué contestar.<br />
Esa noche, mis sueños concibieron una estancia blanca, vacía, que se dilataba indefinidamente; los puntos de referencia eran nulos; el miedo a extraviarme me mantuvo en mi sitio, pero imaginé que la necesidad de alimento me obligaría a desplazarme. Al poco tiempo sentí un apetito que poco después trasmutó en hambre voraz; a punto de sucumbir a la autofagia, una voz incógnita, acaso un postrero juego de mi mente, me interrogó sobre la forma de ese recinto blanco, y yo respondí que la desconocía; afirmó que era esférica, y sostuve que no podía ser, porque no se veía la circunferencia; preguntó dónde estaba la circunferencia de una esfera infinita, y le respondí que en ninguna parte.<br />
–¿Y su centro?<br />
–En todas partes –respondí.<br />
El ulterior silencio fue perturbado por el murmullo de la lluvia. Levanté la cabeza para mendigar las humildes gotas de agua, pero el traslúcido manjar adquirió en mi garganta la consistencia áspera de la arena. Tosí, tuve arcadas, me ahogué, mi pensamiento voló a lo lejos y mis ojos no vieron más. Desperté en uno de los hexágonos de la biblioteca; cierta anomalía en la luz decrépita de las velas y en el arbitrario orden de los volúmenes me indicaron que estaba en un sueño dentro del primero. Temeroso de las próximas triquiñuelas de mi mente, busqué sumergirme en la lectura. Había un libro cerrado sobre un atril, esperando a que lo abriera; quizás noté el peligro, pero decidí continuar con mi ilusión autoimpuesta.<br />
El volumen no difería en tamaño del resto, pero resaltaba la falta de ornamento en su cubierta: ni un solitario grafema que indicara el tema de la obra maculaba el negro cuero de la portada. Lo abrí con la intensión de olvidar el vacuo recinto blanco, pero su inconmensurable complejidad no solo consiguió eso, sino que casi me abstrae de mi propia existencia: las letras se superponían una con otra,, sin trasparencia, enhebrando fábulas heterogéneas, pero eso no impedía su clara decodificación; el orden y características de cada uno de los textos padecía permanentes permutaciones, como si se corrigiera a sí mismo, y el número de grafemas aparentaba crecer. Incluso las páginas se comportaban en modo anómalo: yo habría jurado que no había avanzado de la primera hoja, pero el libro estaba abierto por la mitad, y todos mis intentos por revertir esa situación fueron estériles. Con la vertiginosa certidumbre de que estaba desperdiciando una efímera oportunidad irrepetible, concentré mi vista en una línea aleatoria de tantas y la leí en voz alta: “Los señores de las tinieblas buscan por todos los medios sellar los cuatro pilares del mundo para ganar poder”. Dos veces se propagaron estas palabras por el exiguo recinto, pero la clara diferencia de tonalidades descartó la posibilidad de que alguna fuese eco. Levanté la cabeza: delante de mí se agazapaba una figura vestida de verde y plata, con sabiduría impresa en los claros ojos amarillos y majestuosa autoridad en la gallarda figura.<br />
–¿AncientWisemon? –pregunté.<br />
–¿AncientWisemon? –repitió él lentamente, como masticando la palabra, degustándola. Yo me estremecí; su voz era la misma que me había interrogado sobre el centro de una esfera infinita–. Sí. Ese era el nombre. Yo era AncientWisemon. Pero eso fue antes, mucho antes: antes de mi brutal fracaso como mago, antes de que mi raza fuera desterrada por mi culpa, antes de los lustros de peregrinaje entre universos, antes de encontrar la biblioteca, antes de convertirme en su guardián. Ahora no soy más que el custodio de un libro tautológico.<br />
–¿Qué es este libro?<br />
–Desde que llegué a este mundo me estoy haciendo la misma pregunta. El libro es; el resto del universo es una simple copia de él. Y es infinito, como infinita es la totalidad de la existencia. La lógica nos diría que el libro es intrascendente, porque su riguroso registro es vano, pero al mismo tiempo es fundamental, porque la experiencia ha demostrado que cualquier alteración en su materia provoca cambios en los universos, y tal vez destruirlo acarree un cataclismo desproporcionado. Tú, por ejemplo, al leer esa línea, produjiste una alteración en el espacio tiempo del universo que se mencionaba en ella, justamente de aquél que desterró a nuestra raza, y creaste una nueva versión alternativa del mismo, probablemente condenándolo a su desaparición.<br />
–¿Y por qué no lo impediste, como guardián que eres?<br />
–Quizá por pereza o negligencia, quizá porque el destino de los universos me es indiferente, quizá porque quería ver qué tan lejos llegabas, quizá porque estás soñando y nada de esto tiene sentido, o tal vez porque tengo oscuros motivos secretos. ¿Tú qué crees?<br />
No respondí.<br />
–Bueno, sinceramente no importa. El punto es que, como guardián, tengo el deber de castigarte. Ahora que HAS LEÍDO el libro, no puedo dejar que vuelvas aquí. Por eso tengo que desterrarte de la biblioteca, y de Witchelny.<br />
–¿Me concederías una última merced antes de que la sentencia sea cumplida? Quiero ir al mundo del que leí, aquel que dices que está en peligro por mi culpa.<br />
–No hay problema –dijo él, y me pareció vislumbrar una fugaz mueca de triunfo en sus facciones. A continuación, articuló unos sonidos extraordinariamente complejos, y todo a mi alrededor se difuminó, como si estuviera cayendo en un tercer sueño.<br />
Al desenredarme por fin de aquella pesadilla, me encontré tirado en medio de un desierto de limaduras metálicas, bajo la luz solitaria de una luna indiferente. Vanas fueron mis tentativas de reconstruir los sucesos de la víspera; reminiscencias de un libro prohibido, una sentencia desproporcionada, arena en mi garganta y laberintos mentales perturbaban mi pensamiento. Me puse de pie con lentitud; me sentía particularmente pesado. Extendí mi mano derecha, y el espectáculo que se manifestó ante mí me confundió, de ser posible, todavía más: mi cuerpo había cambiado; era más grande y mi piel más opaca; también vestía con una capa y un sombrero triangular que no había visto en mi vida; y cuando llevé la mano a mi pecho, noté que mi Digicore latía con mayor lentitud, como si mi sobreescritura se hubiera ralentizado. Barajé y descarté varias opciones; al final, decidí quedarme con dos: o bien esta era la continuación de un sueño bizarro, o bien había sido trasportado a otro universo. La primera opción me brindaba tranquilidad, pero la segunda parecía más probable.<br />
Caminé por la llanura hasta que el sol salió, ascendió hasta el cenit y comenzó a descender, ofrendando a mi vista un firmamento escarlata que jamás me había ofrecido ocaso alguno; solo entonces, rendido por el hambre y la fatiga, vislumbré en lontananza un pequeño conglomerado de rústicas tiendas de cuero. Llegué cuando los últimos vestigios del crepúsculo se deshilachaban en el horizonte, y comencé a mendigar comida y agua. Sea por cierto carácter inoportuno de mi súbito arribo, sea porque mi acento me delataba como forastero, o sea el arcano fruto de un ancestral mecanismo defensivo, no desperté piedad, ni siquiera indiferencia, sino repulsión, miedo y hasta odio.<br />
Arrojada por un diminuto ser de cuerpo mineral y ojos amarillos, una piedra me golpeó la cabeza; criaturas con forma de babosas me bañaron en excresencias; dos cucarachas me lanzaron basura, y una planta amarilla intentó darme latigazos; yo estaba aturdido, más por la actitud de mis atacantes que por el crudo impacto de los ataques. Entonces me levanté del suelo con las fuerzas que me quedaban, tomé mi cayado, lo apunté contra mis agresores y pronuncié arcanos vocablos de poder y terror, destinados a alterar la atmósfera; y he aquí que el nocturno cielo se pobló de nubes remotas, y cayó sobre la ciudad una lluvia de rayos y fuego, y muchos se replegaron, gritando que los desterrados del país de la magia habían regresado para vengarse; pero mi rabia se apagó como una leve llama en un vasto océano, porque mis fuerzas menguaban, y la consciencia de que pudiera cometer un asesinato amedrentó mi determinación; y la desoladora lluvia cesó, y las nubes se disiparon, y la luna brilló sobre un cielo apacible, ajeno a la violencia que antes había manifestado. En ese momento, la oscuridad vedó mis ojos, perdí noción del tiempo, y caí, como cuerpo muerto cae.<br />
Me despertó el calor del sol sobre la arena de hierro de aquella llanura salvaje; mis ropas me pesaban y me abrasaba la sed; intenté alzar la voz para clamar por agua, pero nadie la escuchó; entonces, por tercera vez en mi vida, me resigné a la muerte. Poco tiempo después, algo me golpeó la cabeza, y ante mis ojos apareció un cuenco de agua. Sin pensar en la posibilidad de haber sucumbido a un ardid de mi mente, bebí como se abrevan las bestias; el humilde elixir fue un manjar vigorizante para mi rendido cuerpo. Agradecido, levanté la cabeza, y llegué a vislumbrar una figura blanca, pequeña.<br />
–Gracias –dije, antes de que la noche cayera, una vez más, sobre mi consciencia.<br />
Cuando recuperé el conocimiento, resplandecían sobre mis ojos las estrellas inconcebibles, ya no estaba en el precario poblado, a mi espalda crepitaba una hoguera y sobre mi frente había un delicado paño frío. Me incorporé con esfuerzo y miré en torno: estaba en el linde de un bosque tropical; cerca de mí, avivando las llamas de una exigua fogata, había un felino bípedo, con una larga cola violácea ornamentada por un solitario anillo dorado, y dos guantes verdes terminados en garras, que supuse que era mi salvador; al escuchar mis movimientos, giró hacia mí y me ofreció una brocheta en cuya punta había unas cuantas setas asadas.<br />
–¿Qué quieres de mí? –pregunté.<br />
–Nada –respondió. Cierta delicadeza mal disimulada en su tono de voz me hizo pensar que el tiempo y el instinto de conservación le habían enseñado a ocultar sus sentimientos, pero que no lograba sobreponerse a su naturaleza gentil.<br />
–¿Entonces por qué me ayudaste?<br />
–Hice lo que cualquiera haría.<br />
No dije nada, y él (¿ella?) agregó:<br />
–Has pasado demasiado tiempo solo.<br />
No era una pregunta. Permanecí en silencio.<br />
–Lo sabía. Si pasas demasiado tiempo solo, tu corazón se volverá duro. A cualquiera le ocurriría. Inclusive a mí. Yo solo quiero ayudarte, asegurarme de que estés sano. Quédate aquí al menos esta noche. Cuando amanezca, podrás seguir tu camino. No te lo impediré. Te lo prometo.<br />
Entonces, al oír esas palabras, alcé mis ojos y me encontré con los celestes ojos de la felina, y me pareció que miraba de pronto en el corazón de un enemigo, y que allí encontraba amor y comprensión.<br />
–Está bien –dije–, Me quedaré. ¿Cuál es tu nombre?<br />
–Tailmon. ¿Y el tuyo?<br />
–Llámame Wizarmon –respondí, temeroso de que la críptica lengua de mi mundo avivara en ella miedos y susceptibilidades. Mi corazón me indicaba que confiara en ella, pero mi mente recomendaba la prudencia.<br />
–De acuerdo, Wizarmon. Descansa, por ahora. Mañana, si no quieres continuar viaje conmigo, no te lo impediré.<br />
Asentí, y dejé que la oscuridad velara mi mente. Me despertó la caricia del sol en mi costado. Abrí los ojos, entornándolos levemente a causa de la claridad, y me incorporé. Me encontraba en el mismo lugar; Tailmon había recolectado unas cuantas bayas y me ofreció un puñado; yo las acepté con gusto y me las llevé a la boca: eran dulces y jugosas. Las mastiqué con deleitante lentitud, degustando cada matiz posible; no había frutos así en el mundo del que procedía, pero no me atreví a hacer ese comentario. Comimos en silencio. Cuando terminamos, ella se puso de pie y anunció que tenía que proseguir con su misión; yo le dije que no tenía a dónde ir y me ofrecí a acompañarla, y mostró su conformidad, porque Vandemon-sama estaba recolectando colaboradores, y yo podría demostrar aptitudes.<br />
Anduvimos hasta un río de aguas tormentosas en cuya orilla había un pequeño bote a motor amarrado a un precario muelle de tablones. Durante el trayecto, estuve inquiriendo detalles de su vida: me comentó que era uno de los generales del ejército de Vandemon-sama, que desde que tenía memoria había estado a su servicio, y que él era un gran Digimon que velaba por el bien de la especie y del mundo en el que vivían. En ese momento, ella tenía la misión de encontrar siete artefactos que, según informes, estaban en una cueva al oeste de la isla, porque Vandemon-sama los necesitaba para algo.<br />
–¿Para qué?<br />
–No me lo dijo. Él sostiene que sus subordinados no deben conocer todos sus planes, solo limitarse a cumplir sus órdenes.<br />
–¿Y estás segura de que sus intenciones son buenas?<br />
–Sí –dijo ella con cierta vacilación–. Aunque a veces es un poco estricto –agregó, mientras inconscientemente frotaba su mano derecha.<br />
Entonces nos subimos en la embarcación, desatamos la cuerda, la guardamos en una mochila, encendimos el motor y dejamos que la nave se moviera, impulsada por la corriente. Al cabo de unos pocos minutos, llegamos a una pequeña caverna; a fin de acceder a ella, desenrollé la cuerda, la arrojé a las ramas de un árbol cercano, me fui volando hasta allí y amarré un nudo, para que sirviera de puente rudimentario. Tailmon intentó ingresar por ese frágil sendero, pero uno de sus pies zozobró, ella perdió el precario equilibrio y cayó a las turbulentas aguas. Yo estiré mi cayado para que lo usara de agarre, y ella consiguió hacerlo, y tras una prueba de fuerza muy dura para ambos, pudimos salvarnos de esa situación. Una vez a salvo dentro de la cueva, oímos un estruendo a nuestras espaldas y nos giramos: con incredulidad, con horror, con estupefacción, vimos que el río perdía su forma primigenia, y comenzaba a girar sobre sí mismo rápidamente, hasta desaparecer como absorbido por un vórtice que se había formado en el cielo.<br />
–¿Qué le está pasando a este mundo? –preguntó Tailmon. A mi mente acudieron imágenes de un libro infinitamente divisible, que contenía la historia de incontables universos, y supe que conocía la respuesta, pero decidí quedarme callado. En lugar de responder, encendí una fogata con mi magia y le pedí que se acercara al fuego y le ofrecí cubrirla con mi manto, pues ella aún estaba mojada. Accedió a todo, menos al manto, e inquirió:<br />
–¿Te has preguntado, alguna vez, qué hay más allá del horizonte? ¿Te has preguntado por qué la tarde brilla tanto y la noche es tan oscura? ¿Te has preguntado a dónde va el sol cuando desaparece en la noche?<br />
Por supuesto que me había hecho todas esas preguntas, en mi intimidad, cuando contemplaba otro cielo, en otro universo; había peregrinado por desiertos inconmensurables y me había sumergido en bibliotecas inconcebibles en busca de esas respuestas, pero no estaba de ánimo para hablar de esos viajes.<br />
–¿Por qué me preguntas eso de repente?<br />
–Por nada en particular. Es solo que me he sentido un poco desanimada hoy.<br />
–¿Es por mi causa?<br />
–¿Qué? ¡No! Es solo que esta no es la primera vez que veo que el mundo se deforma y desaparece. Eso me preocupa. Le he preguntado a Vandemon-sama y me respondió que eso no tendría que turbar mi determinación. Sin embargo, estoy intranquila. Desde que comenzaron las distorsiones, mis fuerzas han disminuido.<br />
–Eso no es bueno. Si tu salud está involucrada, debemos investigar.<br />
–No importa. Hay otras prioridades en este momento. He escuchado rumores del fin del mundo. ¿Los has oído?<br />
–No –mentí–. Pero he escuchado otras cosas. Puede parecer un cuento estúpido, y tal vez lo sea, pero he oído sobre la existencia de otros mundos como este, pero que se conforman de equilibrio entre energía positiva y negativa.<br />
–Eso es una tontería. Sin embargo, entiendo por qué alguien querría creer algo así. Es una especie de refugio para gente débil de mente, de corazón, de voluntad. Quieren consolarse pensando que, aunque este mundo es horrible, habrá otros que no lo sean tanto.<br />
No dije nada más. Nos sumergimos en la oscuridad de la cueva, buscando las siete etiquetas que Vandemon necesitaba. Cuando las encontramos, hubo otra distorsión en el mundo, y la cueva, junto con las etiquetas, fue a parar al fondo del mar. La fuerza del vórtice que apareció en aquella ocasión fue tan desproporcionada que arrastró a un Leomon y a un Ogremon que pasaban por esa zona a un área incógnita, e incluso Tailmon, consumidas gran parte de sus energías, estuvo a punto de sucumbir ante tan abrumadora potencia. Pero entonces, en alguna región remota del firmamento, sonó un silbato: un sonido diáfano, claro, dulce, ajeno al turbulento fragor del resto del universo, y como en respuesta, se alzó otra nota en otro rincón del cielo, una cándida voz infantil, distorsionada por la lejanía: “Ten necesito. Te estoy esperando. Siempre te estaré esperando”. Y como en virtud de una magia que trascendía todo mi conocimiento, esas simples y débiles palabras fueron suficientes para dotar a Tailmon de un brío descomunal, que le permitió escapar de la zona de influencia del vórtice.<br />
Estériles fueron todas mis inquisiciones sobre la voz; ella solo dijo que la misión había fracasado, dio la orden de regresar al castillo de Vandemon-sama y no articuló una palabra más en las quince jornadas de viaje; yo respeté su silencio, pero me asaltó la certeza de que sabía mucho más de lo que quería admitir sobre esa voz misteriosa. A medida que nos acercábamos a destino, las herramientas evolutivas de mi especie se percataron de ciertas vibraciones en el aire, que delataban el uso de hechicería imperceptible para los organismos de ese mundo; este nuevo género de magia ponía en alerta mi instinto de conservación, por motivos inescrutables a mi raciocinio. “El desconocimiento engendra pavor”, me dije, para no amilanarme. Llegamos a un castillo rodeado por una perenne capa de sombras; las leyes de la física que regían ese lugar asemejaban más a las que gobernaban mi patria que las del resto de este mundo al que aún no conseguía habituarme. Luego de un tiempo de errático caminar, llegamos a un amplio recinto cuadrado, iluminado por la escasa luz de una solitaria antorcha, y un ser esférico, de ojos amarillos y una calavera tatuada en medio de la frente salió a recibirnos, nos examinó con detenimiento y esbozo una sonrisa burlona.<br />
–Llegas tarde, sin los emblemas y acompañada por un pordiosero de aspecto horroroso; realmente no sé por qué Vandemon-sama sigue confiando en ti. ¿Qué tienes que decir?<br />
–¿A ti? Nada. Si tengo que comunicar algo, lo haré directamente ante Vandemon-sama.<br />
–Adelante, entonces –dijo una voz grave, vacía de piedad. Tailmon y la bola alada se pusieron de rodillas, con la frente en tierra, y mi compañera me indicó que hiciera lo mismo. En ese momento, una horda de murciélagos surcó la estancia y se arremolinó frente a nosotros, dando origen a un pequeño agujero negro del que surgió una figura bípeda, vestida con una mortaja, una capa y una visera que terminaba en dos cuernos rojos. –¿Tienes las etiquetas?<br />
–No, señor. Lo siento, pero…<br />
–No quiero escuchar tus excusas. Esto amerita vente latigazos. –Tailmon se estremeció, y Vandemon paseó su vista por el recinto y fijo sus fríos ojos azules en mí–. ¿Quién es él?<br />
–Es un Digimon que he reclutado para nuestras filas. Su nombre es Wizarmon. Es fiel y leal, y tiene conocimientos de magia.<br />
–Excelente. Sus conocimientos de magia me serán muy útiles. Pero por ahora, es bueno que aprenda algo de disciplina. Nos acompañará a la sala de torturas, para ver qué les sucede a los ineficientes.<br />
Descendimos a una mazmorra cuyo interior estaba poblado de herramientas de tortura de lo más variopintas y cuyas paredes estaban manchadas de sangre; una vez allí, Tailmon se colocó en un cepo que inmovilizó su cabeza y sus brazos, y dejó su espalda en una posición expuesta; entonces, Vandemon hizo aparecer de la nada un látigo de plasma rojo que dirigió con suma violencia contra la frágil columna vertebral. Al chasquido del látigo contra la carne siguió un grito de desgarradora agonía, y Tailmon tensó todo su cuerpo; Yo di un paso para intervenir, pero un gesto de Vandemon bastó para amedrentarme. Con impotente silencio contemplé como la tortura se repetía otras diecinueve veces; al final, el cepo fue abierto, mi compañera cayó al suelo de piedra, inerte, y su torturador se fue sin articular una palabra; solo entonces pude acercarme a ella para cerciorarme de su estado: el pulso latía rápido, peligrosamente rápido; los músculos estaban tensos, una cantidad considerable de sanguinolentas heridas le surcaban la espalda, y parecía desorientada y presa de los delirios, pues de su boca manaba, leve pero audible, una sola pregunta:<br />
–¿Dónde estás, Hikari?<br />
Me pregunté quién sería Hikari, pero luego me concentré en las heridas de mi frágil compañera. Utilicé magia para cicatrizar las laceraciones de su carne, y masajeé ciertos puntos para aliviar su tensión muscular; luego, la hice dormir por encantamiento y me quedé velando su sueño. A pesar de la potente brujería que había empleado, ella parecía estar bajo los efectos de una pesadilla; su cuerpo giraba y no cesaba de llamar a Hikari. Movido por irrespetuosa curiosidad, decidí usar mi telepatía. Harto vasta, intrincada y compleja es la mente: en un primer momento, me asaltaron imágenes sensoriales de todo tipo, que se combinaban en esperpénticas sinestesias; luego, cuando el manantial de información fue más leve, pude percibir ciertos recuerdos y pensamientos, pero todos se regían por un orden inasequible a mi comprensión: nevadas copas de árboles se mezclaban con el áspero tacto del látigo y el diáfano sabor del agua. A medida que me adentraba en las experiencias más remotas de Tailmon, su nitidez comenzaba a menguar: primero perdí las sensaciones gustativas; luego, las olfativas; más tarde, las táctiles; y al final, me encontré en una oscuridad insondable en la que una voz apacible me hablaba de una tal Hikari Yagami, de que ella vivía en otro mundo, de que yo había sido creada para protegerla…<br />
Una vez interrumpido el lazo telepático, experimenté un largo instante de zozobra en el que no supe si era un mago desterrado que había creído ser una gata nacida para defender a Hikari Yagami, o si era la gata y ahora creía ser el mago; consumida esa vacilación, me centré en mi compañera. Ella sostenía mi mano; su tacto difería de todo cuanto había experimentado hasta entonces: era simplemente pequeña y cálida; pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que quería saber, todas las cosas que debía saber; y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó: me enseñó que en el mundo real había un lugar como aquel que habían conformado mis sueños, y supe que lo que más me atraía de ese sitio era que ella formaba parte de él. Su despertar cortó aquella súbita y fugaz magia: sacudió la cabeza, se maldijo por dormirse y preguntó cuánto tiempo había pasado; yo le respondí que no lo sabía y cambié de tema rápidamente:<br />
–Oye, Tailmon.<br />
Ella me miró.<br />
–Creo que obedecer las órdenes de Vandemon-sama te está alejando de la luz.<br />
Pronuncié las tres sílabas de la palabra “Hikari” (luz) con cuidado, como esperando algún tipo de reacción. Ella las repitió varias veces, como pensando en algo, pero luego negó fuertemente con la cabeza y dijo, sin determinación, como quien recita una orden aprendida:<br />
–¡Wizarmon! Las órdenes de Vandemon-sama son incuestionables. Nuestro deber es hacer todo lo que dice, para garantizar que el mundo sea un lugar mejor.<br />
–Esa es una buena reflexión –dijo Vandemon al entrar nuevamente en la cámara. –Te sugiero tenerla en cuenta. Ahora, hay trabajo para ustedes.<br />
Luego de eso nos dividieron: Tailmon marchó por paraderos hostiles en busca de reclutas para engrosar las huestes de Vandemon; yo consumí mis tardes en la biblioteca, con la misión de averiguar el secreto del viaje entre universos. Dos lunas pasaron hasta que lo conseguí y se lo comuniqué a nuestro líder, que quería atacar el mundo de los humanos; en el momento en el que atravesé la puerta que me llevaría a aquel lugar, me sacudió la certidumbre de que allí encontraría mi destino.<br />
<br />
“¿He encontrado mi destino?”, me pregunté, cuando mi espalda golpeó el suelo de concreto. Unas voces llamaron mi nombre y alguien me sujeto la cabeza. Abrí con lentitud los ojos fatigados: blanca, frágil, hermosa, flexible pero fuerte, allí estaba ella, inundados los ojos por opacas lágrimas, y me pedía disculpas por algo que no llegaba a comprender.<br />
–¿De qué hablas? –pregunté.<br />
–Yo fui quien te involucró en esto –dijo ella.<br />
Entonces, se hizo clara ante mi mente la obvia verdad última, la respuesta del enigma, la salida del turbulento laberinto que mis pasos habían construido desde aquellos remotos días de mi infancia: mi destino era Tailmon. Y con un postrero esfuerzo de mi Digicore quise decírselo antes del fin, de mi fin:<br />
–No. Si no te hubiera conocido, seguiría viviendo sin sentido. Me siento muy feliz por haberte conocido.<br />
No pude decir más. Sus ojos fueron lo último que vi antes de que cayera la noche.</div>]]></content:encoded>
		</item>
		<item>
			<title><![CDATA[Digimon Reset]]></title>
			<link>https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=86</link>
			<pubDate>Sat, 18 Jul 2020 23:40:12 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://digisoul.net/foro/member.php?action=profile&uid=572">Mitsuki</a>]]></dc:creator>
			<guid isPermaLink="false">https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=86</guid>
			<description><![CDATA[<div align="right">Saccheggiatrice d’inerzie e dolori,<br />
Notte; difesa ai silenzi,<br />
L’età rigermina<br />
Delle oblique tristezze.<br />
<br />
E vedo in me fanciulli<br />
Leggiadri ancora sull’anca<br />
Al declivio delle conchiglie<br />
Turbarsi alla mia voce mutata.<br />
SALVATORE QUASIMODO</div>
<div align="center"> </div>
<div align="center">Digimon Reset<br />
デジモンリセット<br />
<br />
Libro primero: La llamada de las tinieblas<br />
最初本、闇呼<br />
<br />
Capítulo 1: La extinción de la luz<br />
第一章、光消</div>
<div align="right">Yo, de niño, temía que el espejo<br />
Me mostrara otra cara o una ciega<br />
Máscara impersonal que ocultaría<br />
Algo sin duda atroz. Temí asimismo<br />
Que el silencioso tiempo del espejo<br />
Se desviara del curso cotidiano<br />
De las horas y del hombre y hospedara<br />
En su vago confín imaginario<br />
Seres y formas y colores nuevos.<br />
(A nadie se lo dije; el niño es tímido).<br />
JORGE LUIS BORGES.</div>
<div align="justify">
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Cuando logró por fin desligarse de aquella pesadilla, la chica se sentó, intentando en vano reconstruir las imágenes que su mente había creado para su tormento, sin más resultado que el menguante recuerdo de una amalgama enigmática de angustia y miedo cuya familiaridad le hizo darse cuenta de que no era la primera vez que aquella manifestación onírica se ensañaba con sus noches. Mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad imperante en el cuarto, se enjugó las lágrimas y se secó el sudor de la frente; luego se puso de pie, miró a través de la ventana el urbano paisaje nocturno de Odaiba, y recordó otra noche remota, la del dos de agosto de 1999, en la que había estado en vela, esperando el regreso de uno de los seres más importantes de su mundo. “Cuánto me gustaría que estuvieras aquí conmigo”, pensó, y fue en busca del objeto que la unía a ese ser, lo tomó y lo presionó con fuerza contra su pecho. Hacía casi tres años que no reaccionaba, pero ninguno de los ocho viajeros se había deshecho del suyo, quizá menos porque conservaran la esperanza de que algún día volverían a ver a sus amigos que por la necesidad de confirmar que eso había ocurrido realmente.<br />
<br />
En la cama superior, Taichi Yagami, despierto desde mucho, se había convertido en un involuntario centinela silencioso de los padecimientos de su hermanita, pero sabía, por la frustración que trae consigo la experiencia del fracaso reiterado, que cualquier intento de indagar sobre las causas de sus penas caería en terreno estéril, porque Hikari acostumbraba privilegiar el bienestar ajeno por sobre el propio, costumbre que la había llevado al borde de la muerte en dos ocasiones, a pesar de sus precoces once primaveras. Por eso la observaba en silencio, buscando algún mínimo indicio de la bruma indecible que anidaba en su alma. Escuchó cómo sus sollozos mutaban en ininteligibles gemidos de angustia, y la vio despertar, sentarse en la cama, mirar por la ventana, tomar su Digivice, contemplarlo un segundo y apretarlo contra su pecho hasta que las señales de congoja fueron reemplazadas por expresiones de algo que la mayoría hubiera confundido con tranquilidad, pero que él sabía era resignación.<br />
Poco tiempo más tarde, ambos hermanos estaban casi listos para partir a la escuela, mientras el telediario hablaba del florecimiento de los cerezos en las diversas zonas de Japón. Al ver eso, Taichi recordó su compromiso anual de ir a contemplarlos con Sora Takenouchi, su mejor amiga, y se volteó hacia su hermana para pedirle que los acompañara. Entonces, una sombra de preocupación inquietó su pensamiento: ella se había ensimismado al punto de dejar el plato intacto y parecía estar muy entretenida contemplando su reflejo en el té verde. Si bien era cierto que Hikari tendía a abstraerse del mundo, su comportamiento en esta ocasión fue tan inusual que hasta la propia señora Yagami tuvo que preguntarle por su estado. La pequeña se quedó un instante en suspenso, pero luego articuló un “Estoy bien” tan apático, tan vacío, tan antinatural que no hizo más que acrecentar las preocupaciones de su madre. Turbada e insatisfecha, la señora intentó colocar su palma en la frente de su hija, pero la pequeña se lo impidió al grito de: “¡No me toques! ¡Te dije que estoy bien!”, para luego tomar su mochila y abandonar la casa rápidamente, sin siquiera despedirse. Los miembros restantes de la familia intercambiaron una mirada que conjugaba el estupor con la incredulidad, y tras unos segundos de tenso silencio, el señor Yagami solicitó a su vástago que fuera tras ella para cuidarla.<br />
Taichi la alcanzó cuando había descendido la mitad de las escaleras y la escoltó, silencioso, hasta la puerta de su institución educativa. Antes de separarse de ella, la miró a los ojos y le preguntó:<br />
—¿Hay algo que quieras decirme?<br />
Hikari lo contempló largamente.<br />
—No —dijo.<br />
<br />
En otro edificio de la misma prefectura, un joven rubio se dirigía por primera vez a la escuela que le fuera asignada al mudarse de distrito. Inicialmente su madre había pensado que el chico no aceptaría el cambio, pero en verdad a Takeru Takaishi le encantó la idea, no solo porque vivir en ese lugar acrecentaría la frecuencia de sus encuentros con su hermano y su padre, sino también porque le daría la posibilidad de asistir al mismo colegio que sus antiguos compañeros de aventuras. Durante el trayecto, le agradó notar las cada vez más visibles señales de la primavera; aquí y allá se vislumbraban los primeros brotes.<br />
Ya en clases, Takeru notó que compartiría aula con Hikari Yagami, a quien lo unía, quizá, algo más que unas experiencias de vida. Estaban en clases de Literatura, la favorita del rubio. El profesor hablaba del Haiku y resaltaba cómo su brevedad buscaba destacar un instante de belleza fugaz y lo efímero de la vida. Probablemente ese era un concepto inasequible a la mayoría de los onceañeros, pero Takeru había visto el rostro de la muerte con tan solo ocho veranos, y lo comprendía. Recordó el asesinato de Wizarmon, que nunca podría revivir, y aquella ocasión en la que había estado velando el sueño febril de Hikari durante horas interminables, mientras los perseguía el Ejército de Metal.<br />
Entre tanto, el profesor acababa de leer un poema (“Sopla si quieres,/ oh viento del otoño./ Flores sin color”), y quería que alguien diera una interpretación. Al cabo de unos segundos de silencio, Takaishi se puso de pie y comenzó a hablar. Dijo que el viento era una imagen dinámica que simbolizaba el paso del tiempo, que el otoño aludía a la muerte por las hojas que caen al suelo, y que las flores sin color denotaban vejez. El profesor lo felicitó, y el muchacho se sentó y giró la cabeza hacia Hikari:<br />
—Pero cuando llega la primavera y las flores renacen, son más hermosas aún —le dijo, sonriendo.<br />
Ella le devolvió la mirada mas no la sonrisa.<br />
<br />
En ese mismo momento, Yamato Ishida caminaba sin prestar atención al paisaje circundante, ni a la tibieza del sol en su frente, ni a la suave caricia del viento primaveral, con la mente urdiendo maquinaciones de índole casi metafísica. La noche anterior, su padre había llegado a casa mucho más tarde de lo corriente, lanzando suspiros de cansancio o resignación. Yamato no podía entender las causas de su congoja, cuando tan solo dos semanas atrás había estado eufórico por la reapertura del edificio de la Fuji TV destruido en la batalla contra Vandemon. Cuando el muchacho le preguntó qué le sucedía, el hombre soltó una parrafada casi incomprensible sobre sombras que turbaban la filmación de los doramas, audios que interferían la trasmisión de la música y símbolos ilegibles que ornamentaban las paredes del edificio y que solo podían ser vistos por cámaras. No había explicación alguna para esos fenómenos, pero Sakurada insistía en que era probable que tuviera que ver con los demonios que aparecieron hacía tres años.<br />
Yamato nada había dicho para no desalentar a su progenitor, pero sospechaba que la hipótesis no era del todo incoherente. Llegó a la escuela casi sin percatarse y se encontró con un Taichi Yagami cuya expresión deprimida era muy similar a la del hombre que había dejado en su hogar. Le preguntó si le pesaba algo, y él atribuyó su depresión al inicio de clases, pero Yamato no lo creyó, aunque prefirió ignorar la situación por el momento.<br />
Entonces apareció Koushiro.<br />
—¿Se ha abierto la puerta digital? —preguntaron Taichi y Yamato a un tiempo.<br />
Ambos se miraron, sorprendidos; Koushiro tampoco sabía cómo reaccionar. Esa mañana, como todas desde que volvieran de su viaje, había escrutado la puerta al Digimundo para encontrarse que estaba cerrada. Era natural; salvo por el encuentro con Diaboromon que casi termina en tragedia, los contactos entre ambas dimensiones habían sido pausados y fugaces. Pero lo que sorprendía al pelirrojo era lo abrupto de las preguntas. En un principio, no bien terminadas sus aventuras, recibía esos interrogantes varias veces al día, de parte de todos los miembros del grupo; más tarde, con el paso del tiempo, su frecuencia disminuyó; y finalmente todos aceptaron que Koushiro les diría si había alguna novedad.<br />
—¿Por qué le preguntaste eso? —inquirió Yamato.<br />
—Por nada. ¿Y tú?<br />
Yamato iba a ensayar una explicación, pero el sonido de la campana obligó a los tres a dirigirse a sus aulas.<br />
<br />
Cuando llegó la hora del almuerzo, Takeru buscó a Hikari, porque la había notado particularmente taciturna. La encontró en un rincón aislado, la vista perdida en la ventana; ni siquiera había sacado el obento de su mochila, y parecía estática. Él se acercó y le preguntó si se sentía bien, y ella reconoció que estaba mareada; entonces, él le dijo que fuera a la enfermería y se ofreció a acompañarla, pero ella le contestó que no era necesario, que todo era producto del cansancio y que iba a lavarse la cara para despertarse. Takaishi le propuso acompañarla hasta el baño y esperarla en la puerta, pero ella le dedicó una mirada que parecía reprocharle que la tratara como una niña desvalida; por eso, el rubio se resignó, se sentó y observó cómo ella se alejaba, con movimientos lentos y vacilantes. Al ver esto, Takeru tuvo el impulso de ir a ayudarla, pero decidió respetar su decisión y concentrarse en la comida.<br />
Mientras comía, Takaishi pensó en lo poco que conocía a Hikari. Sabía que tenía una indefinible característica que la hacía sobresalir del resto del grupo; no en vano el guardián del Digimundo había elegido su cuerpo como médium para comunicarse con ellos ni había sido a través de ella que se había manifestado la luz cuyo poder había definido la victoria contra Mugendramon; pero a la vez suponía que esa característica la hacía vulnerable a los poderes de las tinieblas. ¿Tendría que ver con eso su estado actual? No podía decirlo.<br />
Habían pasado diez minutos desde que Hikari se marchara, y no daba señales de volver. Takeru, preocupado, dejó lo poco que quedaba en su plato y se dirigió al baño para ver si había salido. Se detuvo en la puerta y al poco tiempo escuchó un grito de desesperación que hizo que quisiera abrirla; pero antes de que llegara a hacerlo, una profesora lo interrumpió e ingresó en su lugar.<br />
Allí estaba ella, tirada en el suelo, en posición fetal y agarrándose la cabeza; dos maestras la ayudaban a levantarse, mientras un tercero le preguntaba si estaba bien y qué le había pasado; alrededor se había conglomerado una turba de estudiantes curiosos, que los docentes intentaban despejar para que la joven pudiese avanzar.<br />
—Fue un mareo —era todo cuanto decía la chica a las múltiples interrogantes, pero Takeru intuía que había algo que no quería decir; y sus preocupaciones se convirtieron en terror al notar que el pie derecho de su compañera parecía difuminarse, como visto a través de una niebla. Al parpadear, esa impresión había desaparecido, aunque la imagen era demasiado vívida para que pudiera argumentarse que fuese una ilusión óptica.<br />
<br />
Acababa de sonar la campana para el almuerzo en la escuela secundaria, y Taichi, Yamato y Sora Takenouchi fueron al comedor. Durante el camino, Taichi se dirigió a la pelirroja para recordarle su compromiso anual de ir a ver el florecimiento de los cerezos. Lo hacían juntos desde que tenían cinco años, pero desde el florecimiento del 2000 tenía un significado especial para ellos, porque les servía para ver lo que habían contribuido a salvar. Sora le dijo que iría con gusto, y le preguntó si Hikari los acompañaría.<br />
—No lo sé —dijo—. Hablaremos de Hikari cuando nos encontremos con Koushiro.<br />
Izumi y Tachikawa ya estaban sentados, y cuando los otros tres entraron, la chica les hizo señas para que se acercaran, mientras el muchacho graficaba un diagrama cuya complejidad lo hacía ininteligible para la mayoría de los mortales. Y mientras comían, comenzó la charla.<br />
—Yamato-, dijo Koushiro —antes de que nos separáramos estuviste a punto de decirme por qué habías preguntado si la puerta se había abierto. ¿Podrías decírnoslo ahora?<br />
—Es mi padre —comenzó a decir el rubio—. Hace un par de semanas se reconstruyó el edificio de la Fuji, y desde entonces han comenzado a suceder cosas extrañas.<br />
—¿Qué clase de cosas?<br />
—No fue muy explícito. Mencionó vagamente algo sobre unas sombras que interrumpían las trasmisiones de los doramas, sonidos que interferían en los audios y letras que aparecían en las paredes y que solamente eran perceptibles por las cámaras.<br />
—¿Y tú crees que tiene que ver con el Digimundo?<br />
—No puedo asegurarlo. Pero pienso que es posible. Principalmente porque allí tuvimos la batalla final contra Vandemon y fue donde murió Wizarmon. Sabemos que si un Digimon muere en el Digimundo, sus datos irán a la ciudad del inicio, donde renacerá como un Digihuevo. Pero ¿qué sucede cuando uno muere en el mundo real?<br />
Hubo un instante de silencio en el que cinco pares de ojos se fijaron en Izumi.<br />
—No sé qué decirte, la verdad. Lo más probable es que los datos se pierdan en la atmósfera. También es probable que algunos hayan podido regresar al Digimundo, merced a la gran distorsión que había en ese momento. También puede ser que estén concentrados en el lugar en el que los Digimon perecieron, y que eso esté causando esos problemas. Sabemos que los Digimon tienen habilidades que interfieren en los artefactos electrónicos. Basta pensar, por ejemplo, en la para proteína que Vandemon usó para aislar Odaiba. Su efecto se detuvo cuando él murió, pero existe la posibilidad de que haya quedado un remanente de eso. Pero para confirmar mi hipótesis tendría que analizar las características de la interferencia.<br />
—¿Crees que los símbolos pueden ser las letras que vimos en la fábrica de Andromon, el laberinto de Centarumon y la pirámide invertida de Nanomon?—preguntó Mimi, recordando la concentración con la que el pelirrojo se había abstraído de todo en el laberinto.<br />
—Tendría que verlos para estar seguro. Pero en este mundo, esos grafemas tienen las características de letras normales. En el Digimundo podían utilizarse para manipular la realidad, porque eran el registro de los datos. Pero aquí no sucede lo mismo. Eso es bueno, porque si un Digimon maligno intenta atacarnos con eso, aquí es inútil completamente.<br />
Hubo un tiempo de silencio. Luego, Yamato se volvió hacia Taichi:<br />
—¿Y tú no tienes nada que decir?<br />
El moreno se quedó un rato callado, pero luego tomó la palabra:<br />
—Es Hikari. Últimamente ha estado muy rara. Taciturna, apagada, como ausente. Tal vez no sea nada relacionado con el mundo Digital, pero como Hikari siempre fue más receptiva a las influencias de aquella dimensión, es probable que tenga relación con eso. Pero si me dices que no ha habido ninguna anormalidad, parece que está atravesando simplemente un periodo de crisis preadolescente.<br />
—Pobre Hikari-chan —susurró Sora.<br />
—Es probable que solo sea eso —dijo Koushiro—. Sin embargo, hay algo que me molesta.<br />
Todos se volvieron hacia él.<br />
—¿De qué hablas?<br />
—Recuerden que hay varios mundos. Gennai ya nos lo había advertido en el momento en el cual teníamos que atravesar la puerta en el castillo de Vandemon. Nos dijo que si nos equivocábamos en la colocación de las cartas, podíamos entrar en otros mundos. Esto nos dice dos cosas: primero, que hay varias dimensiones, no solamente dos; segundo, que están interconectadas; y si tenemos en cuenta que Hikari es más sensible que cualquier otro ser humano a las influencias del mundo Digital, es también posible que lo sea con estos otros universos. Pero esta es una hipótesis rebuscada y sin fundamento. Para estar seguro, necesitaría hablar con ella.<br />
—Yo hablaré con ella —dijo Taichi—. Esta noche, en casa, la obligaré a decirme qué le sucede.<br />
Lo dijo de una forma tan decidida, tan llena de determinación, que a Sora le aterró lo que pudiera llegar a hacer.<br />
—Tai-san-, dijo ella-. Mejor déjamelo a mí. Creo que podremos preguntarle en el Hanami de mañana. Intuyo que el ambiente la relajará y la alegrará. Así estará más dispuesta a contarnos todo.<br />
<br />
Otra persona que no dejaba de pensar en la elegida de la luz era Takeru Takaishi. A raíz de su incidente en el baño había sido trasladada a la enfermería del instituto, y aún no había vuelto. El muchacho estaba a punto de pararse para ir a ver cómo estaba su compañera, pero justo en ese momento la puerta se abrió y ella entró y tomó asiento.<br />
Desde entonces, el rubio dejó de concentrarse en los vaivenes de la Era Edo, o en las características de las células o en la forma de resolver una ecuación, porque su mente estaba concentrada solamente en Hikari. Por unos instantes había conseguido tranquilizarse, pero cuando vio que la figura de su amiga parecía desvanecerse en el aire, se paró, y gritó su nombre, lo que le valió que el profesor lo expulsara del aula.<br />
Luego de eso y hasta el final de la jornada escolar, Takeru estuvo parado en un pasillo, aterrado ante la posibilidad de que Hikari se desvaneciera de un momento a otro sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Y cuando al fin las clases terminaron, se sintió aliviado al ver que no le había pasado nada a su compañera, y se ofreció a acompañarla a su casa, pero ella declinó la oferta, aunque cedió a caminar con él hasta que tuvieran que tomar distintas vías.<br />
Amduvieron en silencio, pero el chico se sonrió aliviado al ver que en el rostro de la joven ya no había angustia ni sufrimiento. Antes de separarse de ella, le preguntó por última vez si se sentía bien. La chica asintió con la cabeza y el muchacho dio media vuelta para irse. Pero antes de doblar la esquina, se giró una vez más y le dijo:<br />
—¿Mañana quieres venir al Hanami conmigo?<br />
—De acuerdo-, dijo ella-. Iré contigo.<br />
Takeru se despidió con la mano, dobló en la esquina y perdió a la chica de vista.<br />
<br />
Taichi, Yamato, Sora, Koushiro y Mimi se habían juntado en la puerta del instituto para acordar qué hacer para indagar si las causas de los problemas que percibían estaban relacionadas o no con el Digimundo. Yamato debería recolectar toda la información posible acerca de los problemas que estaba teniendo la Fuji TV, y conseguir imágenes de los símbolos de las paredes; Taichi y Sora buscarían sonsacarle a Hikari algo de información sobre su mal; Mimi contactaría a Jyou para que se reuniera con ellos; y Koushiro aplicaría métodos de vigilancia más drásticos para detectar hasta las anomalías más diminutas entre las dimensiones.<br />
—Tal vez pueda pedirle a Takeru que nos ayude con Hikari-, dijo Yamato-. Después de todo, ellos van a la misma clase. Seguramente si le pasa algo, él lo notará.<br />
—Quizá-, dijo Taichi-, y tal vez pueda darte ayuda con el tema de tu padre. Sospecho que dos personas pueden ser mejores inquisidores que una sola.<br />
Ahora, cada uno volvía a su hogar, la mente ocupada en la misión que le fuera asignada. Cuando Yagami estaba por llegar a la puerta de su edificio, el día estaba muriendo y el cielo se había teñido de naranja; en la ciudad se amalgamaban los sonidos de las bicicletas, de los automóviles y de los niños que corrían por los parques; pero entonces, ajeno a los indiferentes sonidos de la urbe, se alzó otro, un ruido desgarrador, terrible, uno que el moreno había escuchado por última vez en el Digimundo, tras el disparo del Mugen Canon: un grito de desesperación de su hermana pequeña:<br />
—¡AYÚDAME, HERMANO!<br />
Al escuchar eso, Taichi miró en torno, y corrió hacia su casa, rezando porque ese grito no fuera más que una manifestación de su inconsciente a causa de sus dudas y turbaciones.<br />
<br />
Pero las dudas y turbaciones que atormentaban a Taichi no eran más que una sombra de las que anidaban en el corazón de su hermanita desde hacía ya varios días. Todo había comenzado con pesadillas de índole indecible que dejaban una resaca cada vez más amarga en su ánimo; con el tiempo, también se habían ido sumando voces y visiones diurnas que la hacían dudar de su salud mental; pero una conjunción atroz de deseo de no preocupar a sus seres amados y de miedo a las consecuencias que revelarles sus padecimientos pudiera acarrear la habían obligado a la reserva del silencio y el sigilo.<br />
Sin embargo, aquel día todo fue insostenible para ella. La angustia que le había dejado el sueño era mucho más fuerte y permanente que en cualquiera de las noches anteriores, y ni siquiera el refugio del recuerdo de sus momentos alegres junto a su amigo Tailmon la ayudaba. Además, desde su despertar se había percatado de que las formas del mundo estaban cubiertas por una niebla que las desdibujaba, y no sabía decir si se debía a un fenómeno del ambiente, a una proyección mental o a que se estaba quedando ciega; y se sentía extremadamente débil, como si algo le estuviera robando la energía, y el descanso no había servido de nada.<br />
Durante el desayuno no pudo concentrarse ni en la frívola charla de sus progenitores, ni en la información del telediario, ni en las actitudes de su hermano. La niebla que le turbaba los ojos se hacía cada vez más espesa y hasta los rostros de sus padres se estaban desdibujando. Entonces, sintió como si hubiera perdido el sentido del oído, pero se dio cuenta de que no era así cuando pudo escuchar una voz en su cabeza; era una voz áspera, cruel, vacía de todo sentimiento y claramente no humana:<br />
—Ven. Ven a mí. Necesito tu luz, tu sangre, tu vida. Necesito que engendres a mi progenie.<br />
En ese momento, entre la bruma, vio que su hermano se volteaba con intención de decirle algo, pero luego se quedó un instante en suspenso, y al cabo de ese tiempo movió la boca, y Hikari pudo escuchar (o intuir), a pesar del aturdimiento de sus oídos, que Taichi le estaba preguntando por su estado. Su cerebro tardó cierto tiempo en decodificar la pregunta y aún más en darse cuenta de la preocupación que subyacía detrás de sus palabras, y de que el hecho de no contestarle solo aumentaría sus ansiedades. Por eso abrió la boca y articuló un “Estoy bien” que a ella misma le pareció desganado, pero atribuyó eso a las debilidades de sus sentidos.<br />
—Necesito tu luz, tu sangre, tu vida.<br />
Podía intuir que nadie en su familia había creído su respuesta. En ese momento sucedieron dos cosas: primero, le pareció ver que desde las esquinas de la estancia surgían unas manos viscosas que buscaban atraparla; y luego, su madre se acercó a ella para ver si tenía fiebre; y sea por una proyección o un error de su miedo, a la niña le pareció que la mano de su madre se convertía en la de un ser de tinieblas.<br />
Para escapar de esa situación tan traumática, la chica apartó a su progenitora de manera brusca, tomó la mochila lo más rápido que pudo y salió de la casa sin siquiera despedirse o volver la vista atrás, ni pensar en las consecuencias que eso podía traer. Quiso bajar las escaleras a toda velocidad, como si pudiera escapar de lo que ya veía como una persecución, pero un mareo extremadamente fuerte y un nuevo mensaje de la voz la hicieron desistir de tal propósito:<br />
—Así. Muy Bien. Ven a mí. Un poco más.<br />
Se detuvo en seco. No quería creer que sus pasos la conducían a esa voz. Sintió que alguien se acercaba y se quedó firme, estática, convencida de que quien la llamaba había conseguido alcanzarla. Para su sorpresa, para su infinito alivio, no era más que su hermano.<br />
Él le comunicó que su padre quería hablar con ella a la hora de cenar y que la acompañaría a la escuela. Ella no respondió y simplemente avanzó como si nada, como si él no estuviera allí. El paisaje que se presentaba ante sus ojos nada tenía que ver con aquel que en ese mismo momento alegraba la vista y el corazón de Takeru; ella parecía, en virtud de alguna facultad extraña, ver el ciclo de la vida y la corrupción de la muerte de cada ser como si sucediera todo en simultáneo.<br />
Al llegar por fin al punto en el que debían separarse, Taichi se giró una vez más hacia ella y le preguntó si había algo que quisiera decirle. Ella lo miró largamente, en silencio; pensó en hablarle de sus reiteradas pesadillas, de la voz que salía de ninguna parte, del hecho de ver el día claro como una sucesión de sombras, o, sencillamente, en decirle que ahora lo veía como un cuerpo en descomposición, y que temía ante la posibilidad de estarse volviendo loca; pero, como siempre, eligió no preocuparlo.<br />
—No —respondió.<br />
En clase, apenas prestó atención a las relaciones de los Haiku con la filosofía Zen y la brevedad de la vida, pero, paradójicamente, era la persona dentro de ese salón que más pensaba en la muerte. Su angustia aumentaba cada vez más, y ni siquiera escuchó las palabras de Takeru ante la pregunta del profesor, ni lo que dijo cuando se giró hacia ella, porque estaba demasiado ocupada tratando de ignorar la voz que sonaba en su cabeza:<br />
—Ven. El tiempo se agota. Necesito tu luz, tu sangre, tu vida. Se acerca el fin, y solo tú puedes evitarlo.<br />
El paisaje que se mostraba ante sus ojos era apocalíptico; sabía que ningún otro podía verlo, pero la carcomía la sospecha de que en lugar de un delirio fuese una prognosis de la fatalidad que se avecinaba. Estaban en la hora del almuerzo, y una vez más Takaishi se acercó a ella para importunarla con preguntas sobre su estado. Ella habría querido responderle que se sentía bien, que no le pasaba absolutamente nada, pero algo en el tono de voz de su compañero hizo que se percatara de que esa respuesta no sería creída, por lo que optó por reconocer que se encontraba bajo los efectos de un mareo. La reacción del rubio fue tan desproporcionada que ella agradeció no haberle dicho la verdad: comenzó a insistir de manera harto molesta que era menester que fuera a la enfermería y que él la escoltaría y la acompañaría allí todo el tiempo que hiciera falta; pero ella lo cortó en seco, le dijo que se trataba de un mareo por cansancio y que solo necesitaba lavarse la cara, a lo que él se ofreció a ir con ella hasta la puerta del baño, pero ella se limitó a fulminarlo con la mirada, no porque estuviese furiosa con él, sino porque sentía que se había convertido en un peligro para todos los que la rodearan.<br />
Cuando terminó de mojarse la cara, levantó la vista y a través del espejo vio lo más aterrador que había experimentado en todo ese tiempo y, quizá, en toda su vida: el paisaje que se divisaba no era el de los sanitarios de una escuela, sino, más bien, una costa cenicienta, bajo un cielo pardo, en cuyo horizonte se podía vislumbrar la silueta umbría de un ser indeterminado que estaba mirándola atentamente, y (Hikari lo sabía) no ignoraba que ella también lo veía. Pero lo que realmente la impresionó fue ver su propia imagen: su cabello se había vuelto del color muerto de la ceniza, y su epidermis parecía una vela derretida; aquí y allá la carne roja comenzaba a resaltar. Entonces, sintió que pisaba un suelo húmedo y al bajar la vista, vio una gran extensión de agua negra que la abrazaba, y comprendió que aquella dimensión especular intentaba llevarla lejos. A continuación, perdió la sensibilidad en uno de sus pies, cayó al suelo y vio que una de sus rodillas se estaba escindiendo de su cuerpo. Aquello fue demasiado, y pegó un grito, que hizo que varios docentes se apresuraran a socorrerla y que una parvada de curiosos se agolpara en la puerta.<br />
Mientras reposaba en la enfermería, tomó una decisión: esa misma noche le contaría a su hermano todo lo que había pasado. Pero, como tantas otras veces, sucedió algo que hizo vacilar su resolución: una voz sonó nuevamente en su cabeza, aunque no era aquella del timbre amenazante que la había acompañado todo el día, sino una que despertaba su seguridad, una que había escuchado por primera vez en los lindes del bosque de Pinocchimon. Y no solo sintió su voz, sino también su presencia, y supo, con la certidumbre que tuvo aquella mañana, en otro mundo, que no le haría daño. Aquel ser le dijo que no se preocupara, que se entregara a su destino y que el universo se lo agradecería, y ella, aún con un remanente de miedo, le suplicó que le diera un poco más de tiempo para pensarlo.<br />
Una vez terminadas las lecciones, Takeru se ofreció a acompañarla hasta su casa, pero ella declinó la oferta, aunque no encontró excusa para negarse a dejarlo ir con ella hasta que tuvieran que separarse. Mientras caminaban no cruzaron una palabra, pero Hikari estaba escuchando en su cabeza la voz de aquella entidad que se había quedado con su cuerpo hacía tres años, y ahora le estaba pidiendo otro favor. Cuando llegaron al punto en el que tenían que separarse, ella vio que Takeru movía su boca, e intuyó que le había dicho algo, pero en ese mismo momento sintió la primera voz, la terrible, la que la intimidaba, preguntándole si estaba de acuerdo en ir con él.<br />
—De acuerdo —dijo ella—. Iré contigo.<br />
Inmediatamente, Takeru sonrió, la saludó con la mano y se alejó, probablemente pensando que la respuesta había sido dirigida a él. Luego, ella percibió que una enorme masa de oscuridad la circundaba, velando sus ojos, y la invadió un profundo sentimiento de paz.<br />
<br />
Si, en ese mismo momento, Takeru Takaishi hubiera vuelto la cabeza, habría visto a Hikari desaparecer en el aire del crepúsculo de Odaiba.<br />
<br />
Mientras contemplaba cómo aquel pequeño Yokomon se acercaba al confín de la Ciudad del Inicio, volvió a asaltarla, como en las incontables ocasiones precedentes, una conjunción enigmática de orgullo, temor y zozobra. Por un lado, estaba muy satisfecha por el hecho de que aquel Digimon hubiera alcanzado la madurez necesaria para valerse por sí mismo en este mundo hostil, pero por otro, le daba temor la enorme posibilidad de que la crueldad del afuera se ensañara con él.<br />
Tales pensamientos hicieron que sucumbiera ante un ardid de la nostalgia, que la llevó a quitarse el guante de la mano derecha para contemplar su cicatriz, y a sujetar con fuerza el silbato plateado que pendía de su cuello.<br />
—¿Cómo te has hecho esa herida? ¿Y por qué conservas ese silbato?<br />
Habían estado juntos desde que Yokomon era un Yuramon, pero nunca se había atrevido a preguntar por el silbato, aunque ella adivinaba en sus gestos que quería hacerlo desde hacía mucho. Tal vez ahora lo había motivado la creencia (o quizá la certeza) de que nunca volverían a verse.<br />
—No importa-, le respondió ella-. Son recuerdos de una época en que me extravié en una selva oscura y alguien me rescató y me llevó al buen camino. Pero no lo entenderías. Tú tienes otro camino que recorrer, como todos. Quizá tenga más espinas que el mío o quizá no. No lo sé. Pero ahora debes encontrarte con los tuyos en la aldea del desierto, cerca de la Montaña Miharashi. Piyomon te estará esperando. Allí estarás seguro, al menos por un tiempo.<br />
El Digimon bebé continuó avanzando, sin vacilar, pero cuando sus tentáculos se acercaron al linde del suelo de colchoneta de aquel lugar, el único que conocía en el mundo, se giró y volvió a dirigirse a su interlocutor:<br />
—Muchas gracias por todo, Tailmon-sama. Adiós.<br />
Aquellas palabras, el uso de los honoríficos y la formalidad extrema retrotrajeron al Digimon felino a tiempos oscuros, en los que era uno de los lugartenientes de los ejércitos que Vandemon había enviado a Japón a acabar con la vida de la persona que ella había nacido para proteger.<br />
—No me digas “Tailmon-sama”, por favor-, suplicó-. Yo solo soy Tailmon. Adiós. Espero verte pronto.<br />
Era un deseo honesto, pero la naturaleza salvaje de los Digimon y la crueldad del mundo le indicaban que nunca volvería a ver aquella esfera rosada, con tentáculos por pies y una flor azul en la cabeza. Cerró los ojos, bajó la vista, suspiró y negó.<br />
—Es doloroso, ¿Verdad?<br />
Se giró. Un ser con la forma de un conejo carmesí con una cola de nueve puntas se había acercado a ella sin que se diera cuenta.<br />
—Sí, Elecmon —respondió—. Es duro. Los Digimon tienen naturaleza salvaje, y son muy agresivos, y tanto tú como yo sabemos que pocos de estos niños sobrevivirán. Pero deben seguir adelante. Es su destino.<br />
—¿Y el tuyo?<br />
Tailmon no respondió. Caminaron en silencio hasta el centro de la ciudad, donde un Digimon cuyo cuerpo era una conjunción entre el de un caballo y un roedor, con alas particularmente grandes mecía con sus patas delanteras a un bebé de color negro y ojos amarillos brillantes que no paraba de llorar.<br />
—Dámelo —dijo Tailmon.<br />
Patamon accedió y el recién nacido se calmó en los brazos del Digimon adulto.<br />
—Es muy lindo —comentó la gata—. Es igual a aquel que sostuvo Hikari en brazos el día en que dejó el Digimundo.<br />
—¿Todavía piensan en ellos?<br />
—Siempre —respondió Patamon—. Cuando estaba en mi Digitama, recibí el mandato de cuidar y proteger a Takeru pasara lo que pasara. No podía oponerme a esa orden, porque estaba grabada en mi conciencia. Recuerdo cuando nací en la Isla File, no sabía cómo era el mundo, ni qué sorpresas me esperarían allá, ni cómo las enfrentaría; pero sabía que lo más importante para mí era defender a Takeru Takaishi, aunque en ese momento no supiera quién era, aunque fuera el nombre de una incógnita.<br />
—Y ahora que se han ido, ¿cómo dan sentido a sus vidas?<br />
Ambos se miraron en silencio; cada uno de los ocho Digimon Elegidos se había hecho esa pregunta en el núcleo de su intimidad, pero ninguno de los dos presentes la había materializado en voz alta, y esperaban que nadie lo hiciera.<br />
—Es difícil —dijo Tailmon por fin—. Cada uno de nosotros ha buscado distintas formas de llenar ese vacío, pero todos somos conscientes de que jamás los llenaremos del todo. Yo hago esto porque sé que a ella la habría hecho feliz.<br />
No dijo más. En ese momento recordaba la sonrisa de satisfacción de Hikari cuando el Digitama que acunaba eclosionó y dio origen a aquel Botamon similar al que ahora se había dormido entre sus brazos.<br />
“Esto es lo que te gustaría que hiciera, ¿verdad?”<br />
Y en ese momento, escuchó el grito:<br />
—¡AYÚDAME, TAILMON!<br />
<br />
Ya el crepúsculo estaba a punto de convertirse en noche cerrada cuando Takeru terminó de hacer la tarea. La hizo sin mucha determinación, con la TV encendida en el canal de la Fuji para ver de refilón si aparecían los signos extraños o las sombras que inquietaban a su padre, o las voces que intervenían en los audios. En un momento le pareció ver que un grafema de color ígneo se formaba en una pared, pero al poco tiempo apareció un cartel de problemas técnicos. Eso lo hizo pensar que lo que había visto no era un delirio de su mente, pero no tuvo tiempo suficiente para identificar el símbolo.<br />
Al cabo de unos pocos minutos, la programación se reanudó, pero Takeru no pudo verla porque en ese momento sonó el teléfono. Era Taichi. Sin siquiera demorarse en la fugacidad de un saludo de cortesía, el líder de los elegidos preguntó por su hermana con un tono que indicó a Takaishi que no era la primera vez que formulaba esa pregunta.<br />
—No, no está aquí. ¿Qué sucedió?<br />
No obtuvo respuesta; Taichi había colgado. Temeroso, Takeru marcó los números de la casa Yagami, pero no escuchó más que el pitido intermitente que le indicaba que alguien estaba haciendo uso de la línea. Entonces comenzó a marcar los números de su hermano, aunque se interrumpió.<br />
—Estoy en casa, hijo-. Se oyó la voz de su madre. Él permaneció quieto, con el teléfono en la mano y la vista perdida. -¿Qué te sucede?<br />
Takeru no respondió. No quería decirle que en ese momento oía en su cabeza la voz de Hikari pidiéndole ayuda.<br />
<br />
El bebé Botamon no paraba de llorar. Elecmon, por supuesto, se apresuró a consolarlo, pero Patamon no hizo nada más que mirar perplejo a Tailmon, que lo había dejado caer de golpe y ahora estaba tiesa, como aguzando el oído, y parecía perdida en su miedo.<br />
—¿Qué te sucedió? —preguntó el pequeño Digimon volador.<br />
—¿No lo has oído?<br />
—¿Oír qué?<br />
—La voz de Hikari.<br />
Patamon parpadeó y Elecmon, fingiendo desentendimiento, se llevó al Botamon lejos de la felina, como si pensara que su locura pudiese ser contagiada al infante al que mecía.<br />
—No. No he oído nada.<br />
—¿Crees que estoy loca?<br />
—Jamás diría eso. Es más, creo que puede ser cierto que Hikari esté en problemas. Después de todo, nosotros tenemos una conexión especial con nuestro compañero. Además, Hikari puede verse afectada por influencias de otros mundos, como tú sabes; no me sorprendería que pudiera comunicarse contigo a través de las dimensiones. Ya pasó una vez con Agumon y Taichi.<br />
—Entonces, es probable que algo le haya pasado, quizá algo relacionado con este mundo. Tendremos que ir a ver a Centarumon, para saber si se han producido distorsiones. Se dice que en las ruinas que él vigila está escrita la historia del universo todo. Aunque el inconcebible universo es demasiado complejo y de potencialidad infinita para que toda su historia esté escrita en piedra.<br />
—Antes de eso —dijo Patamon—, vamos a ver a Elecmon y a los bebés. Me quiero despedir.<br />
Llegaron con el guardián primigenio de la Ciudad del Inicio, quien, en ese momento, estaba meciendo un pequeño Yukimibotamon que sollozaba levemente, pero que se calmó con el carraspeo de Tailmon. Durante un segundo reinó el silencio; luego, sin que la felina ni el Digimon alado dijeran nada, Elecmon tomó la palabra, porque sabía lo que sucedería, porque la resolución, el fuego en la mirada de sus dos compañeros le dijo que había llegado el día que siempre supo, que iban a marcharse, movidos por alguna misión que estaba más allá de su entendimiento.<br />
—Deben irse, ¿verdad?<br />
Tailmon asintió con la cabeza, lenta, solemnemente.<br />
—No me corresponde a mi detenerlos-, dijo el Digimon escarlata-. Pero si se encuentran por ahí con la mala hora, piensen en nosotros. Recuerden este lugar, recuerden lo que fuimos.<br />
—Así lo haremos- dijo Patamon.<br />
No articularon una palabra más; no hacía falta. Los dos Digimon elegidos se dieron vuelta con una lentitud extrema y se pusieron a caminar en dirección al sol poniente, que proyectaba sus alargadas sombras en el suelo de colchonetas. Y mientras se alejaban, Elecmon tuvo la certeza de que aquellos diminutos seres eran gigantes.<br />
<br />
Desde que llegara a su casa, Koushiro Izumi no había hecho más que intentar abrir la puerta digital, sin más éxito que en todas las ocasiones anteriores. Suponía que si el Digimundo los necesitaba, los llamaría, como había ocurrido aquel verano de 1999, pero no podía asegurarlo. La merienda (que su madre le había llevado porque no quiso abandonar la computadora ni siquiera para comer) se había enfriado en la mesa de su cuarto y el ocaso estaba dando paso a la noche cerrada, y el joven no podía encontrar respuestas de ningún tipo. Se consoló pensando que Yamato tendría mejores resultados que él y que al día siguiente Taichi y Sora podían hablar con Hikari.<br />
En ese momento alguien tocó el timbre con suma fuerza. Koushiro ni se inmutó; seguramente sería alguna de las amigas de su madre, que quería alguna cosa baladí, pero le sorprendió escuchar a Taichi, que preguntaba por él a gritos, mientras que la señora Yagami se deshacía en disculpas.<br />
—¡Hikari ha desaparecido! —Gritó el moreno, sin preámbulos, tras entrar en su cuarto, sin siquiera golpear -. ¿Has podido abrir la puerta Digital?<br />
—No. Si hubiera habido algún tipo de distorsión, cualquiera, yo lo habría notado. Créeme, por favor.<br />
—Te creo —replicó el líder de los elegidos—. De todas maneras, sigue intentando. Nosotros nos vamos a ver a la policía. A mi entender será inútil, pero mis padres dicen que es lo mejor.<br />
Taichi lanzó un suspiro, se dejó caer en la cama de Izumi y se tomó la cabeza con las manos.<br />
—Es la tercera vez que me pasa esto —susurró—. La primera vez fue cuando Hikari tenía cuatro años; la segunda, durante la batalla contra Mugendramon; y esta es la tercera. Y algo me dice que esta es la más grave de todas. Hasta escuché su voz en mi cabeza. Me pedía ayuda, Koushiro, ayuda. Tengo miedo.<br />
Y unas lágrimas se formaron en los ojos del elegido del valor.<br />
Koushiro no respondió. Nunca había sido bueno tratando con la gente, y creía que cualquier cosa que dijera sería tomada a mal.<br />
<br />
“Supongo que esto será suficiente por esta noche”, pensó el Digimon con forma de mariquita, mientras juntaba en una sola pila el pequeño montoncito de setas que había conseguido recolectar antes de que oscureciera totalmente. Luego, se dirigió al laberinto y se dispuso a llamar a Centarumon, pero notó que él estaba de pie en el salón de la entrada de las ruinas, contemplando la escritura de las paredes.”Justo como Koushiro la primera vez que vino aquí”, recordó.<br />
—He traído la cena, Centarumon-han —dijo.<br />
El centauro no respondió.<br />
—¿Qué estás mirando?<br />
El centauro no respondió.<br />
—No creo que encuentres en esos signos nada que no hayas visto ya. A estas alturas, debes conocértelos de memoria.<br />
El centauro no respondió, pero un golpe violento de sus cascos contra el suelo fue suficiente para que Tentomon comprendiera que lo había oído y que no quería escucharlo.<br />
—Está bien. Saldré a cocinar. ¿Quieres que te avise cuando estén listos?<br />
Silencio.<br />
“Qué extraño”, pensó la mariquita. “Normalmente nunca está así de taciturno”. No era que le molestara; estaba acostumbrado a ser ignorado, incluso por su compañero humano, pero la actitud del centauro, siempre ansioso de compartir su conocimiento, era lo suficientemente peculiar como para inquietar a quienes lo conocían. Tentomon nunca quiso importunarlo con preguntas, porque no tenía sed de conocimiento, pero sabía que podía preguntarle lo que quisiera, y, de estar en sus manos, le respondería.<br />
Encendió una hoguera con sus relámpagos, y se dispuso a cocinar las setas. Se había acostumbrado a comerlas crudas desde su nacimiento, pero después de probar los alimentos humanos, le había tomado afición a la comida caliente.<br />
En ese momento sintió que unas hojas se movían y que alguien se acercaba. “Los debe haber atraído el humo. Qué torpe he sido”. Se puso en guardia, dispuesto a luchar o a huir hacia el laberinto. Pero no fue necesario.<br />
—Patamon-han, Tailmon-han —dijo cuando reconoció a los visitantes.<br />
—Buenas noches, amigo Tento —dijo Patamon—. ¿Podríamos hablar con Centarumon?<br />
—¿Qué ha pasado?<br />
—¡Necesitamos hablar con Centarumon! —dijo la gata, en un tono mucho más brusco de lo que la mariquita hubiera esperado.<br />
Tentomon retrocedió; todavía recordaba su primer encuentro con aquel Digimon en el castillo de Vandemon, y no quería incurrir en su ira.<br />
—Los llevaré-, dijo—. Después de todo, tal vez ustedes tengan más suerte que yo.<br />
¿A qué te refieres?-, preguntó Patamon mientras caminaban.<br />
—Hoy no ha articulado una palabra. Y ha estado todo el día quieto, mirando los símbolos de las paredes. Pero ya lo verán cuando lleguemos.<br />
Entraron; el equino continuaba de pie, estático, “como un monolito antiguo y paciente”, pensó Tentomon; parecía no haberse movido de allí por mucho tiempo.<br />
-Centarumon —susurró la felina, con el tono de quien quiere ocultar su impaciencia tras un velo de respeto-. Me preguntaba si podrías decirme si ha habido alguna distorsión últimamente.<br />
Silencio.<br />
—¿Centarumon?<br />
El guardián del laberinto se giró con una lentitud casi ceremoniosa:<br />
—No hoy —dijo—. Los problemas comenzarán mañana. ¿Pueden reunir a los otros miembros del grupo? Creo que lo mejor es que estén todos aquí para cuando pase. Hay ciertas cosas que quiero explicarles. Tráiganlos antes de que comience a clarear.<br />
<br />
—Lo siento mucho, señora Yagami —decía el oficial de policía—. No podemos tomar denuncias de desapariciones hasta que no hayan pasado tres días sin saber el paradero de la persona en cuestión.<br />
—¿Por qué? —preguntó Taichi, enfadado; su madre parecía no haber digerido la noticia, pero él suponía que algo así podía pasar.<br />
—Porque casi todas las “desapariciones” —el oficial hizo un gesto de comillas con las manos— de niñas y adolescentes de estos días se debe a chicas caprichosas que se escapan de casa, y no podemos mover el aparato policial para esos casos. Seguramente volverá en un par de días, cuando tenga frío y hambre, y se dé cuenta de que el mundo real es peligroso, y no cómodo como la casa de su madre.<br />
Alguien rio. El oficial con el que hablaban dibujó una sonrisa sarcástica. Taichi apretó los puños. “Mi hermana ha sobrevivido a más peligros cuando tenía ocho años que ustedes en toda su vida”, pensó, pero no dijo nada.<br />
—¿Podría darme su nombre y número de placa? —preguntó el señor Yagami.<br />
Todos se callaron súbitamente.<br />
—Señor, aquí estamos ocupados. No podemos perder el tiempo con denuncias estúpidas. Le solicito que se marche.<br />
—Vamos, mamá —dijo Taichi tocándole el hombro-. Ya sabía yo que sería inútil.<br />
Salieron; cuando estaban a punto de cruzar la calle para dirigirse a su apartamento, alguien los interrumpió llamándolos a gritos. Se giraron. Era una joven policía, cuya edad difícilmente superara los veinte años; conservaba cierta delicadeza juvenil en el rostro, pero hablaba con el tono de quien está acostumbrado a la disciplina, no la policial ni la marcial, sino una más estricta y propia, quizá única.<br />
—Mucho gusto. Mi nombre es Masami Ushikawa-, dijo mientras tendía a cada miembro de la familia una tarjeta de presentación blanca en la que no había escrito más dato que el que ella acababa de enunciar-. Escuché su situación, y tengo que pedirle disculpas por la actitud de mi jefe-, agregó haciendo una reverencia profunda-. Esto es extra oficial, pero me gustaría ayudarles en lo que pueda a encontrar a su hija. Si quieren mi ayuda, necesitaría cierta información.<br />
Fueron juntos hasta el hogar de la familia, y una vez allí, la agente comenzó con su interrogatorio: preguntó si Hikari solía tener discusiones con el resto de la familia, si solía escapar de las clases, si tenía antecedentes, si sabían si había sido amenazada alguna vez, y un montón de cuestionamientos que Taichi no se había tomado la molestia de responder porque sabía que serían inútiles, aunque hubo una pregunta que llamó su atención:<br />
—¿Dónde estaban sus hijos entre el primer y el cuarto día de agosto de 1999?<br />
Los señores se miraron y luego dirigieron sus ojos hacia su hijo, que no sabía qué decir.<br />
—Taichi estaba de campamento. Hikari también iba a ir, pero no pudo, porque estaba enferma.<br />
—Enferma y de campamento —dijo mientras tomaba notas en una libreta de mano—. Ya veo—. Se volvió hacia Taichi: —¿hay algo que quieras decirme?<br />
—No —respondió él. Luego, lo perturbó el recuerdo de que esas fueron las últimas palabras que había intercambiado con su hermanita, y la certidumbre de que ella, como él ahora, le había estado ocultando algo.<br />
Esa noche no pudo dormir, y solo entonces comprendió cuánto habría sufrido Hikari cuando su compañera había sido capturada. Todavía resonaban en su cabeza ecos del grito que había oído esa tarde: “Ayúdame, hermano… Ayúdame… Por favor…”.<br />
<br />
Centarumon continuaba mirando los símbolos de las paredes del laberinto que protegía, incrédulo. Por un lado, en cuanto más examinaba las señales, más claros e incuestionables le parecían sus significados, pero por otro se resistía a creer en la veracidad de esas palabras, que juuzgaba completamente disparatadas.<br />
Se volteó al escuchar sonidos que le indicaban que alguien había llegado; allí estaban los ocho Digimon elegidos. “¿Es correcto cargar con este peso sobre sus hombros? ¿No sería mejor dejarlos descansar?” Pero el mundo le debía su existencia a esos ocho seres que ahora estaban frente a él, y si bien es cierto que con el paso del tiempo se habían desarrollado sistemas de defensa más complejos, ellos se habían ganado a fuerza el derecho de saber lo que estaba pasando.<br />
Gomamon, Palmon y Biyomon estaban confundidos; Agumon, Gabumon y Patamon, resueltos; Tentomon curioso y Tailmon se consumía en fría cólera, sus ojos más ardientes que la línea de fuego que comenzaba a dibujarse en el horizonte. Centarumon empezó a hablar:<br />
-Me alegro de que hayan venido todos. Excelente. Realmente no conozco el origen de estas ruinas, pero con el paso del tiempo y con los años que llevo dedicado a protegerlas y estudiarlas, he llegado a la conclusión de que en estos muros está escrita la historia del mundo, hasta en sus más insignificantes pormenores. Pero por alguna extraña razón, esta escritura tiene una particularidad: es completamente indescifrable hasta que falta muy poco para llegar al tiempo en el que lo que profetiza tiene que cumplirse. Es por eso que no supimos de la aparición de VenonVandemon o de la materialización de Apocalymon sino hasta pocas horas antes de que esos hechos ocurrieran.<br />
—¿Y por qué nos cuentas esto? —preguntó Tailmon, impaciente—. Desde ayer por la tarde que tengo la horrible sensación de que a Hikari le está pasando algo terrible, vengo a preguntarte si ha pasado algo y tú solo me dices que reúna a todos y que los traiga aquí. ¿Qué tiene que ver esto con Hikari?<br />
—No sé si estará directamente relacionado —dijo Centarumon—. Pero ayer por la tarde se ha hecho visible un nuevo párrafo de la escritura.<br />
—¿Y qué dice? —preguntó la gata.<br />
—Habla del fin del mundo.<br />
Todos se miraron, incrédulos, temerosos, vacilantes.<br />
—¿Cómo se producirá? —preguntó Palmon—. ¿Cómo será el fin de todo? ¿Qué lo causará?<br />
—Eso también es interesante. Según lo que se lee, lo causarán los humanos. De acuerdo con esto, Tendrán tres contactos importantes con este mundo. El primero ha sucedido hace mucho tiempo y ha marcado el final de la era primitiva. En aquella ocasión fue cuando el Digimundo tomó conciencia de la existencia del mundo real. Los Digimon estaban en guerra contra un déspota al que no podían vencer. A alguien se le ocurrió la idea de entrar en contacto con la otra dimensión para que los pocos supervivientes se refugiaran en ella, pero descubrió que había seres que podían crear vínculos con algunos de nosotros y ayudarnos a evolucionar, y decidió traerlos a este mundo para que derrocaran al señor oscuro. El segundo contacto es el que ustedes ya conocen, porque formaron parte de él. Pero lo que ocurrirá hoy será distinto. Según esto, los humanos que llegarán serán los causantes de la destrucción del mundo. Así que debemos estar preparados para lo que sea.<br />
Los Digimon asintieron en silencio; desde su nacimiento habían estado preparados para morir defendiendo su mundo, y sabían que tirarían a matar a todo aquel que lo pusiera en peligro.<br />
<br />
—Hijo, despierta. Hijo.<br />
Sintió que alguien lo zarandeaba. Lentamente abrió los ojos y movió el cuello para descontracturarse. Ya era de día. Se había quedado dormido frente a su ordenador portátil, que estaba desenchufado, y ahora no podía prenderlo por falta de batería. Se sintió culpable: no solo no había podido abrir la puerta, sino que no podría usar su computadora por una negligencia estúpida. Cuando vio qué hora era, conectó el cargador, se vistió apresuradamente, tomó los diagramas en los que había estado trabajando y algo para comer en el camino, y salió corriendo en dirección a la escuela. Mientras bajaba las escaleras, se encontró con una mujer joven, de aspecto severo, que parecía dirigirse a su departamento. Pensó que era una nueva amiga de su madre, aunque no la había visto nunca y era demasiado joven, pero optó por no darle mayor importancia.<br />
Durante el almuerzo se encaminó, acompañado por Mimi, a la meza en la que lo esperaban los demás. El panorama era bastante triste: Sora estaba rodeando con su brazo los hombros de Taichi, que tenía la cabeza baja, mientras Yamato hablaba con él en susurros.<br />
—¿Alguna novedad?-, preguntó Mimi como para romper el hielo.<br />
Sora le dirigió una mirada de advertencia:<br />
—Hikari-chan ha desaparecido —dijo.<br />
Mimi pareció quedarse sin palabras. Koushiro se sintió aún más culpable. Se sentó en silencio delante de Taichi.<br />
—¿Has abierto la puerta?<br />
Koushiro negó y Taichi descargó sobre él toda la furia que su impotencia y su miedo habían alimentado:<br />
—¡NUNCA ERES ÚTIL CUANDO SE TE NECESITA! ¡ERES UN DESVERGONZADO! ¡NO ERES DIGNO DEL EMBLEMA QUE LLEVAS!<br />
Koushiro no se inmutó, en parte porque sabía que Taichi estaba cegado por la furia, y en parte porque sospechaba que su líder estaba dirigiendo gran parte de esos insultos a sí mismo. El moreno se calmó al darse cuenta que todo el ámbito del comedor había quedado en silencio, y que todos lo miraban; pero continuó contemplando al pelirrojo con odio, aunque sus iris se veían turbios por las lágrimas que se estaba tragando. Izumi se volteó hacia Tachikawa:<br />
—¿Has contactado con Jyou?<br />
Mimi suspiró.<br />
—Sí —dijo—. Pero es como si no lo hubiera hecho. Dice que está muy ocupado y que no puede perder el tiempo con el Digimundo. Está jugándose su futuro y no puede permitirse distraerse con nimiedades.<br />
Taichi escupió. Koushiro giró la cabeza hacia Yamato:<br />
—¿Y qué me dices de tu padre? ¿Te ha mostrado los símbolos?<br />
—No —respondió el rubio—. Dice que la Fuji destruye todos los archivos en los que salen. Es por consejo de Sakurada. No quieren que todo se contamine de espíritus malignos. Pero conseguí sacarle la promesa de que en cuanto vuelva a suceder, me lo mostrará.<br />
—Al menos es un progreso —dijo Koushiro.<br />
—Es más de lo que has hecho tú —replicó Taichi.<br />
Koushiro no respondió. Sacó de la mochila los diagramas que había hecho y los puso a la vista de todos. Eran unas redes complejas, que mostraban un conjunto de circunferencias entrelazadas por una serie de nodos. Todo tenía un aspecto caótico, y había números por todas partes.<br />
—Este es un diagrama especulativo y en tal caso sumamente incompleto, basado solo en una interpretación libre de un comentario que nos dijo Gennai mientras nos hospedábamos en su casa —comenzó—. Recuerden que Gennai nos dio diez cartas que debíamos colocar en nueve posiciones, y que dependiendo de cómo las colocáramos, se iba a abrir una puerta a un mundo diferente. Esto nos dice que la cantidad total de mundos, al menos de aquellos a los que se puede acceder desde esa puerta, asciende a un total de tres millones seiscientos veintiocho mil ocohcientos. Tal vez haya más, pero nos limitaremos a estos por ahora, porque queda claro que son aquellos con los que se puede hacer contacto.<br />
Hubo un instante de silencio; al parecer, todos estaban tratando de digerir la magnitud de la cifra que había dicho el pelirrojo.<br />
—Eso es un problema —dijo Sora—. Aunque tengas el número de los universos no podremos acceder a todos y aunque pudiéramos, moriríamos de viejos antes de terminar de explorarlos, y no podríamos encontrar a Hikari-chan.<br />
—Es más grave de lo que crees. Tengo una teoría de cómo los universos pueden relacionarse, pero no creo que nos sirva de mucho. Además, sin indicios claros de su paradero, no podemos hacer nada. Por lo tanto, Yamato, en cuanto tu padre consiga una imagen de las letras que aparecen en pantalla, o una grabación de los audios o lo que sea, necesito que me lo alcances cuanto antes.<br />
—Así será —dijo el rubio.<br />
Cuando Koushiro llegó a su casa, su madre lo encaró para preguntarle si conocía a una tal Masami Ushikawa, y él lo negó y le preguntó quién era.<br />
—Es una muchacha que ha estado aquí justo después de que te fueras al colegio. Dijo que era de la policía y que quería hacernos un par de preguntas sobre Hikari. Pero las preguntas que hizo fueron extrañas. Al principio parecían normales, no lo niego. Pero luego comenzó a hablar sobre los acontecimientos de agosto, los de hace tres años.<br />
—¿Y qué le dijiste?<br />
—Respondí a todo. Después, me dijo que quería ver tu computadora, así que la llevé a tu cuarto. Estuvo un tiempo largo allí. Cuando se fue, parecía satisfecha.<br />
Koushiro no la dejó terminar. Entró corriendo a su habitación, encendió la computadora de escritorio y la portátil, pasó por ambas el antivirus, revisó minuciosamente cuáles fueron las acciones hechas por Ushikawa, y decidió, para eliminar toda posibilidad de fallo, restablecer la configuración a una fecha anterior. Cuando hubo terminado, su madre le comunicó que Yamato estaba al teléfono.<br />
<br />
Takeru Takaishi estaba sentado en el suelo del parque central de Odaiba, absorto en la contemplación de su palma abierta. “Ella sostuvo esta mano”, pensaba: “La sostuvo con firmeza: ‘No te voy a soltar’, había dicho”. La noche anterior, después de que Taichi le cortara el teléfono y él oyera la voz de Hikari pidiéndole auxilio, Takeru había intentado varias veces averiguar qué había pasado. Primero había procurado comunicarse con la casa Yagami, pero la línea estaba siempre ocupada, y cuando no lo estuvo, el aparato sonó una buena cantidad de tiempo sin que nadie lo atendiera; después llamó a su hermano, quien solo le dijo que Taichi había comentado que durante los últimos días su hermana había actuado de manera sospechosa; más tarde intentó comunicarse nuevamente a casa de Hikari, y lo atendió la señora, quien, sin siquiera saludar, preguntó si se trataba de Masami Ushikawa, y al responderle él que no, le dijo, con tono angustiado, que por favor no volviera a llamar; y justo después de volver de clases, pudo comunicarse con su hermano, quien le informó que la pequeña Yagami estaba desaparecida.<br />
En ese momento, mientras recapitulaba los pormenores de su último encuentro con Hikari y recordaba que ella le había prometido acompañarlo a este festival, cayó en su palma una hoja de Sakura. “Qué frágil es”, pensó Takeru. “Es como la mano de Hikari… como nosotros”.<br />
Levantó la cabeza. Los cerezos estaban llenos de vida, pero pronto estarían secos y muertos. Frente a él, aunque dándole la espalda, estaban Taichi y Sora. La pelirroja tenía su brazo alrededor de los hombros del moreno, y le susurraba algo; él tenía la cabeza gacha, y Takeru supuso que estaba preocupado por Hikari.<br />
Entonces sintió que alguien los llamaba a los tres, y giró la cabeza hacia la dirección de donde procedía el grito. Koushiro Izumi estaba de pie, jadeando, con la mano puesta en el costado, en un intento vano por amortiguar el dolor de las agujetas.<br />
—Yamato ha conseguido unas imágenes de las letras que aparecen en las paredes de la Fuji TV —dijo sin dar rodeos—. No sé si tengan que ver con Hikari, pero está más que claro que se relacionan con el mundo Digital. Tal vez dentro de poco podamos abrir la puerta.<br />
Taichi se puso de pie; parecía aliviado.<br />
<br />
Ruido de olas. Remoto olor a sal. Humedad. Llovizna. Frío. Sus ojos aun no se acostumbraban a la penumbra. Pero no estaba sola. Lo sabía.</div>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div align="right">Saccheggiatrice d’inerzie e dolori,<br />
Notte; difesa ai silenzi,<br />
L’età rigermina<br />
Delle oblique tristezze.<br />
<br />
E vedo in me fanciulli<br />
Leggiadri ancora sull’anca<br />
Al declivio delle conchiglie<br />
Turbarsi alla mia voce mutata.<br />
SALVATORE QUASIMODO</div>
<div align="center"> </div>
<div align="center">Digimon Reset<br />
デジモンリセット<br />
<br />
Libro primero: La llamada de las tinieblas<br />
最初本、闇呼<br />
<br />
Capítulo 1: La extinción de la luz<br />
第一章、光消</div>
<div align="right">Yo, de niño, temía que el espejo<br />
Me mostrara otra cara o una ciega<br />
Máscara impersonal que ocultaría<br />
Algo sin duda atroz. Temí asimismo<br />
Que el silencioso tiempo del espejo<br />
Se desviara del curso cotidiano<br />
De las horas y del hombre y hospedara<br />
En su vago confín imaginario<br />
Seres y formas y colores nuevos.<br />
(A nadie se lo dije; el niño es tímido).<br />
JORGE LUIS BORGES.</div>
<div align="justify">
<hr class="mycode_hr" />
<hr class="mycode_hr" />
<br />
Cuando logró por fin desligarse de aquella pesadilla, la chica se sentó, intentando en vano reconstruir las imágenes que su mente había creado para su tormento, sin más resultado que el menguante recuerdo de una amalgama enigmática de angustia y miedo cuya familiaridad le hizo darse cuenta de que no era la primera vez que aquella manifestación onírica se ensañaba con sus noches. Mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad imperante en el cuarto, se enjugó las lágrimas y se secó el sudor de la frente; luego se puso de pie, miró a través de la ventana el urbano paisaje nocturno de Odaiba, y recordó otra noche remota, la del dos de agosto de 1999, en la que había estado en vela, esperando el regreso de uno de los seres más importantes de su mundo. “Cuánto me gustaría que estuvieras aquí conmigo”, pensó, y fue en busca del objeto que la unía a ese ser, lo tomó y lo presionó con fuerza contra su pecho. Hacía casi tres años que no reaccionaba, pero ninguno de los ocho viajeros se había deshecho del suyo, quizá menos porque conservaran la esperanza de que algún día volverían a ver a sus amigos que por la necesidad de confirmar que eso había ocurrido realmente.<br />
<br />
En la cama superior, Taichi Yagami, despierto desde mucho, se había convertido en un involuntario centinela silencioso de los padecimientos de su hermanita, pero sabía, por la frustración que trae consigo la experiencia del fracaso reiterado, que cualquier intento de indagar sobre las causas de sus penas caería en terreno estéril, porque Hikari acostumbraba privilegiar el bienestar ajeno por sobre el propio, costumbre que la había llevado al borde de la muerte en dos ocasiones, a pesar de sus precoces once primaveras. Por eso la observaba en silencio, buscando algún mínimo indicio de la bruma indecible que anidaba en su alma. Escuchó cómo sus sollozos mutaban en ininteligibles gemidos de angustia, y la vio despertar, sentarse en la cama, mirar por la ventana, tomar su Digivice, contemplarlo un segundo y apretarlo contra su pecho hasta que las señales de congoja fueron reemplazadas por expresiones de algo que la mayoría hubiera confundido con tranquilidad, pero que él sabía era resignación.<br />
Poco tiempo más tarde, ambos hermanos estaban casi listos para partir a la escuela, mientras el telediario hablaba del florecimiento de los cerezos en las diversas zonas de Japón. Al ver eso, Taichi recordó su compromiso anual de ir a contemplarlos con Sora Takenouchi, su mejor amiga, y se volteó hacia su hermana para pedirle que los acompañara. Entonces, una sombra de preocupación inquietó su pensamiento: ella se había ensimismado al punto de dejar el plato intacto y parecía estar muy entretenida contemplando su reflejo en el té verde. Si bien era cierto que Hikari tendía a abstraerse del mundo, su comportamiento en esta ocasión fue tan inusual que hasta la propia señora Yagami tuvo que preguntarle por su estado. La pequeña se quedó un instante en suspenso, pero luego articuló un “Estoy bien” tan apático, tan vacío, tan antinatural que no hizo más que acrecentar las preocupaciones de su madre. Turbada e insatisfecha, la señora intentó colocar su palma en la frente de su hija, pero la pequeña se lo impidió al grito de: “¡No me toques! ¡Te dije que estoy bien!”, para luego tomar su mochila y abandonar la casa rápidamente, sin siquiera despedirse. Los miembros restantes de la familia intercambiaron una mirada que conjugaba el estupor con la incredulidad, y tras unos segundos de tenso silencio, el señor Yagami solicitó a su vástago que fuera tras ella para cuidarla.<br />
Taichi la alcanzó cuando había descendido la mitad de las escaleras y la escoltó, silencioso, hasta la puerta de su institución educativa. Antes de separarse de ella, la miró a los ojos y le preguntó:<br />
—¿Hay algo que quieras decirme?<br />
Hikari lo contempló largamente.<br />
—No —dijo.<br />
<br />
En otro edificio de la misma prefectura, un joven rubio se dirigía por primera vez a la escuela que le fuera asignada al mudarse de distrito. Inicialmente su madre había pensado que el chico no aceptaría el cambio, pero en verdad a Takeru Takaishi le encantó la idea, no solo porque vivir en ese lugar acrecentaría la frecuencia de sus encuentros con su hermano y su padre, sino también porque le daría la posibilidad de asistir al mismo colegio que sus antiguos compañeros de aventuras. Durante el trayecto, le agradó notar las cada vez más visibles señales de la primavera; aquí y allá se vislumbraban los primeros brotes.<br />
Ya en clases, Takeru notó que compartiría aula con Hikari Yagami, a quien lo unía, quizá, algo más que unas experiencias de vida. Estaban en clases de Literatura, la favorita del rubio. El profesor hablaba del Haiku y resaltaba cómo su brevedad buscaba destacar un instante de belleza fugaz y lo efímero de la vida. Probablemente ese era un concepto inasequible a la mayoría de los onceañeros, pero Takeru había visto el rostro de la muerte con tan solo ocho veranos, y lo comprendía. Recordó el asesinato de Wizarmon, que nunca podría revivir, y aquella ocasión en la que había estado velando el sueño febril de Hikari durante horas interminables, mientras los perseguía el Ejército de Metal.<br />
Entre tanto, el profesor acababa de leer un poema (“Sopla si quieres,/ oh viento del otoño./ Flores sin color”), y quería que alguien diera una interpretación. Al cabo de unos segundos de silencio, Takaishi se puso de pie y comenzó a hablar. Dijo que el viento era una imagen dinámica que simbolizaba el paso del tiempo, que el otoño aludía a la muerte por las hojas que caen al suelo, y que las flores sin color denotaban vejez. El profesor lo felicitó, y el muchacho se sentó y giró la cabeza hacia Hikari:<br />
—Pero cuando llega la primavera y las flores renacen, son más hermosas aún —le dijo, sonriendo.<br />
Ella le devolvió la mirada mas no la sonrisa.<br />
<br />
En ese mismo momento, Yamato Ishida caminaba sin prestar atención al paisaje circundante, ni a la tibieza del sol en su frente, ni a la suave caricia del viento primaveral, con la mente urdiendo maquinaciones de índole casi metafísica. La noche anterior, su padre había llegado a casa mucho más tarde de lo corriente, lanzando suspiros de cansancio o resignación. Yamato no podía entender las causas de su congoja, cuando tan solo dos semanas atrás había estado eufórico por la reapertura del edificio de la Fuji TV destruido en la batalla contra Vandemon. Cuando el muchacho le preguntó qué le sucedía, el hombre soltó una parrafada casi incomprensible sobre sombras que turbaban la filmación de los doramas, audios que interferían la trasmisión de la música y símbolos ilegibles que ornamentaban las paredes del edificio y que solo podían ser vistos por cámaras. No había explicación alguna para esos fenómenos, pero Sakurada insistía en que era probable que tuviera que ver con los demonios que aparecieron hacía tres años.<br />
Yamato nada había dicho para no desalentar a su progenitor, pero sospechaba que la hipótesis no era del todo incoherente. Llegó a la escuela casi sin percatarse y se encontró con un Taichi Yagami cuya expresión deprimida era muy similar a la del hombre que había dejado en su hogar. Le preguntó si le pesaba algo, y él atribuyó su depresión al inicio de clases, pero Yamato no lo creyó, aunque prefirió ignorar la situación por el momento.<br />
Entonces apareció Koushiro.<br />
—¿Se ha abierto la puerta digital? —preguntaron Taichi y Yamato a un tiempo.<br />
Ambos se miraron, sorprendidos; Koushiro tampoco sabía cómo reaccionar. Esa mañana, como todas desde que volvieran de su viaje, había escrutado la puerta al Digimundo para encontrarse que estaba cerrada. Era natural; salvo por el encuentro con Diaboromon que casi termina en tragedia, los contactos entre ambas dimensiones habían sido pausados y fugaces. Pero lo que sorprendía al pelirrojo era lo abrupto de las preguntas. En un principio, no bien terminadas sus aventuras, recibía esos interrogantes varias veces al día, de parte de todos los miembros del grupo; más tarde, con el paso del tiempo, su frecuencia disminuyó; y finalmente todos aceptaron que Koushiro les diría si había alguna novedad.<br />
—¿Por qué le preguntaste eso? —inquirió Yamato.<br />
—Por nada. ¿Y tú?<br />
Yamato iba a ensayar una explicación, pero el sonido de la campana obligó a los tres a dirigirse a sus aulas.<br />
<br />
Cuando llegó la hora del almuerzo, Takeru buscó a Hikari, porque la había notado particularmente taciturna. La encontró en un rincón aislado, la vista perdida en la ventana; ni siquiera había sacado el obento de su mochila, y parecía estática. Él se acercó y le preguntó si se sentía bien, y ella reconoció que estaba mareada; entonces, él le dijo que fuera a la enfermería y se ofreció a acompañarla, pero ella le contestó que no era necesario, que todo era producto del cansancio y que iba a lavarse la cara para despertarse. Takaishi le propuso acompañarla hasta el baño y esperarla en la puerta, pero ella le dedicó una mirada que parecía reprocharle que la tratara como una niña desvalida; por eso, el rubio se resignó, se sentó y observó cómo ella se alejaba, con movimientos lentos y vacilantes. Al ver esto, Takeru tuvo el impulso de ir a ayudarla, pero decidió respetar su decisión y concentrarse en la comida.<br />
Mientras comía, Takaishi pensó en lo poco que conocía a Hikari. Sabía que tenía una indefinible característica que la hacía sobresalir del resto del grupo; no en vano el guardián del Digimundo había elegido su cuerpo como médium para comunicarse con ellos ni había sido a través de ella que se había manifestado la luz cuyo poder había definido la victoria contra Mugendramon; pero a la vez suponía que esa característica la hacía vulnerable a los poderes de las tinieblas. ¿Tendría que ver con eso su estado actual? No podía decirlo.<br />
Habían pasado diez minutos desde que Hikari se marchara, y no daba señales de volver. Takeru, preocupado, dejó lo poco que quedaba en su plato y se dirigió al baño para ver si había salido. Se detuvo en la puerta y al poco tiempo escuchó un grito de desesperación que hizo que quisiera abrirla; pero antes de que llegara a hacerlo, una profesora lo interrumpió e ingresó en su lugar.<br />
Allí estaba ella, tirada en el suelo, en posición fetal y agarrándose la cabeza; dos maestras la ayudaban a levantarse, mientras un tercero le preguntaba si estaba bien y qué le había pasado; alrededor se había conglomerado una turba de estudiantes curiosos, que los docentes intentaban despejar para que la joven pudiese avanzar.<br />
—Fue un mareo —era todo cuanto decía la chica a las múltiples interrogantes, pero Takeru intuía que había algo que no quería decir; y sus preocupaciones se convirtieron en terror al notar que el pie derecho de su compañera parecía difuminarse, como visto a través de una niebla. Al parpadear, esa impresión había desaparecido, aunque la imagen era demasiado vívida para que pudiera argumentarse que fuese una ilusión óptica.<br />
<br />
Acababa de sonar la campana para el almuerzo en la escuela secundaria, y Taichi, Yamato y Sora Takenouchi fueron al comedor. Durante el camino, Taichi se dirigió a la pelirroja para recordarle su compromiso anual de ir a ver el florecimiento de los cerezos. Lo hacían juntos desde que tenían cinco años, pero desde el florecimiento del 2000 tenía un significado especial para ellos, porque les servía para ver lo que habían contribuido a salvar. Sora le dijo que iría con gusto, y le preguntó si Hikari los acompañaría.<br />
—No lo sé —dijo—. Hablaremos de Hikari cuando nos encontremos con Koushiro.<br />
Izumi y Tachikawa ya estaban sentados, y cuando los otros tres entraron, la chica les hizo señas para que se acercaran, mientras el muchacho graficaba un diagrama cuya complejidad lo hacía ininteligible para la mayoría de los mortales. Y mientras comían, comenzó la charla.<br />
—Yamato-, dijo Koushiro —antes de que nos separáramos estuviste a punto de decirme por qué habías preguntado si la puerta se había abierto. ¿Podrías decírnoslo ahora?<br />
—Es mi padre —comenzó a decir el rubio—. Hace un par de semanas se reconstruyó el edificio de la Fuji, y desde entonces han comenzado a suceder cosas extrañas.<br />
—¿Qué clase de cosas?<br />
—No fue muy explícito. Mencionó vagamente algo sobre unas sombras que interrumpían las trasmisiones de los doramas, sonidos que interferían en los audios y letras que aparecían en las paredes y que solamente eran perceptibles por las cámaras.<br />
—¿Y tú crees que tiene que ver con el Digimundo?<br />
—No puedo asegurarlo. Pero pienso que es posible. Principalmente porque allí tuvimos la batalla final contra Vandemon y fue donde murió Wizarmon. Sabemos que si un Digimon muere en el Digimundo, sus datos irán a la ciudad del inicio, donde renacerá como un Digihuevo. Pero ¿qué sucede cuando uno muere en el mundo real?<br />
Hubo un instante de silencio en el que cinco pares de ojos se fijaron en Izumi.<br />
—No sé qué decirte, la verdad. Lo más probable es que los datos se pierdan en la atmósfera. También es probable que algunos hayan podido regresar al Digimundo, merced a la gran distorsión que había en ese momento. También puede ser que estén concentrados en el lugar en el que los Digimon perecieron, y que eso esté causando esos problemas. Sabemos que los Digimon tienen habilidades que interfieren en los artefactos electrónicos. Basta pensar, por ejemplo, en la para proteína que Vandemon usó para aislar Odaiba. Su efecto se detuvo cuando él murió, pero existe la posibilidad de que haya quedado un remanente de eso. Pero para confirmar mi hipótesis tendría que analizar las características de la interferencia.<br />
—¿Crees que los símbolos pueden ser las letras que vimos en la fábrica de Andromon, el laberinto de Centarumon y la pirámide invertida de Nanomon?—preguntó Mimi, recordando la concentración con la que el pelirrojo se había abstraído de todo en el laberinto.<br />
—Tendría que verlos para estar seguro. Pero en este mundo, esos grafemas tienen las características de letras normales. En el Digimundo podían utilizarse para manipular la realidad, porque eran el registro de los datos. Pero aquí no sucede lo mismo. Eso es bueno, porque si un Digimon maligno intenta atacarnos con eso, aquí es inútil completamente.<br />
Hubo un tiempo de silencio. Luego, Yamato se volvió hacia Taichi:<br />
—¿Y tú no tienes nada que decir?<br />
El moreno se quedó un rato callado, pero luego tomó la palabra:<br />
—Es Hikari. Últimamente ha estado muy rara. Taciturna, apagada, como ausente. Tal vez no sea nada relacionado con el mundo Digital, pero como Hikari siempre fue más receptiva a las influencias de aquella dimensión, es probable que tenga relación con eso. Pero si me dices que no ha habido ninguna anormalidad, parece que está atravesando simplemente un periodo de crisis preadolescente.<br />
—Pobre Hikari-chan —susurró Sora.<br />
—Es probable que solo sea eso —dijo Koushiro—. Sin embargo, hay algo que me molesta.<br />
Todos se volvieron hacia él.<br />
—¿De qué hablas?<br />
—Recuerden que hay varios mundos. Gennai ya nos lo había advertido en el momento en el cual teníamos que atravesar la puerta en el castillo de Vandemon. Nos dijo que si nos equivocábamos en la colocación de las cartas, podíamos entrar en otros mundos. Esto nos dice dos cosas: primero, que hay varias dimensiones, no solamente dos; segundo, que están interconectadas; y si tenemos en cuenta que Hikari es más sensible que cualquier otro ser humano a las influencias del mundo Digital, es también posible que lo sea con estos otros universos. Pero esta es una hipótesis rebuscada y sin fundamento. Para estar seguro, necesitaría hablar con ella.<br />
—Yo hablaré con ella —dijo Taichi—. Esta noche, en casa, la obligaré a decirme qué le sucede.<br />
Lo dijo de una forma tan decidida, tan llena de determinación, que a Sora le aterró lo que pudiera llegar a hacer.<br />
—Tai-san-, dijo ella-. Mejor déjamelo a mí. Creo que podremos preguntarle en el Hanami de mañana. Intuyo que el ambiente la relajará y la alegrará. Así estará más dispuesta a contarnos todo.<br />
<br />
Otra persona que no dejaba de pensar en la elegida de la luz era Takeru Takaishi. A raíz de su incidente en el baño había sido trasladada a la enfermería del instituto, y aún no había vuelto. El muchacho estaba a punto de pararse para ir a ver cómo estaba su compañera, pero justo en ese momento la puerta se abrió y ella entró y tomó asiento.<br />
Desde entonces, el rubio dejó de concentrarse en los vaivenes de la Era Edo, o en las características de las células o en la forma de resolver una ecuación, porque su mente estaba concentrada solamente en Hikari. Por unos instantes había conseguido tranquilizarse, pero cuando vio que la figura de su amiga parecía desvanecerse en el aire, se paró, y gritó su nombre, lo que le valió que el profesor lo expulsara del aula.<br />
Luego de eso y hasta el final de la jornada escolar, Takeru estuvo parado en un pasillo, aterrado ante la posibilidad de que Hikari se desvaneciera de un momento a otro sin que él pudiera hacer nada por evitarlo. Y cuando al fin las clases terminaron, se sintió aliviado al ver que no le había pasado nada a su compañera, y se ofreció a acompañarla a su casa, pero ella declinó la oferta, aunque cedió a caminar con él hasta que tuvieran que tomar distintas vías.<br />
Amduvieron en silencio, pero el chico se sonrió aliviado al ver que en el rostro de la joven ya no había angustia ni sufrimiento. Antes de separarse de ella, le preguntó por última vez si se sentía bien. La chica asintió con la cabeza y el muchacho dio media vuelta para irse. Pero antes de doblar la esquina, se giró una vez más y le dijo:<br />
—¿Mañana quieres venir al Hanami conmigo?<br />
—De acuerdo-, dijo ella-. Iré contigo.<br />
Takeru se despidió con la mano, dobló en la esquina y perdió a la chica de vista.<br />
<br />
Taichi, Yamato, Sora, Koushiro y Mimi se habían juntado en la puerta del instituto para acordar qué hacer para indagar si las causas de los problemas que percibían estaban relacionadas o no con el Digimundo. Yamato debería recolectar toda la información posible acerca de los problemas que estaba teniendo la Fuji TV, y conseguir imágenes de los símbolos de las paredes; Taichi y Sora buscarían sonsacarle a Hikari algo de información sobre su mal; Mimi contactaría a Jyou para que se reuniera con ellos; y Koushiro aplicaría métodos de vigilancia más drásticos para detectar hasta las anomalías más diminutas entre las dimensiones.<br />
—Tal vez pueda pedirle a Takeru que nos ayude con Hikari-, dijo Yamato-. Después de todo, ellos van a la misma clase. Seguramente si le pasa algo, él lo notará.<br />
—Quizá-, dijo Taichi-, y tal vez pueda darte ayuda con el tema de tu padre. Sospecho que dos personas pueden ser mejores inquisidores que una sola.<br />
Ahora, cada uno volvía a su hogar, la mente ocupada en la misión que le fuera asignada. Cuando Yagami estaba por llegar a la puerta de su edificio, el día estaba muriendo y el cielo se había teñido de naranja; en la ciudad se amalgamaban los sonidos de las bicicletas, de los automóviles y de los niños que corrían por los parques; pero entonces, ajeno a los indiferentes sonidos de la urbe, se alzó otro, un ruido desgarrador, terrible, uno que el moreno había escuchado por última vez en el Digimundo, tras el disparo del Mugen Canon: un grito de desesperación de su hermana pequeña:<br />
—¡AYÚDAME, HERMANO!<br />
Al escuchar eso, Taichi miró en torno, y corrió hacia su casa, rezando porque ese grito no fuera más que una manifestación de su inconsciente a causa de sus dudas y turbaciones.<br />
<br />
Pero las dudas y turbaciones que atormentaban a Taichi no eran más que una sombra de las que anidaban en el corazón de su hermanita desde hacía ya varios días. Todo había comenzado con pesadillas de índole indecible que dejaban una resaca cada vez más amarga en su ánimo; con el tiempo, también se habían ido sumando voces y visiones diurnas que la hacían dudar de su salud mental; pero una conjunción atroz de deseo de no preocupar a sus seres amados y de miedo a las consecuencias que revelarles sus padecimientos pudiera acarrear la habían obligado a la reserva del silencio y el sigilo.<br />
Sin embargo, aquel día todo fue insostenible para ella. La angustia que le había dejado el sueño era mucho más fuerte y permanente que en cualquiera de las noches anteriores, y ni siquiera el refugio del recuerdo de sus momentos alegres junto a su amigo Tailmon la ayudaba. Además, desde su despertar se había percatado de que las formas del mundo estaban cubiertas por una niebla que las desdibujaba, y no sabía decir si se debía a un fenómeno del ambiente, a una proyección mental o a que se estaba quedando ciega; y se sentía extremadamente débil, como si algo le estuviera robando la energía, y el descanso no había servido de nada.<br />
Durante el desayuno no pudo concentrarse ni en la frívola charla de sus progenitores, ni en la información del telediario, ni en las actitudes de su hermano. La niebla que le turbaba los ojos se hacía cada vez más espesa y hasta los rostros de sus padres se estaban desdibujando. Entonces, sintió como si hubiera perdido el sentido del oído, pero se dio cuenta de que no era así cuando pudo escuchar una voz en su cabeza; era una voz áspera, cruel, vacía de todo sentimiento y claramente no humana:<br />
—Ven. Ven a mí. Necesito tu luz, tu sangre, tu vida. Necesito que engendres a mi progenie.<br />
En ese momento, entre la bruma, vio que su hermano se volteaba con intención de decirle algo, pero luego se quedó un instante en suspenso, y al cabo de ese tiempo movió la boca, y Hikari pudo escuchar (o intuir), a pesar del aturdimiento de sus oídos, que Taichi le estaba preguntando por su estado. Su cerebro tardó cierto tiempo en decodificar la pregunta y aún más en darse cuenta de la preocupación que subyacía detrás de sus palabras, y de que el hecho de no contestarle solo aumentaría sus ansiedades. Por eso abrió la boca y articuló un “Estoy bien” que a ella misma le pareció desganado, pero atribuyó eso a las debilidades de sus sentidos.<br />
—Necesito tu luz, tu sangre, tu vida.<br />
Podía intuir que nadie en su familia había creído su respuesta. En ese momento sucedieron dos cosas: primero, le pareció ver que desde las esquinas de la estancia surgían unas manos viscosas que buscaban atraparla; y luego, su madre se acercó a ella para ver si tenía fiebre; y sea por una proyección o un error de su miedo, a la niña le pareció que la mano de su madre se convertía en la de un ser de tinieblas.<br />
Para escapar de esa situación tan traumática, la chica apartó a su progenitora de manera brusca, tomó la mochila lo más rápido que pudo y salió de la casa sin siquiera despedirse o volver la vista atrás, ni pensar en las consecuencias que eso podía traer. Quiso bajar las escaleras a toda velocidad, como si pudiera escapar de lo que ya veía como una persecución, pero un mareo extremadamente fuerte y un nuevo mensaje de la voz la hicieron desistir de tal propósito:<br />
—Así. Muy Bien. Ven a mí. Un poco más.<br />
Se detuvo en seco. No quería creer que sus pasos la conducían a esa voz. Sintió que alguien se acercaba y se quedó firme, estática, convencida de que quien la llamaba había conseguido alcanzarla. Para su sorpresa, para su infinito alivio, no era más que su hermano.<br />
Él le comunicó que su padre quería hablar con ella a la hora de cenar y que la acompañaría a la escuela. Ella no respondió y simplemente avanzó como si nada, como si él no estuviera allí. El paisaje que se presentaba ante sus ojos nada tenía que ver con aquel que en ese mismo momento alegraba la vista y el corazón de Takeru; ella parecía, en virtud de alguna facultad extraña, ver el ciclo de la vida y la corrupción de la muerte de cada ser como si sucediera todo en simultáneo.<br />
Al llegar por fin al punto en el que debían separarse, Taichi se giró una vez más hacia ella y le preguntó si había algo que quisiera decirle. Ella lo miró largamente, en silencio; pensó en hablarle de sus reiteradas pesadillas, de la voz que salía de ninguna parte, del hecho de ver el día claro como una sucesión de sombras, o, sencillamente, en decirle que ahora lo veía como un cuerpo en descomposición, y que temía ante la posibilidad de estarse volviendo loca; pero, como siempre, eligió no preocuparlo.<br />
—No —respondió.<br />
En clase, apenas prestó atención a las relaciones de los Haiku con la filosofía Zen y la brevedad de la vida, pero, paradójicamente, era la persona dentro de ese salón que más pensaba en la muerte. Su angustia aumentaba cada vez más, y ni siquiera escuchó las palabras de Takeru ante la pregunta del profesor, ni lo que dijo cuando se giró hacia ella, porque estaba demasiado ocupada tratando de ignorar la voz que sonaba en su cabeza:<br />
—Ven. El tiempo se agota. Necesito tu luz, tu sangre, tu vida. Se acerca el fin, y solo tú puedes evitarlo.<br />
El paisaje que se mostraba ante sus ojos era apocalíptico; sabía que ningún otro podía verlo, pero la carcomía la sospecha de que en lugar de un delirio fuese una prognosis de la fatalidad que se avecinaba. Estaban en la hora del almuerzo, y una vez más Takaishi se acercó a ella para importunarla con preguntas sobre su estado. Ella habría querido responderle que se sentía bien, que no le pasaba absolutamente nada, pero algo en el tono de voz de su compañero hizo que se percatara de que esa respuesta no sería creída, por lo que optó por reconocer que se encontraba bajo los efectos de un mareo. La reacción del rubio fue tan desproporcionada que ella agradeció no haberle dicho la verdad: comenzó a insistir de manera harto molesta que era menester que fuera a la enfermería y que él la escoltaría y la acompañaría allí todo el tiempo que hiciera falta; pero ella lo cortó en seco, le dijo que se trataba de un mareo por cansancio y que solo necesitaba lavarse la cara, a lo que él se ofreció a ir con ella hasta la puerta del baño, pero ella se limitó a fulminarlo con la mirada, no porque estuviese furiosa con él, sino porque sentía que se había convertido en un peligro para todos los que la rodearan.<br />
Cuando terminó de mojarse la cara, levantó la vista y a través del espejo vio lo más aterrador que había experimentado en todo ese tiempo y, quizá, en toda su vida: el paisaje que se divisaba no era el de los sanitarios de una escuela, sino, más bien, una costa cenicienta, bajo un cielo pardo, en cuyo horizonte se podía vislumbrar la silueta umbría de un ser indeterminado que estaba mirándola atentamente, y (Hikari lo sabía) no ignoraba que ella también lo veía. Pero lo que realmente la impresionó fue ver su propia imagen: su cabello se había vuelto del color muerto de la ceniza, y su epidermis parecía una vela derretida; aquí y allá la carne roja comenzaba a resaltar. Entonces, sintió que pisaba un suelo húmedo y al bajar la vista, vio una gran extensión de agua negra que la abrazaba, y comprendió que aquella dimensión especular intentaba llevarla lejos. A continuación, perdió la sensibilidad en uno de sus pies, cayó al suelo y vio que una de sus rodillas se estaba escindiendo de su cuerpo. Aquello fue demasiado, y pegó un grito, que hizo que varios docentes se apresuraran a socorrerla y que una parvada de curiosos se agolpara en la puerta.<br />
Mientras reposaba en la enfermería, tomó una decisión: esa misma noche le contaría a su hermano todo lo que había pasado. Pero, como tantas otras veces, sucedió algo que hizo vacilar su resolución: una voz sonó nuevamente en su cabeza, aunque no era aquella del timbre amenazante que la había acompañado todo el día, sino una que despertaba su seguridad, una que había escuchado por primera vez en los lindes del bosque de Pinocchimon. Y no solo sintió su voz, sino también su presencia, y supo, con la certidumbre que tuvo aquella mañana, en otro mundo, que no le haría daño. Aquel ser le dijo que no se preocupara, que se entregara a su destino y que el universo se lo agradecería, y ella, aún con un remanente de miedo, le suplicó que le diera un poco más de tiempo para pensarlo.<br />
Una vez terminadas las lecciones, Takeru se ofreció a acompañarla hasta su casa, pero ella declinó la oferta, aunque no encontró excusa para negarse a dejarlo ir con ella hasta que tuvieran que separarse. Mientras caminaban no cruzaron una palabra, pero Hikari estaba escuchando en su cabeza la voz de aquella entidad que se había quedado con su cuerpo hacía tres años, y ahora le estaba pidiendo otro favor. Cuando llegaron al punto en el que tenían que separarse, ella vio que Takeru movía su boca, e intuyó que le había dicho algo, pero en ese mismo momento sintió la primera voz, la terrible, la que la intimidaba, preguntándole si estaba de acuerdo en ir con él.<br />
—De acuerdo —dijo ella—. Iré contigo.<br />
Inmediatamente, Takeru sonrió, la saludó con la mano y se alejó, probablemente pensando que la respuesta había sido dirigida a él. Luego, ella percibió que una enorme masa de oscuridad la circundaba, velando sus ojos, y la invadió un profundo sentimiento de paz.<br />
<br />
Si, en ese mismo momento, Takeru Takaishi hubiera vuelto la cabeza, habría visto a Hikari desaparecer en el aire del crepúsculo de Odaiba.<br />
<br />
Mientras contemplaba cómo aquel pequeño Yokomon se acercaba al confín de la Ciudad del Inicio, volvió a asaltarla, como en las incontables ocasiones precedentes, una conjunción enigmática de orgullo, temor y zozobra. Por un lado, estaba muy satisfecha por el hecho de que aquel Digimon hubiera alcanzado la madurez necesaria para valerse por sí mismo en este mundo hostil, pero por otro, le daba temor la enorme posibilidad de que la crueldad del afuera se ensañara con él.<br />
Tales pensamientos hicieron que sucumbiera ante un ardid de la nostalgia, que la llevó a quitarse el guante de la mano derecha para contemplar su cicatriz, y a sujetar con fuerza el silbato plateado que pendía de su cuello.<br />
—¿Cómo te has hecho esa herida? ¿Y por qué conservas ese silbato?<br />
Habían estado juntos desde que Yokomon era un Yuramon, pero nunca se había atrevido a preguntar por el silbato, aunque ella adivinaba en sus gestos que quería hacerlo desde hacía mucho. Tal vez ahora lo había motivado la creencia (o quizá la certeza) de que nunca volverían a verse.<br />
—No importa-, le respondió ella-. Son recuerdos de una época en que me extravié en una selva oscura y alguien me rescató y me llevó al buen camino. Pero no lo entenderías. Tú tienes otro camino que recorrer, como todos. Quizá tenga más espinas que el mío o quizá no. No lo sé. Pero ahora debes encontrarte con los tuyos en la aldea del desierto, cerca de la Montaña Miharashi. Piyomon te estará esperando. Allí estarás seguro, al menos por un tiempo.<br />
El Digimon bebé continuó avanzando, sin vacilar, pero cuando sus tentáculos se acercaron al linde del suelo de colchoneta de aquel lugar, el único que conocía en el mundo, se giró y volvió a dirigirse a su interlocutor:<br />
—Muchas gracias por todo, Tailmon-sama. Adiós.<br />
Aquellas palabras, el uso de los honoríficos y la formalidad extrema retrotrajeron al Digimon felino a tiempos oscuros, en los que era uno de los lugartenientes de los ejércitos que Vandemon había enviado a Japón a acabar con la vida de la persona que ella había nacido para proteger.<br />
—No me digas “Tailmon-sama”, por favor-, suplicó-. Yo solo soy Tailmon. Adiós. Espero verte pronto.<br />
Era un deseo honesto, pero la naturaleza salvaje de los Digimon y la crueldad del mundo le indicaban que nunca volvería a ver aquella esfera rosada, con tentáculos por pies y una flor azul en la cabeza. Cerró los ojos, bajó la vista, suspiró y negó.<br />
—Es doloroso, ¿Verdad?<br />
Se giró. Un ser con la forma de un conejo carmesí con una cola de nueve puntas se había acercado a ella sin que se diera cuenta.<br />
—Sí, Elecmon —respondió—. Es duro. Los Digimon tienen naturaleza salvaje, y son muy agresivos, y tanto tú como yo sabemos que pocos de estos niños sobrevivirán. Pero deben seguir adelante. Es su destino.<br />
—¿Y el tuyo?<br />
Tailmon no respondió. Caminaron en silencio hasta el centro de la ciudad, donde un Digimon cuyo cuerpo era una conjunción entre el de un caballo y un roedor, con alas particularmente grandes mecía con sus patas delanteras a un bebé de color negro y ojos amarillos brillantes que no paraba de llorar.<br />
—Dámelo —dijo Tailmon.<br />
Patamon accedió y el recién nacido se calmó en los brazos del Digimon adulto.<br />
—Es muy lindo —comentó la gata—. Es igual a aquel que sostuvo Hikari en brazos el día en que dejó el Digimundo.<br />
—¿Todavía piensan en ellos?<br />
—Siempre —respondió Patamon—. Cuando estaba en mi Digitama, recibí el mandato de cuidar y proteger a Takeru pasara lo que pasara. No podía oponerme a esa orden, porque estaba grabada en mi conciencia. Recuerdo cuando nací en la Isla File, no sabía cómo era el mundo, ni qué sorpresas me esperarían allá, ni cómo las enfrentaría; pero sabía que lo más importante para mí era defender a Takeru Takaishi, aunque en ese momento no supiera quién era, aunque fuera el nombre de una incógnita.<br />
—Y ahora que se han ido, ¿cómo dan sentido a sus vidas?<br />
Ambos se miraron en silencio; cada uno de los ocho Digimon Elegidos se había hecho esa pregunta en el núcleo de su intimidad, pero ninguno de los dos presentes la había materializado en voz alta, y esperaban que nadie lo hiciera.<br />
—Es difícil —dijo Tailmon por fin—. Cada uno de nosotros ha buscado distintas formas de llenar ese vacío, pero todos somos conscientes de que jamás los llenaremos del todo. Yo hago esto porque sé que a ella la habría hecho feliz.<br />
No dijo más. En ese momento recordaba la sonrisa de satisfacción de Hikari cuando el Digitama que acunaba eclosionó y dio origen a aquel Botamon similar al que ahora se había dormido entre sus brazos.<br />
“Esto es lo que te gustaría que hiciera, ¿verdad?”<br />
Y en ese momento, escuchó el grito:<br />
—¡AYÚDAME, TAILMON!<br />
<br />
Ya el crepúsculo estaba a punto de convertirse en noche cerrada cuando Takeru terminó de hacer la tarea. La hizo sin mucha determinación, con la TV encendida en el canal de la Fuji para ver de refilón si aparecían los signos extraños o las sombras que inquietaban a su padre, o las voces que intervenían en los audios. En un momento le pareció ver que un grafema de color ígneo se formaba en una pared, pero al poco tiempo apareció un cartel de problemas técnicos. Eso lo hizo pensar que lo que había visto no era un delirio de su mente, pero no tuvo tiempo suficiente para identificar el símbolo.<br />
Al cabo de unos pocos minutos, la programación se reanudó, pero Takeru no pudo verla porque en ese momento sonó el teléfono. Era Taichi. Sin siquiera demorarse en la fugacidad de un saludo de cortesía, el líder de los elegidos preguntó por su hermana con un tono que indicó a Takaishi que no era la primera vez que formulaba esa pregunta.<br />
—No, no está aquí. ¿Qué sucedió?<br />
No obtuvo respuesta; Taichi había colgado. Temeroso, Takeru marcó los números de la casa Yagami, pero no escuchó más que el pitido intermitente que le indicaba que alguien estaba haciendo uso de la línea. Entonces comenzó a marcar los números de su hermano, aunque se interrumpió.<br />
—Estoy en casa, hijo-. Se oyó la voz de su madre. Él permaneció quieto, con el teléfono en la mano y la vista perdida. -¿Qué te sucede?<br />
Takeru no respondió. No quería decirle que en ese momento oía en su cabeza la voz de Hikari pidiéndole ayuda.<br />
<br />
El bebé Botamon no paraba de llorar. Elecmon, por supuesto, se apresuró a consolarlo, pero Patamon no hizo nada más que mirar perplejo a Tailmon, que lo había dejado caer de golpe y ahora estaba tiesa, como aguzando el oído, y parecía perdida en su miedo.<br />
—¿Qué te sucedió? —preguntó el pequeño Digimon volador.<br />
—¿No lo has oído?<br />
—¿Oír qué?<br />
—La voz de Hikari.<br />
Patamon parpadeó y Elecmon, fingiendo desentendimiento, se llevó al Botamon lejos de la felina, como si pensara que su locura pudiese ser contagiada al infante al que mecía.<br />
—No. No he oído nada.<br />
—¿Crees que estoy loca?<br />
—Jamás diría eso. Es más, creo que puede ser cierto que Hikari esté en problemas. Después de todo, nosotros tenemos una conexión especial con nuestro compañero. Además, Hikari puede verse afectada por influencias de otros mundos, como tú sabes; no me sorprendería que pudiera comunicarse contigo a través de las dimensiones. Ya pasó una vez con Agumon y Taichi.<br />
—Entonces, es probable que algo le haya pasado, quizá algo relacionado con este mundo. Tendremos que ir a ver a Centarumon, para saber si se han producido distorsiones. Se dice que en las ruinas que él vigila está escrita la historia del universo todo. Aunque el inconcebible universo es demasiado complejo y de potencialidad infinita para que toda su historia esté escrita en piedra.<br />
—Antes de eso —dijo Patamon—, vamos a ver a Elecmon y a los bebés. Me quiero despedir.<br />
Llegaron con el guardián primigenio de la Ciudad del Inicio, quien, en ese momento, estaba meciendo un pequeño Yukimibotamon que sollozaba levemente, pero que se calmó con el carraspeo de Tailmon. Durante un segundo reinó el silencio; luego, sin que la felina ni el Digimon alado dijeran nada, Elecmon tomó la palabra, porque sabía lo que sucedería, porque la resolución, el fuego en la mirada de sus dos compañeros le dijo que había llegado el día que siempre supo, que iban a marcharse, movidos por alguna misión que estaba más allá de su entendimiento.<br />
—Deben irse, ¿verdad?<br />
Tailmon asintió con la cabeza, lenta, solemnemente.<br />
—No me corresponde a mi detenerlos-, dijo el Digimon escarlata-. Pero si se encuentran por ahí con la mala hora, piensen en nosotros. Recuerden este lugar, recuerden lo que fuimos.<br />
—Así lo haremos- dijo Patamon.<br />
No articularon una palabra más; no hacía falta. Los dos Digimon elegidos se dieron vuelta con una lentitud extrema y se pusieron a caminar en dirección al sol poniente, que proyectaba sus alargadas sombras en el suelo de colchonetas. Y mientras se alejaban, Elecmon tuvo la certeza de que aquellos diminutos seres eran gigantes.<br />
<br />
Desde que llegara a su casa, Koushiro Izumi no había hecho más que intentar abrir la puerta digital, sin más éxito que en todas las ocasiones anteriores. Suponía que si el Digimundo los necesitaba, los llamaría, como había ocurrido aquel verano de 1999, pero no podía asegurarlo. La merienda (que su madre le había llevado porque no quiso abandonar la computadora ni siquiera para comer) se había enfriado en la mesa de su cuarto y el ocaso estaba dando paso a la noche cerrada, y el joven no podía encontrar respuestas de ningún tipo. Se consoló pensando que Yamato tendría mejores resultados que él y que al día siguiente Taichi y Sora podían hablar con Hikari.<br />
En ese momento alguien tocó el timbre con suma fuerza. Koushiro ni se inmutó; seguramente sería alguna de las amigas de su madre, que quería alguna cosa baladí, pero le sorprendió escuchar a Taichi, que preguntaba por él a gritos, mientras que la señora Yagami se deshacía en disculpas.<br />
—¡Hikari ha desaparecido! —Gritó el moreno, sin preámbulos, tras entrar en su cuarto, sin siquiera golpear -. ¿Has podido abrir la puerta Digital?<br />
—No. Si hubiera habido algún tipo de distorsión, cualquiera, yo lo habría notado. Créeme, por favor.<br />
—Te creo —replicó el líder de los elegidos—. De todas maneras, sigue intentando. Nosotros nos vamos a ver a la policía. A mi entender será inútil, pero mis padres dicen que es lo mejor.<br />
Taichi lanzó un suspiro, se dejó caer en la cama de Izumi y se tomó la cabeza con las manos.<br />
—Es la tercera vez que me pasa esto —susurró—. La primera vez fue cuando Hikari tenía cuatro años; la segunda, durante la batalla contra Mugendramon; y esta es la tercera. Y algo me dice que esta es la más grave de todas. Hasta escuché su voz en mi cabeza. Me pedía ayuda, Koushiro, ayuda. Tengo miedo.<br />
Y unas lágrimas se formaron en los ojos del elegido del valor.<br />
Koushiro no respondió. Nunca había sido bueno tratando con la gente, y creía que cualquier cosa que dijera sería tomada a mal.<br />
<br />
“Supongo que esto será suficiente por esta noche”, pensó el Digimon con forma de mariquita, mientras juntaba en una sola pila el pequeño montoncito de setas que había conseguido recolectar antes de que oscureciera totalmente. Luego, se dirigió al laberinto y se dispuso a llamar a Centarumon, pero notó que él estaba de pie en el salón de la entrada de las ruinas, contemplando la escritura de las paredes.”Justo como Koushiro la primera vez que vino aquí”, recordó.<br />
—He traído la cena, Centarumon-han —dijo.<br />
El centauro no respondió.<br />
—¿Qué estás mirando?<br />
El centauro no respondió.<br />
—No creo que encuentres en esos signos nada que no hayas visto ya. A estas alturas, debes conocértelos de memoria.<br />
El centauro no respondió, pero un golpe violento de sus cascos contra el suelo fue suficiente para que Tentomon comprendiera que lo había oído y que no quería escucharlo.<br />
—Está bien. Saldré a cocinar. ¿Quieres que te avise cuando estén listos?<br />
Silencio.<br />
“Qué extraño”, pensó la mariquita. “Normalmente nunca está así de taciturno”. No era que le molestara; estaba acostumbrado a ser ignorado, incluso por su compañero humano, pero la actitud del centauro, siempre ansioso de compartir su conocimiento, era lo suficientemente peculiar como para inquietar a quienes lo conocían. Tentomon nunca quiso importunarlo con preguntas, porque no tenía sed de conocimiento, pero sabía que podía preguntarle lo que quisiera, y, de estar en sus manos, le respondería.<br />
Encendió una hoguera con sus relámpagos, y se dispuso a cocinar las setas. Se había acostumbrado a comerlas crudas desde su nacimiento, pero después de probar los alimentos humanos, le había tomado afición a la comida caliente.<br />
En ese momento sintió que unas hojas se movían y que alguien se acercaba. “Los debe haber atraído el humo. Qué torpe he sido”. Se puso en guardia, dispuesto a luchar o a huir hacia el laberinto. Pero no fue necesario.<br />
—Patamon-han, Tailmon-han —dijo cuando reconoció a los visitantes.<br />
—Buenas noches, amigo Tento —dijo Patamon—. ¿Podríamos hablar con Centarumon?<br />
—¿Qué ha pasado?<br />
—¡Necesitamos hablar con Centarumon! —dijo la gata, en un tono mucho más brusco de lo que la mariquita hubiera esperado.<br />
Tentomon retrocedió; todavía recordaba su primer encuentro con aquel Digimon en el castillo de Vandemon, y no quería incurrir en su ira.<br />
—Los llevaré-, dijo—. Después de todo, tal vez ustedes tengan más suerte que yo.<br />
¿A qué te refieres?-, preguntó Patamon mientras caminaban.<br />
—Hoy no ha articulado una palabra. Y ha estado todo el día quieto, mirando los símbolos de las paredes. Pero ya lo verán cuando lleguemos.<br />
Entraron; el equino continuaba de pie, estático, “como un monolito antiguo y paciente”, pensó Tentomon; parecía no haberse movido de allí por mucho tiempo.<br />
-Centarumon —susurró la felina, con el tono de quien quiere ocultar su impaciencia tras un velo de respeto-. Me preguntaba si podrías decirme si ha habido alguna distorsión últimamente.<br />
Silencio.<br />
—¿Centarumon?<br />
El guardián del laberinto se giró con una lentitud casi ceremoniosa:<br />
—No hoy —dijo—. Los problemas comenzarán mañana. ¿Pueden reunir a los otros miembros del grupo? Creo que lo mejor es que estén todos aquí para cuando pase. Hay ciertas cosas que quiero explicarles. Tráiganlos antes de que comience a clarear.<br />
<br />
—Lo siento mucho, señora Yagami —decía el oficial de policía—. No podemos tomar denuncias de desapariciones hasta que no hayan pasado tres días sin saber el paradero de la persona en cuestión.<br />
—¿Por qué? —preguntó Taichi, enfadado; su madre parecía no haber digerido la noticia, pero él suponía que algo así podía pasar.<br />
—Porque casi todas las “desapariciones” —el oficial hizo un gesto de comillas con las manos— de niñas y adolescentes de estos días se debe a chicas caprichosas que se escapan de casa, y no podemos mover el aparato policial para esos casos. Seguramente volverá en un par de días, cuando tenga frío y hambre, y se dé cuenta de que el mundo real es peligroso, y no cómodo como la casa de su madre.<br />
Alguien rio. El oficial con el que hablaban dibujó una sonrisa sarcástica. Taichi apretó los puños. “Mi hermana ha sobrevivido a más peligros cuando tenía ocho años que ustedes en toda su vida”, pensó, pero no dijo nada.<br />
—¿Podría darme su nombre y número de placa? —preguntó el señor Yagami.<br />
Todos se callaron súbitamente.<br />
—Señor, aquí estamos ocupados. No podemos perder el tiempo con denuncias estúpidas. Le solicito que se marche.<br />
—Vamos, mamá —dijo Taichi tocándole el hombro-. Ya sabía yo que sería inútil.<br />
Salieron; cuando estaban a punto de cruzar la calle para dirigirse a su apartamento, alguien los interrumpió llamándolos a gritos. Se giraron. Era una joven policía, cuya edad difícilmente superara los veinte años; conservaba cierta delicadeza juvenil en el rostro, pero hablaba con el tono de quien está acostumbrado a la disciplina, no la policial ni la marcial, sino una más estricta y propia, quizá única.<br />
—Mucho gusto. Mi nombre es Masami Ushikawa-, dijo mientras tendía a cada miembro de la familia una tarjeta de presentación blanca en la que no había escrito más dato que el que ella acababa de enunciar-. Escuché su situación, y tengo que pedirle disculpas por la actitud de mi jefe-, agregó haciendo una reverencia profunda-. Esto es extra oficial, pero me gustaría ayudarles en lo que pueda a encontrar a su hija. Si quieren mi ayuda, necesitaría cierta información.<br />
Fueron juntos hasta el hogar de la familia, y una vez allí, la agente comenzó con su interrogatorio: preguntó si Hikari solía tener discusiones con el resto de la familia, si solía escapar de las clases, si tenía antecedentes, si sabían si había sido amenazada alguna vez, y un montón de cuestionamientos que Taichi no se había tomado la molestia de responder porque sabía que serían inútiles, aunque hubo una pregunta que llamó su atención:<br />
—¿Dónde estaban sus hijos entre el primer y el cuarto día de agosto de 1999?<br />
Los señores se miraron y luego dirigieron sus ojos hacia su hijo, que no sabía qué decir.<br />
—Taichi estaba de campamento. Hikari también iba a ir, pero no pudo, porque estaba enferma.<br />
—Enferma y de campamento —dijo mientras tomaba notas en una libreta de mano—. Ya veo—. Se volvió hacia Taichi: —¿hay algo que quieras decirme?<br />
—No —respondió él. Luego, lo perturbó el recuerdo de que esas fueron las últimas palabras que había intercambiado con su hermanita, y la certidumbre de que ella, como él ahora, le había estado ocultando algo.<br />
Esa noche no pudo dormir, y solo entonces comprendió cuánto habría sufrido Hikari cuando su compañera había sido capturada. Todavía resonaban en su cabeza ecos del grito que había oído esa tarde: “Ayúdame, hermano… Ayúdame… Por favor…”.<br />
<br />
Centarumon continuaba mirando los símbolos de las paredes del laberinto que protegía, incrédulo. Por un lado, en cuanto más examinaba las señales, más claros e incuestionables le parecían sus significados, pero por otro se resistía a creer en la veracidad de esas palabras, que juuzgaba completamente disparatadas.<br />
Se volteó al escuchar sonidos que le indicaban que alguien había llegado; allí estaban los ocho Digimon elegidos. “¿Es correcto cargar con este peso sobre sus hombros? ¿No sería mejor dejarlos descansar?” Pero el mundo le debía su existencia a esos ocho seres que ahora estaban frente a él, y si bien es cierto que con el paso del tiempo se habían desarrollado sistemas de defensa más complejos, ellos se habían ganado a fuerza el derecho de saber lo que estaba pasando.<br />
Gomamon, Palmon y Biyomon estaban confundidos; Agumon, Gabumon y Patamon, resueltos; Tentomon curioso y Tailmon se consumía en fría cólera, sus ojos más ardientes que la línea de fuego que comenzaba a dibujarse en el horizonte. Centarumon empezó a hablar:<br />
-Me alegro de que hayan venido todos. Excelente. Realmente no conozco el origen de estas ruinas, pero con el paso del tiempo y con los años que llevo dedicado a protegerlas y estudiarlas, he llegado a la conclusión de que en estos muros está escrita la historia del mundo, hasta en sus más insignificantes pormenores. Pero por alguna extraña razón, esta escritura tiene una particularidad: es completamente indescifrable hasta que falta muy poco para llegar al tiempo en el que lo que profetiza tiene que cumplirse. Es por eso que no supimos de la aparición de VenonVandemon o de la materialización de Apocalymon sino hasta pocas horas antes de que esos hechos ocurrieran.<br />
—¿Y por qué nos cuentas esto? —preguntó Tailmon, impaciente—. Desde ayer por la tarde que tengo la horrible sensación de que a Hikari le está pasando algo terrible, vengo a preguntarte si ha pasado algo y tú solo me dices que reúna a todos y que los traiga aquí. ¿Qué tiene que ver esto con Hikari?<br />
—No sé si estará directamente relacionado —dijo Centarumon—. Pero ayer por la tarde se ha hecho visible un nuevo párrafo de la escritura.<br />
—¿Y qué dice? —preguntó la gata.<br />
—Habla del fin del mundo.<br />
Todos se miraron, incrédulos, temerosos, vacilantes.<br />
—¿Cómo se producirá? —preguntó Palmon—. ¿Cómo será el fin de todo? ¿Qué lo causará?<br />
—Eso también es interesante. Según lo que se lee, lo causarán los humanos. De acuerdo con esto, Tendrán tres contactos importantes con este mundo. El primero ha sucedido hace mucho tiempo y ha marcado el final de la era primitiva. En aquella ocasión fue cuando el Digimundo tomó conciencia de la existencia del mundo real. Los Digimon estaban en guerra contra un déspota al que no podían vencer. A alguien se le ocurrió la idea de entrar en contacto con la otra dimensión para que los pocos supervivientes se refugiaran en ella, pero descubrió que había seres que podían crear vínculos con algunos de nosotros y ayudarnos a evolucionar, y decidió traerlos a este mundo para que derrocaran al señor oscuro. El segundo contacto es el que ustedes ya conocen, porque formaron parte de él. Pero lo que ocurrirá hoy será distinto. Según esto, los humanos que llegarán serán los causantes de la destrucción del mundo. Así que debemos estar preparados para lo que sea.<br />
Los Digimon asintieron en silencio; desde su nacimiento habían estado preparados para morir defendiendo su mundo, y sabían que tirarían a matar a todo aquel que lo pusiera en peligro.<br />
<br />
—Hijo, despierta. Hijo.<br />
Sintió que alguien lo zarandeaba. Lentamente abrió los ojos y movió el cuello para descontracturarse. Ya era de día. Se había quedado dormido frente a su ordenador portátil, que estaba desenchufado, y ahora no podía prenderlo por falta de batería. Se sintió culpable: no solo no había podido abrir la puerta, sino que no podría usar su computadora por una negligencia estúpida. Cuando vio qué hora era, conectó el cargador, se vistió apresuradamente, tomó los diagramas en los que había estado trabajando y algo para comer en el camino, y salió corriendo en dirección a la escuela. Mientras bajaba las escaleras, se encontró con una mujer joven, de aspecto severo, que parecía dirigirse a su departamento. Pensó que era una nueva amiga de su madre, aunque no la había visto nunca y era demasiado joven, pero optó por no darle mayor importancia.<br />
Durante el almuerzo se encaminó, acompañado por Mimi, a la meza en la que lo esperaban los demás. El panorama era bastante triste: Sora estaba rodeando con su brazo los hombros de Taichi, que tenía la cabeza baja, mientras Yamato hablaba con él en susurros.<br />
—¿Alguna novedad?-, preguntó Mimi como para romper el hielo.<br />
Sora le dirigió una mirada de advertencia:<br />
—Hikari-chan ha desaparecido —dijo.<br />
Mimi pareció quedarse sin palabras. Koushiro se sintió aún más culpable. Se sentó en silencio delante de Taichi.<br />
—¿Has abierto la puerta?<br />
Koushiro negó y Taichi descargó sobre él toda la furia que su impotencia y su miedo habían alimentado:<br />
—¡NUNCA ERES ÚTIL CUANDO SE TE NECESITA! ¡ERES UN DESVERGONZADO! ¡NO ERES DIGNO DEL EMBLEMA QUE LLEVAS!<br />
Koushiro no se inmutó, en parte porque sabía que Taichi estaba cegado por la furia, y en parte porque sospechaba que su líder estaba dirigiendo gran parte de esos insultos a sí mismo. El moreno se calmó al darse cuenta que todo el ámbito del comedor había quedado en silencio, y que todos lo miraban; pero continuó contemplando al pelirrojo con odio, aunque sus iris se veían turbios por las lágrimas que se estaba tragando. Izumi se volteó hacia Tachikawa:<br />
—¿Has contactado con Jyou?<br />
Mimi suspiró.<br />
—Sí —dijo—. Pero es como si no lo hubiera hecho. Dice que está muy ocupado y que no puede perder el tiempo con el Digimundo. Está jugándose su futuro y no puede permitirse distraerse con nimiedades.<br />
Taichi escupió. Koushiro giró la cabeza hacia Yamato:<br />
—¿Y qué me dices de tu padre? ¿Te ha mostrado los símbolos?<br />
—No —respondió el rubio—. Dice que la Fuji destruye todos los archivos en los que salen. Es por consejo de Sakurada. No quieren que todo se contamine de espíritus malignos. Pero conseguí sacarle la promesa de que en cuanto vuelva a suceder, me lo mostrará.<br />
—Al menos es un progreso —dijo Koushiro.<br />
—Es más de lo que has hecho tú —replicó Taichi.<br />
Koushiro no respondió. Sacó de la mochila los diagramas que había hecho y los puso a la vista de todos. Eran unas redes complejas, que mostraban un conjunto de circunferencias entrelazadas por una serie de nodos. Todo tenía un aspecto caótico, y había números por todas partes.<br />
—Este es un diagrama especulativo y en tal caso sumamente incompleto, basado solo en una interpretación libre de un comentario que nos dijo Gennai mientras nos hospedábamos en su casa —comenzó—. Recuerden que Gennai nos dio diez cartas que debíamos colocar en nueve posiciones, y que dependiendo de cómo las colocáramos, se iba a abrir una puerta a un mundo diferente. Esto nos dice que la cantidad total de mundos, al menos de aquellos a los que se puede acceder desde esa puerta, asciende a un total de tres millones seiscientos veintiocho mil ocohcientos. Tal vez haya más, pero nos limitaremos a estos por ahora, porque queda claro que son aquellos con los que se puede hacer contacto.<br />
Hubo un instante de silencio; al parecer, todos estaban tratando de digerir la magnitud de la cifra que había dicho el pelirrojo.<br />
—Eso es un problema —dijo Sora—. Aunque tengas el número de los universos no podremos acceder a todos y aunque pudiéramos, moriríamos de viejos antes de terminar de explorarlos, y no podríamos encontrar a Hikari-chan.<br />
—Es más grave de lo que crees. Tengo una teoría de cómo los universos pueden relacionarse, pero no creo que nos sirva de mucho. Además, sin indicios claros de su paradero, no podemos hacer nada. Por lo tanto, Yamato, en cuanto tu padre consiga una imagen de las letras que aparecen en pantalla, o una grabación de los audios o lo que sea, necesito que me lo alcances cuanto antes.<br />
—Así será —dijo el rubio.<br />
Cuando Koushiro llegó a su casa, su madre lo encaró para preguntarle si conocía a una tal Masami Ushikawa, y él lo negó y le preguntó quién era.<br />
—Es una muchacha que ha estado aquí justo después de que te fueras al colegio. Dijo que era de la policía y que quería hacernos un par de preguntas sobre Hikari. Pero las preguntas que hizo fueron extrañas. Al principio parecían normales, no lo niego. Pero luego comenzó a hablar sobre los acontecimientos de agosto, los de hace tres años.<br />
—¿Y qué le dijiste?<br />
—Respondí a todo. Después, me dijo que quería ver tu computadora, así que la llevé a tu cuarto. Estuvo un tiempo largo allí. Cuando se fue, parecía satisfecha.<br />
Koushiro no la dejó terminar. Entró corriendo a su habitación, encendió la computadora de escritorio y la portátil, pasó por ambas el antivirus, revisó minuciosamente cuáles fueron las acciones hechas por Ushikawa, y decidió, para eliminar toda posibilidad de fallo, restablecer la configuración a una fecha anterior. Cuando hubo terminado, su madre le comunicó que Yamato estaba al teléfono.<br />
<br />
Takeru Takaishi estaba sentado en el suelo del parque central de Odaiba, absorto en la contemplación de su palma abierta. “Ella sostuvo esta mano”, pensaba: “La sostuvo con firmeza: ‘No te voy a soltar’, había dicho”. La noche anterior, después de que Taichi le cortara el teléfono y él oyera la voz de Hikari pidiéndole auxilio, Takeru había intentado varias veces averiguar qué había pasado. Primero había procurado comunicarse con la casa Yagami, pero la línea estaba siempre ocupada, y cuando no lo estuvo, el aparato sonó una buena cantidad de tiempo sin que nadie lo atendiera; después llamó a su hermano, quien solo le dijo que Taichi había comentado que durante los últimos días su hermana había actuado de manera sospechosa; más tarde intentó comunicarse nuevamente a casa de Hikari, y lo atendió la señora, quien, sin siquiera saludar, preguntó si se trataba de Masami Ushikawa, y al responderle él que no, le dijo, con tono angustiado, que por favor no volviera a llamar; y justo después de volver de clases, pudo comunicarse con su hermano, quien le informó que la pequeña Yagami estaba desaparecida.<br />
En ese momento, mientras recapitulaba los pormenores de su último encuentro con Hikari y recordaba que ella le había prometido acompañarlo a este festival, cayó en su palma una hoja de Sakura. “Qué frágil es”, pensó Takeru. “Es como la mano de Hikari… como nosotros”.<br />
Levantó la cabeza. Los cerezos estaban llenos de vida, pero pronto estarían secos y muertos. Frente a él, aunque dándole la espalda, estaban Taichi y Sora. La pelirroja tenía su brazo alrededor de los hombros del moreno, y le susurraba algo; él tenía la cabeza gacha, y Takeru supuso que estaba preocupado por Hikari.<br />
Entonces sintió que alguien los llamaba a los tres, y giró la cabeza hacia la dirección de donde procedía el grito. Koushiro Izumi estaba de pie, jadeando, con la mano puesta en el costado, en un intento vano por amortiguar el dolor de las agujetas.<br />
—Yamato ha conseguido unas imágenes de las letras que aparecen en las paredes de la Fuji TV —dijo sin dar rodeos—. No sé si tengan que ver con Hikari, pero está más que claro que se relacionan con el mundo Digital. Tal vez dentro de poco podamos abrir la puerta.<br />
Taichi se puso de pie; parecía aliviado.<br />
<br />
Ruido de olas. Remoto olor a sal. Humedad. Llovizna. Frío. Sus ojos aun no se acostumbraban a la penumbra. Pero no estaba sola. Lo sabía.</div>]]></content:encoded>
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			<title><![CDATA[Digimon Extend]]></title>
			<link>https://digisoul.net/foro/showthread.php?tid=8</link>
			<pubDate>Fri, 21 Feb 2020 23:40:09 +0000</pubDate>
			<dc:creator><![CDATA[<a href="https://digisoul.net/foro/member.php?action=profile&uid=125">Jojogape</a>]]></dc:creator>
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		</div>
<br />
<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Digimon Extend</span> cuenta las aventuras de tres niños de diez años que descubren que tienen dispositivos digitales en sus casas, escondidos por sus padres por alguna razón, y aprovechan un campamento de verano en la Sauceda para viajar al mundo Digimon y averiguar por qué tienen esos dispositivos.<br />
<br />
La historia tiene lugar en el mismo mundo que las dos primeras temporadas del anime, es decir, que <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tai y compañía existen, pero no están involucrados en la trama</span>. Además, estos protagonistas son españoles. Los hechos comienzan en <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">verano de 2003</span>, meses después de 02, y los capítulos siguen un formato parecido a los episodios del anime.<br />
<br />
El estilo de las peleas está fuertemente influenciado por Kingdom Hearts: Las Crónicas del Corazón. Los ataques se anuncian en color cuando un personaje es importante, así como las evoluciones. Cada vez que se presenta un Digimon nuevo se muestra una breve entrada informativa con ilustración incluida, llamada Digicarta.<br />
<br />
Al final de cada capítulo hay una sección llamada <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Metadatos</span> que explica algunas cosas del capítulo que podrían resultar un poco confusas. Hay un total de 60 capítulos, escritos y publicados entre 2015 y 2018.<br />
<br />
Y por supuesto veremos a Digimon conocidos... y otros nuevos.<br />
<br />
<a href="https://drive.google.com/drive/folders/0B6TFRXcpWJV6fjFZdEFDVHBncEVtR3RRSDdWUmIxUHF6cXJNb3Utd09ZR0hhNV9wVGRaLW8" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Enlace a la historia en Google Drive</a><br />
<a href="https://drive.google.com/drive/folders/1OroL_JCPgeB0fdjlXd-uvZXMJNOizPsf" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Enlace al formato libro</a><br />
<a href="https://www.wattpad.com/user/jojogape" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">¡También disponible en Wattpad!</a><br />
<a href="https://twitter.com/DigimonExtend" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Cuenta de Twitter</a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="spoiler">
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<span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Digimon Extend</span> cuenta las aventuras de tres niños de diez años que descubren que tienen dispositivos digitales en sus casas, escondidos por sus padres por alguna razón, y aprovechan un campamento de verano en la Sauceda para viajar al mundo Digimon y averiguar por qué tienen esos dispositivos.<br />
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La historia tiene lugar en el mismo mundo que las dos primeras temporadas del anime, es decir, que <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Tai y compañía existen, pero no están involucrados en la trama</span>. Además, estos protagonistas son españoles. Los hechos comienzan en <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">verano de 2003</span>, meses después de 02, y los capítulos siguen un formato parecido a los episodios del anime.<br />
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El estilo de las peleas está fuertemente influenciado por Kingdom Hearts: Las Crónicas del Corazón. Los ataques se anuncian en color cuando un personaje es importante, así como las evoluciones. Cada vez que se presenta un Digimon nuevo se muestra una breve entrada informativa con ilustración incluida, llamada Digicarta.<br />
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Al final de cada capítulo hay una sección llamada <span style="font-weight: bold;" class="mycode_b">Metadatos</span> que explica algunas cosas del capítulo que podrían resultar un poco confusas. Hay un total de 60 capítulos, escritos y publicados entre 2015 y 2018.<br />
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Y por supuesto veremos a Digimon conocidos... y otros nuevos.<br />
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<a href="https://drive.google.com/drive/folders/0B6TFRXcpWJV6fjFZdEFDVHBncEVtR3RRSDdWUmIxUHF6cXJNb3Utd09ZR0hhNV9wVGRaLW8" target="_blank" rel="noopener" class="mycode_url">Enlace a la historia en Google Drive</a><br />
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